“The Murder Stone”, de Louise Penny

coverHace ya más de una semana que terminé este libro y que tengo esta entrada a medias, pero es que con el embarazo estoy medio embobada. No es que lea menos, sino que me disperso con cualquier cosa. En fin, ya queda poco y entonces sí que no voy a tener tiempo para nada.

El cuarto libro de la serie del Inspector Jefe Gamache de la sección de homicidios de la policía canadiense no tiene lugar en el pintoresco pueblo de Three Pines, sino en un hotel cercano en el que celebra junto a su esposa su aniversario de boda. Allí se aloja también la familia Finney, rica y disfuncional donde las haya y que resultan ser los padres y hermanos del pintor Peter Morrow, uno de los personajes principales de la serie.

Cuando se produce el asesinato todos los miembros de la familia son sospechosos, más aún que el personal del hotel, dada la hostilidad que existe entre todos ellos. Además el método del asesinato —aplastamiento por estatua— parece imposible.

Con ésta novela ya hemos pasado por todas las estaciones del año, llegando por fin a lo que los canadienses entienden por verano. Me creo los mosquitos, las violentas tormentas y el barro, pero o sé si creerme mucho el calor sofocante. Dudo que en ninguna parte de Quebec pasen el sofocón que estamos pasando aquí estos días, que ya se levanta uno achicharrado y luego sigue a peor.

 

Esta novela nos da una visión del pasado de Peter que hasta ahora no conocíamos. Explica en parte su egoísmo y su inseguridad, pero eso no hace que me caiga mejor. Sigue siendo un envidioso, y no me extrañaría que la futura exposición de su esposa acabara en un desastre para la pareja.

Y ahora me voy a la piscina a refrescarme, a quitarme el peso del tripón por un rato y a leer tranquilamente.

“El hombre que calculaba”, de Malba Tahan

el-hombre-que-calculabaMalba Tahan es el pseudónimo del brasileño Júlio César de Mello e Souza, un profesor de matemáticas que se entretenía escribiendo cuentos para ayudar a estudiar a sus alumnos.

Mi cuñada me regaló este libro hace poco, porque a ella le había encantado cuando era pequeña, y entiendo por qué. Se trata de una colección de relatos sobre Beremiz Samir, conocido como El Hombre que Calculaba, en el Bagdad medieval. Beremiz va resolviendo distintos problemas matemáticos, ganándose la admiración de la más alta aristocracia de la ciudad.

Sus logros son narrados en primera persona por su buen amigo Honok, que es quien le aconseja ir a Bagdad para pedir trabajo al Gran Visir. Así comienza a extenderse la fama de Beremiz como sabio matemático, hasta llegar a impresionar al propio Jeque.

Los problemas que se van resolviendo en cada capítulo son muy entretenidos y las explicaciones claras y sencillas. También se mencionan grandes matemáticos de Grecia, la India y Persia, los lugares en los que se desarrollaba la ciencia mientras Europa estaba bajo el yugo de la Iglesia, para la que cualquier idea era un peligro.

Es un libro muy original y entretenido, sobre todo para los aficionados a las matemáticas como yo.

“New Model Army”, de Adam Roberts

coverEste libro no ha conseguido convencerme. Al principio pensé que iba a ser una especie de Starship Troopers pero sin el facherío habitual de Heinlein, la descripción por parte de un soldado de un nuevo tipo de ejército. Pero es que no me lo termino de creer.

La acción se desarrolla en un futuro no muy lejano, en el que han proliferado una serie de ejércitos de mercenarios llamados New Model Army (NMA). Sus soldados están permanentemente comunicados entre sí y tienen acceso a internet para consultar cualquier cosa, así que no necesitan especialización. Por ejemplo, para qué tener médicos si puedes mirar en la wikipedia cómo tratar una herida de bala (!!!). Tampoco hay ningún tipo de jerarquía, ni mandos ni oficiales de ningún tipo. Las decisiones se toman por votación, teniendo en cuenta la información aportada por todos los soldados, con lo que se supone que no tienen que sufrir los inconvenientes de una rígida jerarquía como la que hay en los ejércitos convencionales. Las decisiones son rápidas y cuentan con información actualizada de la situación, mientas que en un el ejército británico, al que se enfrentan en esta ocasión, el ego de los generales les impide juzgar correctamente la situación.

Por favor. ¿Es que este autor nunca ha tenido que ir a una reunión de su comunidad de vecinos? Cualquier decisión que se tenga que tomar entre más de dos personas se puede convertir en una discusión interminable que acabará a gritos y con todo el mundo peleado, y lo más importante, sin que se llegue a ninguna decisión.

Ni armas futuristas molonas, ni avances tecnológicos alucinantes, nada más que el uso de Google para obtener información y Google Maps para tener las posiciones de amigos y enemigos bien claritas, aparte de la repetición constante de que los “ejércitos feudales” del pasado están formados por esclavos.

Pero es que además al final se pone filosófico con que si los tan democráticos NMA llevan la guerra y la destrucción al mundo entero y que por qué a los hombres les gusta la guerra. Un aburrimiento total.

“The Ship of Brides”, de Jojo Moyes

coverRecién terminada la Segunda Guerra Mundial, el Victoria, un enorme carguero dedicado al transporte de aviones de guerra inicia su último viaje, de Australia a Inglaterra, cargado de novias de guerra. Más de 600 chicas australianas casadas con soldados ingleses durante la guerra, al los que muchas no han visto en meses o incluso años, abandonan a sus familias para reunirse con sus maridos.

La historia se centra en cuatro chicas de orígenes y clases sociales muy diferentes que comparten camarote: una granjera, una chica de la alta sociedad, otra de los barrios bajos y una enfermera con un oscuro pasado.

Para mí ha sido una lectura excesivamente lenta, con un relato casi día a día de las 6 semanas que dura el viaje. Además es previsible, está claro que si el capitán tiene una herida de guerra que le está dando la lata pero que no quiere ver al médico de a bordo y si una de las chicas protagonistas es enfermera, tarde o temprano ella lo va a tratar en secreto. Y si nos cuentan que a veces llega un cablegrama diciéndole a una de las jóvenes esposas que mejor que no se moleste en ir a Inglaterra, que su marido ha cambiado de opinión, está claro que eso le va a pasar a una de las cuatro.

La verdad es que las últimas páginas las leí a saltos, aburrida de la historia y deseando que acabase. Estoy segura de que el viaje debió ser terriblemente incómodo, con las chicas hacinadas y sin las comodidades más básicas, por no hablar de que en el barco también viajaba una tripulación de 1000 hombres, con los conflictos que eso conlleva. Y seguro que el dejar atrás a sus familias para reunirse con unos hombres que en realidad eran casi desconocidos debió de ser traumático, por no hablar de la posibilidad de ser rechazadas en cualquier momento del viaje y que las desembarcasen en el siguiente puerto para mandarlas de vuelta. Pero no ha conseguido engancharme de verdad, tal vez por no haber una única protagonista. O simplemente porque es aburrido.

“Hyperion”, de Dan Simmons

coverMe habían hablado muy bien de este libro, y todas las críticas que había visto eran estupendas, pero a mí no me ha gustado.

En primer lugar, aunque es una novela de ciencia-ficción clásica, con su tecnología avanzada y sus viajes espaciales, añade una componente medio mística que no me gusta nada. El dichoso Alcaudón del planeta Hyperion, que recibe grupos de peregrinos, siempre en número primo, de entre los cuales elige uno al que le concede lo que pide para asesinar al resto. Este libro, el primero de una serie, cuenta el viaje de uno de estos grupos, de siete miembros, y claro, deja la historia sin finalizar.

Normalmente me gustan los libros largos, pero es que este ya me tenía aburrida al llegar a la mitad, así que para cuando llegué al final me daba igual lo que les pasara a los dichosos peregrinos, y desde luego no pienso tragarme el siguiente volumen para averiguarlo.

En realidad la novela es un conjunto de relatos cortos, las historias de los peregrinos, que en ocasiones se solapan y que supuestamente servirán de ayuda al grupo a la hora de enfrentarse al Alcaudón. Y a mí no me gustan los relatos, me cansan y me aburren soberanamente.

Pero es que además la novela hace trampa. Los peregrinos echan a suerte el orden en el que irán contando sus historias, y menuda casualidad, la última resulta ser la única relevante y la que hace que todas las demás sobren. Menudo timo. Si el cónsul hubiera contado lo suyo el primero me habría ahorrado 300 páginas.

“Lazos profundos”, de Rosamunde Pilchser

coverUna vez que terminé este libro lo busqué en Goodreads y me enteré de que se publicó por primera vez en 1968, y la verdad es que se nota. No sólo en la total ausencia de teléfonos móviles u ordenadores, no tan raro en un ambiente artístico como el que describe la novela, sino sobre todo por lo muchísimo que fuma todo el mundo, sin parar y en cualquier sitio.

La protagonista es una chica de 19 años que ha estado en el extranjero desde muy joven, primero en internados y después trabajando en París de niñera. Ahora por fin decide volver a Cornualles para reunirse con su padre, un afamado pintor que nunca le ha hecho mucho caso.

La pobre Emma está ilusionadísima por volver a vivir con su padre, está decidida a cuidar de su casa mientras él pinta obras maestras, una aspiración muy poco ambiciosa para una chica de 19 años, pero es lo que ella quiere. La cosa empieza bien, pero dura muy poco: su padre recibe una invitación para ir a una exposición de su obra en EEUU, y vuelve a dejarla sola.

A partir de ahí la cosa deriva hacia el romance, pero sin exagerar y sin cursiladas, que Pilcher no es Danielle Steele. Es una novela corta y sencilla, sin grandes giros argumentales, con una buena descripción de los personajes y solo a ratos una mentalidad anticuada que me ha chirriado un poco. No se puede comparar con novelas más importantes de la autora como El regreso o Los buscadores de conchas, pero se deja leer.

“¡A los leones!”, de Lindsey Davis

coverY con esta van diez novelas de la serie de Marco Didio Falco, informador del Emperador Vespasiano en la Antigua Roma.

Falco sigue su azarosa vida como detective privado e informador, aunque añade una nueva actividad: la de investigador del censo, es decir, inspector de Hacienda. Asociado con Anácrites, el que era su superior en el Servicio Secreto, se dedica a investigar las cuentas de los tratantes de gladiadores y fieras para el circo a cambio de un porcentaje de los impuestos que se les cobren gracias a sus investigaciones.

La verdad es que me costó meterme en la historia, parecía un poco más de lo mismo de siempre, sin avanzar nada y sin ningún cambio en la vida de Falco, ni a nivel personal y profesional. Porque aunque se embarca en un proyecto nuevo, sigue siendo un pobretón que no consigue acceder a la clase social de la sufrida Helena Justina. Pero en la segunda parte ya me fue enganchando más, con el viaje de toda la familia a Libia, en busca del díscolo hermano pequeño de Helena, que se fugó en la novela anterior con la rica heredera prometida a su hermano mayor.

El final es sorprendente y abre la posibilidad de un cambio en la suerte de Falco, por supuesto totalmente fortuito y sin relación con sus esfuerzos.

Ha sido un libro de transición mientras encuentro algo más interesante, pero tampoco ha estado mal.