“The Martian”, de Andy Weir

coverEs terrible lo abandonado que he tenido el blog los últimos dos meses, pero tengo una excusa muy buena. Si al primer trimestre de un embarazo, con sus náuseas y un sueño que me hacía dormirme por las esquinas le añadimos una gripe, una sinusitis y tres cólicos de riñón, está claro que mi tiempo para la lectura no ha sido gran cosa. Pero es que además he tenido una racha malísima de libros que no he sido capaz de terminar, me aburría en 50 páginas y pasaba a otra cosa, que tampoco retenía mi atención.

Por suerte los distintos achaques parecen haber terminado, salvo por los riñones, que siguen dándome la lata de vez en cuando, pero más importante aún: he encontrado un libro que me ha enganchado desde la primera hasta la última página.

The Martian es una típica novela de Robinson, salvo que en lugar de un náufrago en una isla desierta tenemos a un astronauta, ingeniero mecánico y especialista en botánica abandonado a su suerte en Marte. El pobre Mark Watney es dado por muerto y dejado atrás cuando sus compañeros de misión tienen que cancelar la misión y huir precipitadamente. Solo e incomunicado tiene que encontrar la forma de hacer saber a la NASA que sigue vivo, y de sobrevivir hasta que puedan rescatarlo.

Me encanta la gente ingeniosa y resolutiva, las personas mañosas que son capaces no solo de sobrevivir sino incluso de lograr conseguir comodidades con los medios más precarios, y Watney es lo más resolutivo que he visto. Además es un tipo gracioso que se toma su situación con mucho sentido del humor. Sus comentarios pasan en un minuto del “soy un genio y esta gran idea me salvará” al “soy un estúpido y voy a morir”.

Habrá mucha gente a la que no le guste nada esta novela por precisamente el mismo motivo por el que a mí me encanta: los detalles científicos. Watney describe cómo modifica los aparatos con los que cuenta para que realicen funciones totalmente distintas a aquellas para las que estaban diseñados. Ha sido fascinante y a ratos muy divertido.

He buscado en Google y resulta que Ridley Scott está haciendo la película, pero la verdad, no creo que me vaya a gustar. Me temo grandes explosiones y rescates en el último segundo y demás chorradas que van contra todas las leyes de la física. Espero equivocarme.

“The Cruelest Month”, de Louise Penny

coverAbril es el mes más cruel, y es la época del año en la que se desarrolla este misterio. Se ha producido un nuevo asesinato en Three Pines, que hay que ver qué tasa tienen para un sitio tan pequeño y además canadiense, que ya se está pareciendo al Bronx. El inspector Gamache vuelve a su pueblo favorito para investigar quién envenenó a Madeleine Favreau, y nada menos que en la Vieja Casa Hadley, el único lugar siniestro del encantador pueblecito.

Todos los personajes principales están presentes: Clara Morrow, la auténtica protagonista de la serie, con su marido Peter, que nunca me cayó bien y en esta novela por fin sé por qué; la poetisa Ruth Zardo, en uno de sus mejores momentos hasta la fecha; la pareja gay de Oliver y Gabri con sus extravagancias; y por supuesto Gamache con sus investigadores, incluida la terrible agente Nichol, que cada vez me gusta más.

Pero en esta ocasión Gamache no se limita a resolver un asesinato. El caso Arnot, que ha ensombrecido su carrera en los últimos años y que lo ha rodeado de enemigos en la Policía sigue dando problemas. Las conspiraciones en su contra parecen a punto de acabar con él definitivamente y una gran parte de la trama se dedica a resolver, al menos de momento, los problemas internos del Inspector con el Departamento.

Esta trama secundaria ralentiza un poco la resolución del asesinato, pero es tan intrigante que la verdad es que me ha dado igual. Lo verdaderamente interesante de esta serie son sus personajes, y de ellos se puede disfrutar todo el tiempo.

“The Old Curiosity Shop”, de Charles Dickens

old curiosityMe gusta empezar el año con Dickens. Estoy decidida a leer todas sus obras y una al año me parece un buen promedio, además, siempre me han parecido historias muy invernales, de mucho frío. Supongo que es una de las cosas que conlleva la pobreza y la que creo que llevaría peor.

Antes de nada tengo que advertir que en este post va a haber spoilers, del tipo más gordo y molesto: voy a contar el final. Así que el que no quiera enterarse debería dejar de leer ya mismo.

La trágica historia de la pequeña Nell y su abuelo fue una de las novelas más exitosas de Dickens en su época. Publicada en forma de serie, cada número vendía hasta cien mil ejemplares, lo que hoy en día sería comparable a las ventas del último Harry Potter. Durante 10 meses los lectores siguieron las desventuras de la pequeña Nell, su caída en la miseria absoluta por la negligencia de su abuelo, su desahucio cuando el malvado enano Quilp ejecuta el cobro de sus deudas, su interminable viaje intentando mantener a su abuelo a salvo del asilo y de la tentación del crimen. Es una especie de cuento de hadas en el que la niña es un ángel y al cruel Quilp se refieren muchas veces como el Monstruo o el Goblin. Un enemigo casi mitológico que reparte odio por igual entre Nell, su abuelo, y el antiguo criado de éstos, el inocente Kit. Las miserias de Nell llegan a tal punto que cuando se publicó el último capítulo, los lectores de Boston y Nueva York acudían a los muelles para preguntarles a los marineros ingleses que llegaban, “¿Ha muerto la pequeña Nell?”, impacientes por recibir la revista.

Spoilers. Sigue bajo tu propio riesto.

Y la pequeña Nell muere, desatando una gran polémica en su día. Los lectores estaban indignados, hasta el punto que dicen que llegaron a apedrear a Dickens en una ocasión. Lloraban de pena por Nell, y sin embargo en la época victoriana, en la que la diferencia de clases era tan acusada, era muy común que los pobres recibieran un maltrato generalizado. Los trabajadores de las fábricas, muchos de ellos niños, vivían una vida de miseria. Los sirvientes trabajaban de sol a sol por un salario ínfimo y sometidos a todo tipo de abusos. Pero leer sobre la muerte de aquella pobre niña llenaba de congoja a la gente.

Como todas las novelas de Dickens, está plagada de personajes maravillosos y extravagantes, algunos que aparecen solo fugazmente, como la terrible Miss Maltravers, la directora de una escuela para señoritas casi tan estiradas y mezquinas como ella. Otros nos acompañan toda la novela, como el fiel Kit, que lleva el peso de la otra trama de la historia.

Pero mi personaje favorito, y el que representa de verdad la miseria de la época, es la criada sin nombre de los hermanos Brass. Una chica que no conoce ni su nombre ni su edad, siempre hambrienta y siempre aterrorizada por sus amos, quienes la consideran una propiedad. Hasta el punto de que cuando la chica huye, ponen un anuncio para recuperarla, como el que ha perdido a su perro. Por eso no me ha parecido tan trágico el libro, porque la muerte de Nell se ve venir, y al menos la pobre criada sin nombre tiene un final feliz.

Como siempre, me ha encantado. ¿Cómo puede haber gente que diga que Dickens es aburrido?

 

“The Borrower”, de Rebecca LaMakkai

borrowerLucy Hull es la encargada de la sección infantil de la biblioteca de un pequeño pueblo, y su visitante favorito es Ian, lector voraz de 10 años a quien ayuda a esconder sus lecturas de sus muy cristianos padres. Ian tal vez sea homosexual, para horror de su madre, quien advierte a Lucy de que su hijo solo debe leer libros con “el aliento de Dios” en ellos, y no cosas paganas como Harry Potter.

Lucy quiere ayudar a Ian, sobre todo cuando descubre que lo están enviando a una especie de campamento evangélico para reconvertirlo al buen camino, y la oportunidad se presenta cuando lo descubre escondido en la biblioteca, con su hatillo listo para la fuga. Los dos juntos emprenden un loco viaje en coche, desde Missouri hasta Vermont, en el que no está muy claro quién ha secuestrado a quién.

La historia está narrada en primera persona por Lucy, quien no tiene muy claro lo que está haciendo ni por qué, más allá de la absoluta indignación que siente porque a alguien se le prohíba leer El Hobbit. Se trata de una historia de maduración, pero no tanto del niño como de la propia Lucy, quien ha estado llevando su vida sin rumbo fijo y sin saber lo que realmente quiere hacer en el futuro.

Toda la novela está plagada de referencias a libros infantiles, incluso se habla de una fábrica de chocolate secreta. Tiene momentos muy divertidos, sobre todo entre Lucy e Ian, aunque mi favorito es cuando Lucy rompe con su novio compositor diciéndole que la melodía de su gran obra está copiada de un anuncio de detergente.

Ha sido una lectura absorbente, y aunque a ratos es inverosímil y me ha hecho poner los ojos en blanco, he disfrutado. Por supuesto, mucha gente religiosa se sentirá ofendida por esta historia, lo que me parece muy bien.

“All These Things I’ve Done”, de Gabrielle Zevin

coverEste libro es el primero de una trilogía ambientada en el año 2083, en un futuro muy peculiar en el que cosas como el café y el chocolate están prohibidas, mientras que el alcohol se sirve a menores sin ningún problema.

La protagonista, Anya, es la hija de 16 años de uno de los capos más importantes de la mafia rusa en Nueva York, una familia productora de chocolate en el extranjero que aprovecha para controlar el mercado negro local. Pero los padres de Anya han muerto hace tiempo, asesinados, y ella es quien cuida de su familia. Su abuela gravemente enferma, su hermano mayor, con lesiones cerebrales sufridas en el atentado que acabó con su madre, y su hermana pequeña, que siete años después aún sufre pesadillas por haber sido testigo del asesinato de su padre.

Los problemas de Anya se multiplican cuando empieza a salir con el hijo del nuevo ayudante del Fiscal del Distrito, un tipo ambicioso que no piensa dejar que la relación le quite votos. Y hay problemas en la Familia, dirigida ahora por su tío y sus dos hijos, el legítimo y el bastardo.

Normalmente con la ciencia-ficción soy perfectamente capaz de asumir las normas que el autor se ha inventado para esa sociedad, por muy disparatadas que sean, siempre y cuando sean coherentes. En este caso, por muy absurdo que me parezca que se prohíba el chocolate, lo acepto, aunque no se da ningún motivo. Pero, por ejemplo, nos cuentan que no hay tabaco porque hay escasez de agua y es muy caro cultivarlo, y sin embargo sigue habiendo flores ornamentales. Digo yo que si el agua es tan escasa, se aprovechará mejor para cultivar tomates que rosas.

De todas formas ha sido una lectura rápida y amena, sin demasiadas tonterías adolescentes, con una protagonista en general bastante sensata, cosa que me gusta. Nada me molesta más que una heroína lánguida y estúpida a lo Crepúsculo.

Tengo los dos siguientes libros preparados para leerlos, y hasta he estado a punto de coger el segundo directamente, pero al final he decidido intercalar otra cosa antes. En cualquier caso, no creo que tarde en continuar con la serie.

“Jackaby”, de William Ritter

coverSi el Sherlock de la serie de la BBC se trasladara a los EEUU durante el siglo XIX y tuviera percepción extrasensorial, sería Jackaby. La descripción coincide hasta el menor detalle: un tipo moreno, alto y delgado que resuelve crímenes porque puede ver lo que nadie más ve, pero que carece totalmente de inteligencia emocional.

Pero Jackaby no es el protagonista de esta historia, sino su nueva ayudante, la joven recién llegada Abigail Rook. Esta joven inglesa de buena familia que huyó de su casa y de las constricciones de la era victoriana en busca de aventuras, las encuentra con el extraño Jackaby. Fantasmas, trolls y duendes varios entran en su vida y la vuelven patas arriba.

No sé si es que se han puesto de moda las novelas de misterios paranormales, como The Screaming Staircase, pero parece que cada vez hay más, y casi todas con una ambientación histórica. Esta ha sido bastante entretenida teniendo en cuenta que es la presentación de los personajes, pero por ahora prefiero a los chicos de Lockwood & Co.

“Roman Games”, de Bruce MacBain

romanMe resulta imposible no comparar esta novela con las de la serie de Marco Didio Falco de Lindsey Davis. En ambos casos se trata de novelas de misterio, en las que un romano debe hacer labores de detective para descubrir al asesino. Falco vive en la Roma de Vespasiano, mientras que Plinius, el protagonista de esta historia, intenta sobrevivir bajo el dominio del cruel Domiciano, hijo menor de Vespasiano. Pero ya Falco nos advertía de que el joven Domiciano no era de fiar…

En los dos casos se describe una Roma decadente, corrupta y llena de peligros, con enormes diferencias entre patricios y plebeyos, no digamos ya con los esclavos. Aunque en las novelas de Falco se hace con más humor y hasta diría que con más cariño.

La investigación de Plinius va dando tumbos, de error en error y si llega a alguna conclusión sobre el crimen es equivocada. El caso se resuelve casi por casualidad, más bien debido a su torpeza que a sus habilidades. La verdad es que casi ninguno de los personajes principales me ha gustado mucho, lo que hace muy difícil que me interesen sus problemas.

Tal vez si nunca hubiera leído las novelas de Lindsey Davis ésta me hubiera gustado más. Pero sí que las he leído y la comparación está ahí. Y Plinius sale perdiendo.