“The Beautiful Mistery”, de Louise Penny

La octava entrega de la serie de misterio del Inspector Armande Gamache no transcurre en el encantador pueblo de Three Pines, como las anteriores, sino en un recóndito monasterio de clausura escondido en los bosques de Quebec.

Los monjes de Saint-Gilbert-entre-les-Loupes viven en total aislamiento y no dejan entrar a nadie, a pesar de que reciben muchas visitas desde su salto a la fama por una grabación de sus cantos gregorianos. Pero no les queda más remedio que admitir al Inspector Gamache cuando el director del coro aparece asesinado en el jardín privado del Abad.

La investigación del crimen es entretenida y una vez más nos permite ver cómo funciona la mente de Gamache para dar por fin con el asesino, y no buscando el cómo sino el por qué. Pero más importante aún, es en el aislamiento del monasterio donde por fin sus enemigos en la Sûreté, que llevan años intentando librarse de Gamache, consiguen quebrar a su ayudante y amigo, Beauvoir.

Toda la historia de los monjes cantores me ha recordado a cuando los del monasterio de Silos sacaron un disco de canto gregoriano que se convirtió en un superventas, aunque por suerte allí no le rompieron la crisma a ningún monje, al menos que yo sepa. La verdad es que nunca entendí el éxito. Si la gente acudiera en masa a las iglesias a escuchar canto gregoriano en directo como si fuera un concierto de U2, comprendería ese volumen de ventas, pero me parece que no es el caso. ¿De verdad escucharán esa música en sus casas?

Los libros anteriores de la serie no solo han servido para desarrollar los personajes protagonistas, tanto de la policía como del encantador pueblo de Three Pines, sino para ir narrando los problemas de Gamache con el sector más corrupto de la Sûreté, que ahora por fin parece que van a llegar a su desenlace.

Qué entretenidos son los libros de esta serie, me encanta. Me gusta sobre todo cómo describe esos paisajes helados de Canadá, me parece el entorno perfecto para unos crímenes horribles.

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“The Good Man Jesus And The Scoundrel Christ”, de Philip Pullman

Esta novela es una revisión en modo irónico del Nuevo Testamento, relatando la vida de Jesús desde su concepción hasta su muerte y resurrección, con la gran diferencia de que según Pullman no nace solo un niño, sino que se trata de gemelos: el idealista y poco realista Jesús y su conflictivo hermano Cristo. Por supuesto, con esta premisa ya me imaginé cómo se iba a explicar el tema de la resurrección, pero eso no llega hasta el final.

Los dos hermanos son muy distintos. Jesús abandona su hogar y a su familia muy pronto y se dedica a predicar el amor al prójimo, la compasión y la caridad para con los pobres, mientras que su hermano quiere que el mensaje llegue más lejos y fundar una iglesia que le de soporte y estructura. Cristo se dedica a transcribir los sermones de su hermano, aunque no siempre con fidelidad. Pronto recibe la visita de un Extraño del que se sugiere que podría ser un angel o tal vez alguien poderoso dentro de la jerarquía eclesiástica judía, quién lo convence de que la verdad de los hechos y la verdad del mensaje no son siempre lo mismo, y que está claro cuál de las dos es más importante y debe quedar registrado para la posteridad.

En resumen, esta novela pretende dar una explicación plausible tanto de la vida de Jesucristo, tanto de sus enseñanzas como de la parte más sobrenatural, como los milagros, como de la fundación de la Iglesia Católica y sus estructuras de poder.

No tengo muy claro para quién ha escrito Philip Pullman esta novela. Me da la impresión de que la mayoría de cristianos se sentirían ofendidos al leerlo y lo considerarían una blasfemia y un insulto a su fe. Mientras que para un ateo en realidad ¿qué importa cuál sea la explicación de los supuestos milagros? Si partimos de que el primero y más importante, que Jesucristo fuera hijo de Dios, es falso, el resto es una nimiedad.

Me parece que lo ha escrito más bien para sí mismo, tal vez debido a que es un agnóstico que recibió una educación religiosa en su infancia y para él es un tema conflictivo. A mí la verdad es que encontré mientras lo leía que me daba igual.

“Marcelina en la cocina”, de Graciela Iglesias y Sara Sánchez

Este año en la guardería del Cachorro han montado una pequeña biblioteca. Cada viernes los niños se llevan a casa un cuento elegido por su profesora, para que lo lean con sus familias, y lo devuelvan el lunes. Me parece una gran idea porque así se tienen acceso a más títulos y también se puede ver si al niño le gusta un cuento antes de comprarlo.

Empezaron hace dos semanas, así que ya hemos recibido dos libros distintos, con resultados opuestos. El primero fue Marcelina en la cocina, y resultó un gran éxito. Trata de una jirafa que está preparando una sopa para su sobrina, y va añadiendo ingredientes siguiendo las instrucciones de sus vecinos. Está rimado y además se va repitiendo una especie de estribillo con los ruidos que hace la sopa, que van aumentando con cada ingrediente. Al Cachorro le gustó muchísimo e intentaba repetir los sonidos de la sopa, hubo que leérselo un montón de veces durante el fin de semana, y después de devolverlo ha seguido pidiéndolo (-¿Qué cuento quieres que te lea? -Puaj puaj).

El fin de semana pasado nos tocó ¡Que viene el lobo!, que es un cuento mucho más sencillo, tanto en el texto como en las ilustraciones, y ni caso. Se lo leí un par de veces para probar pero después pasó de él y pedía siempre otros libros.

Total, que visto el éxito de Marcelina, esta tarde iré a la Casa del Libro a ver si lo tienen. Y por favor, si alguien me quiere recomendar otros libros del mismo estilo, con rimas o estribillos, no dudéis en decirlo en los comentarios.

“El niño marciano”, de David Gerrold

Hace años vi una peli protagonizada por John Cusack sobre un hombre soltero que adopta a un niño que dice ser marciano. La vi porque veo casi cualquier cosa que haga John Cusack, y la culpa la tienen Walt Disney y El viaje de Natty Gann, pero eso es otra historia.

La cuestión es que hace poco descubrí por casualidad la novela en la que se basa la peli, que a su vez se basa en la historia real del autor. Un escritor de novelas y guiones de ciencia-ficción, soltero y gay, que quiere ser padre y decide que la mejor manera de lograrlo es la adopción.

Al parecer, en Estados Unidos, o al menos en el estado de California, los candidatos a padres adoptivos pueden elegir el niño que quieren, como de un catálogo. Después intervienen los servicios sociales y hacen mil entrevistas y se aseguran de que la familia es adecuada para el niño en cuestión, pero aún así la cosa me resultó bastante chocante, la verdad, y me hizo preguntarme qué hacen con los niños que no pide nadie. Qué pena.

El elegido por David es  Dennis, un niño de 8 años con problemas de hiperactividad y desórdenes de atención, con un historial de haber sufrido abusos y que ha ido pasando de una casa de acogida a otra durante toda su vida. Y que se cree que es de Marte.

David cree que él es la persona adecuada para cuidar de un pequeño marciano, después de todo se dedica a la ciencia-ficción. Y las cosas parecen ir muy bien entre ellos, el cariño es mutuo y poco a poco David se va ganando la confianza de Dennis, aunque con las dificultades que cualquiera se puede imaginar.

Pero luego da la impresión de que la historia se dispersa, como que intenta convertir en una novela de c-f lo que simplemente tendría que haber sido una autobiografía. David empieza a sospechar que tal vez sea cierto que el niño es marciano, lo cual es absurdo, y dedica mucho tiempo a investigarlo y a explicar sus conlusiones, mientras que un conflicto con unos vecinos que termina en los tribunales se despacha en un párrafo.

Pero en general es una historia muy bonita de cómo se puede formar una familia sólo con darle cariño a un niñito solitario.

“The Big U”, de Neal Stephenson

Cuando empiezo una novela de Neal Stephenson tengo claro que no va a ser una lectura rápida, pero también estoy segura de que será sorprendente. Éste es su primer libro, y aunque con sus 300 páginas no es tan largo como sus novelas posteriores, queda claro que su estilo no ha cambiado mucho con los años.

Ésta es la historia de un estudiante que se toma en serio su educación. Se matricula, con enormes dificultades debido a la absurda burocracia del centro, en una universidad absolutamente megalítica, y pretende aprender algo. Pronto se da cuenta de su error.

La primera mitad del libro es muy divertida, una parodia exagerada al límite de las universidades privadas americanas, con sus fraternidades dedicadas al alcohol y el desmadre, sus profesores preocupados únicamente por sus propias publicaciones y con un presidente todopoderoso al que sólo le preocupa el dinero. Pero la segunda parte parece haber perdido los frenos, y se lanza a una locura con ratas mutantes, residuos nucleares, gremios dirigidos por naciones extranjeras y extraños cultos basados en el consumo de drogas a granel.

A pesar de tanta locura el autor consigue que todas esas tramas aparentemente inconexas confluyan en una gran apoteosis final que tan exagerada como satisfactoria.

No ha sido mi novela favorita de Stephenson, pero me ha gustado, es un desmadre muy divertido.

“Theodore Boone: Kid Lawyer”, de John Grisham

No sé por qué razón a John Grisham le ha parecido que sería buena idea dedicarse a escribir novelas para niños. Novelas de abogados para niños. Igual fue cosa de su editor, que le dijo algo en plan, “John, no tenemos casi ventas entre los menores de 16 años, seguro que por ahí nos podemos forrar”.

Se me ocurren muchas razones por las que esta novela falla en su objetivo. En primer lugar, aunque Theo es inteligente y buen chico, su interés por las leyes es un tostón. La acción está parada la mayor parte del tiempo para que Theo explique los procedimientos judiciales a sus compañeros de clase, quienes obviamente no tienen ni idea. Y aunque un juicio por asesinato es emocionante si se compara con uno por multas de aparcamiento, sigue transcurriendo en una sala cerrada con todo el mundo sentado.

Segundo, el misterio que Theo tiene que resolver es bastante flojo y no supone un gran conflicto para el chico. ¿Se lo cuenta primero al juez o a sus padres abogados? ¿O quizás a su tío, también abogado? Oh, el dilema.

Por último, Theo juega al golf. Interesantísimo.

No hay suspense, no hay sensación de peligro, no hay nada que produzca ni un poco de emoción, es un aburrimiento total. Si comparo a Theo con otros personajes infantiles, como por ejemplo Flavia de Luce, mi envenenadora favorita, es que no hay color, básicamente porque el pobre chico es una sombra de personaje.

¿Era necesario crear una serie de misterios legales para niños? Lo dudo, pero si es así, la de John Grisham no la cubre.

“The Tenant of Wildfell Hall”, de Anne Brönte

Desde el principio de este verano estoy siguiendo a un booktuber muy interesante que se llama Mikey F. Podéis encontrar su canal aquí. Es un tipo muy entretenido, muy fan de Jane Austen, con lo que ya me cae bien, y en uno de sus vídeos recomendaba muy enfáticamente La inquilina de Wildfell Hall, de Anne Brönte. Anne es la hermana menos conocida de Charlotte y Emily, y yo ya había leído hace años una novela suya titulada Agnes Grey, que me gustó mucho, así que tampoco hizo falta mucho esfuerzo para convencerme para leer otra de sus obras.

Helen Graham, la nueva inquilina de Wildfell Hall es una viuda con un hijo pequeño, o eso dice ella, y todo el vecindario se muere de curiosidad por saber más. Pero ella se mantiene distante y fría con todo el mundo, se niega a hacer amistades y da claras muestras de que no le importa lo que piensen de ella. Ni siquiera el joven Gilbert Markham, lo cual es intolerable, al menos para él.

Pronto empiezan a correr rumores sobre la misteriosa dama y su relación con su casero, quien la visita con frecuencia. Mr. Markham se muere de celos y acaba montándole una escena, a la que ella responde entregándole su diario para que sepa toda la verdad: ha abandonado a su marido maltratador y alcohólico y se ha establecido con su hijo bajo un nombre falso para que no los encuentre.

Todo esto es avanzadísimo para la época. Era impensable que una mujer abandonase a su marido, aunque éste fuera como Jack el Destripador. Había que aguantarse, no solo por temor al escándalo, que dejaba a la mujer fuera de cualquier círculo social decente, sino porque además ganarse la vida para una mujer, como no fuera como criada, resultaba imposible. Así que Anne Brönte muestra una gran valentía al escribir sobre este tema. Pero de verdad, ¿era necesario que se muestrase taaaan mojigata? Yo intento que Helen me caiga bien, y de verdad que siento empatía por su situación, pero la muy pesada podría dejar de amenazar a todo el mundo con el infierno, sobre todo porque siempre da la sensación de que ella está muy segura de su entrada en el cielo.

He leído que Jane Austen solía decir que en sus novelas no había escenas protagonizadas exclusivamente por hombres, porque no habría sabido describirlas, para ella el mundo masculino era un misterio y no tenía ni idea de lo que hablaban los hombres cuando no había mujeres delante. Anne Brönte no tuvo tanta suerte, su hermano Branwell, el niño mimado de la familia y un degenerado, la hizo partícipe de sus malos hábitos, y parece que es en eso en lo que se basa esta historia. El marido de Helen le cuenta con todo detalle cómo anima a sus amigos a beber hasta perder el conocimiento y a apostar hasta la ruina, cosa que le produce una enorme diversión. Y tampoco tiene reparo en contarle los escarceos extramatrimoniales de todo el grupo, incluidos los suyos.

Una cosa que me gusta mucho de esta novela es que pasa totalmente por alto esa idea, tan común en las novelas románticas, de que los “chicos malos” se pueden reformar y convertirse en unos maridos excelentes. Anne es mucho más realista con el marido de su heroína: es un degenerado y un mal bicho, y así sigue toda la novela. Es Helen la que tiene que tomar su vida en sus propias manos y hacerla cambiar, lejos de su marido, y así consigue ser feliz de nuevo.

Una novela verdaderamente moderna, para cualquier época.