“Lazos profundos”, de Rosamunde Pilchser

coverUna vez que terminé este libro lo busqué en Goodreads y me enteré de que se publicó por primera vez en 1968, y la verdad es que se nota. No sólo en la total ausencia de teléfonos móviles u ordenadores, no tan raro en un ambiente artístico como el que describe la novela, sino sobre todo por lo muchísimo que fuma todo el mundo, sin parar y en cualquier sitio.

La protagonista es una chica de 19 años que ha estado en el extranjero desde muy joven, primero en internados y después trabajando en París de niñera. Ahora por fin decide volver a Cornualles para reunirse con su padre, un afamado pintor que nunca le ha hecho mucho caso.

La pobre Emma está ilusionadísima por volver a vivir con su padre, está decidida a cuidar de su casa mientras él pinta obras maestras, una aspiración muy poco ambiciosa para una chica de 19 años, pero es lo que ella quiere. La cosa empieza bien, pero dura muy poco: su padre recibe una invitación para ir a una exposición de su obra en EEUU, y vuelve a dejarla sola.

A partir de ahí la cosa deriva hacia el romance, pero sin exagerar y sin cursiladas, que Pilcher no es Danielle Steele. Es una novela corta y sencilla, sin grandes giros argumentales, con una buena descripción de los personajes y solo a ratos una mentalidad anticuada que me ha chirriado un poco. No se puede comparar con novelas más importantes de la autora como El regreso o Los buscadores de conchas, pero se deja leer.

“¡A los leones!”, de Lindsey Davis

coverY con esta van diez novelas de la serie de Marco Didio Falco, informador del Emperador Vespasiano en la Antigua Roma.

Falco sigue su azarosa vida como detective privado e informador, aunque añade una nueva actividad: la de investigador del censo, es decir, inspector de Hacienda. Asociado con Anácrites, el que era su superior en el Servicio Secreto, se dedica a investigar las cuentas de los tratantes de gladiadores y fieras para el circo a cambio de un porcentaje de los impuestos que se les cobren gracias a sus investigaciones.

La verdad es que me costó meterme en la historia, parecía un poco más de lo mismo de siempre, sin avanzar nada y sin ningún cambio en la vida de Falco, ni a nivel personal y profesional. Porque aunque se embarca en un proyecto nuevo, sigue siendo un pobretón que no consigue acceder a la clase social de la sufrida Helena Justina. Pero en la segunda parte ya me fue enganchando más, con el viaje de toda la familia a Libia, en busca del díscolo hermano pequeño de Helena, que se fugó en la novela anterior con la rica heredera prometida a su hermano mayor.

El final es sorprendente y abre la posibilidad de un cambio en la suerte de Falco, por supuesto totalmente fortuito y sin relación con sus esfuerzos.

Ha sido un libro de transición mientras encuentro algo más interesante, pero tampoco ha estado mal.

“Freckles”, de Gene Stratton-Porter

coverEsta novela se publicó por primera vez en 1904, y se nota que ha pasado el tiempo. Es muy dulce y algo cursi, me ha recordado mucho a La casa de la pradera por lo blandita que es y por las descripciones del entorno natural.

Freckles es huérfano y acaba de salir del orfanato en el que ha vivido desde que era un bebé de pocos meses. Lo dejaron abandonado en la puerta, molido a palos y con una mano cortada, lo que hizo que ninguna familia quisiera adoptarlo. Al ser ya mayor lo enviaron (por no decir que lo vendieron) a trabajar para que aprendiera un oficio, pero recibía tan mal trato que huyó y así es como acaba en una explotación maderera de Indiana, donde por fin le dan trabajo.

Freckles se convierte en el vigilante de una zona de bosque y marismas que será la siguiente en ser explotada, y allí descubre su amor por la naturaleza y por la observación de la flora y fauna del bosque. Desarrolla una especial afición por los pájaros, a los que alimenta durante los duros meses de invierno. Es un chico sensible, leal y de buenos sentimientos que está deseando recibir afecto. Su mayor preocupación es pensar que pudiera haber sido su propia madre quien lo mutiló y abandonó siendo un bebé. Por eso para él es tan importante sentir que la gente lo aprecia, cosa que consigue por fin entre los madereros del bosque de Limberlost.

Me resulta muy curioso cómo en la novela muchos personajes hablan con admiración de la belleza del entorno y de la pena que será que desaparezca por la tala de aquellos magníficos árboles, muchos de ellos seguramente centenarios, pero a nadie se le pasa por la cabeza la idea de que tal vez sería conveniente conservar ese bosque y prohibir la tala. Supongo que en aquella época era impensable anteponer la protección de la naturaleza al beneficio económico.

Llegué a este libro buscando otro, A Girl of the Limberlost, de la misma autora y ambientado en el mismo bosque. Como Freckles se publicó antes mis manías tomaron el control y no me han permitido leer el segundo antes que el primero, aunque creo que son totalmente independientes. Lo confirmaré cuando lea el segundo, que será pronto porque éste me ha gustado mucho.

“The First Fifteen Lives of Harry August”, de Claire North

coverHarry August tiene un superpoder: vive su vida una y otra vez, recordando siempre las vidas anteriores. No es el único al que le pasa esto, hay otros como él, y a lo largo de los siglos han ido formando sociedades secretas que ayudan a sus miembros en sus primeros años de vida. Se llaman a sí mismos los kalachakra, y son un grupo bastante ocioso, que se limita a usar sus conocimientos del futuro para ganar suficiente dinero como para vivir cómodamente y para evitar zonas conflictivas. Los cambios que ejercen sobre sus vidas no provocan un efecto mariposa, apenas influyen sobre los acontecimientos importantes. De hecho, tienen prohibido intentar cambiar la historia porque ¿quién sabe cuál sería el resultado? Tal vez asesinar a Hitler impediría la Segunda Guerra Mundial, o tal vez eso haría que otro general más eficiente acabara ganándola.

Como cualquiera con un superpoder, Harry August tiene un archienemigo, aunque en este caso es igual que él: un kalachakra. Pero uno que quiere aprovechar lo que sabe para hacer que el futuro llegue antes. Quiere cambiar el mundo a base de adelantar la tecnología, haciendo que la ciencia progrese a un ritmo mucho mayor de lo que lo haría por sí misma. Y Harry sospecha que es eso lo que está haciendo que el fin del mundo se acerque más en cada ciclo.

No puedo evitar sentir simpatía por el enemigo de Harry, al menos él intenta mejorar las cosas y no se limita a ver discurrir la historia. Siempre se puede intentar corregir los fallos en la próxima vida, y no veo por qué los desastres provocados por acontecimientos repetidos tienen que ser mejores que los que se puedan producir por acciones nuevas. Por esto no voy a decir que el libro me ha encantado, pero sí que me ha parecido entretenido, y al menos toma una postura poco habitual frente a las dichosas paradojas temporales.

“The Martian”, de Andy Weir

coverEs terrible lo abandonado que he tenido el blog los últimos dos meses, pero tengo una excusa muy buena. Si al primer trimestre de un embarazo, con sus náuseas y un sueño que me hacía dormirme por las esquinas le añadimos una gripe, una sinusitis y tres cólicos de riñón, está claro que mi tiempo para la lectura no ha sido gran cosa. Pero es que además he tenido una racha malísima de libros que no he sido capaz de terminar, me aburría en 50 páginas y pasaba a otra cosa, que tampoco retenía mi atención.

Por suerte los distintos achaques parecen haber terminado, salvo por los riñones, que siguen dándome la lata de vez en cuando, pero más importante aún: he encontrado un libro que me ha enganchado desde la primera hasta la última página.

The Martian es una típica novela de Robinson, salvo que en lugar de un náufrago en una isla desierta tenemos a un astronauta, ingeniero mecánico y especialista en botánica abandonado a su suerte en Marte. El pobre Mark Watney es dado por muerto y dejado atrás cuando sus compañeros de misión tienen que cancelar la misión y huir precipitadamente. Solo e incomunicado tiene que encontrar la forma de hacer saber a la NASA que sigue vivo, y de sobrevivir hasta que puedan rescatarlo.

Me encanta la gente ingeniosa y resolutiva, las personas mañosas que son capaces no solo de sobrevivir sino incluso de lograr conseguir comodidades con los medios más precarios, y Watney es lo más resolutivo que he visto. Además es un tipo gracioso que se toma su situación con mucho sentido del humor. Sus comentarios pasan en un minuto del “soy un genio y esta gran idea me salvará” al “soy un estúpido y voy a morir”.

Habrá mucha gente a la que no le guste nada esta novela por precisamente el mismo motivo por el que a mí me encanta: los detalles científicos. Watney describe cómo modifica los aparatos con los que cuenta para que realicen funciones totalmente distintas a aquellas para las que estaban diseñados. Ha sido fascinante y a ratos muy divertido.

He buscado en Google y resulta que Ridley Scott está haciendo la película, pero la verdad, no creo que me vaya a gustar. Me temo grandes explosiones y rescates en el último segundo y demás chorradas que van contra todas las leyes de la física. Espero equivocarme.

“The Cruelest Month”, de Louise Penny

coverAbril es el mes más cruel, y es la época del año en la que se desarrolla este misterio. Se ha producido un nuevo asesinato en Three Pines, que hay que ver qué tasa tienen para un sitio tan pequeño y además canadiense, que ya se está pareciendo al Bronx. El inspector Gamache vuelve a su pueblo favorito para investigar quién envenenó a Madeleine Favreau, y nada menos que en la Vieja Casa Hadley, el único lugar siniestro del encantador pueblecito.

Todos los personajes principales están presentes: Clara Morrow, la auténtica protagonista de la serie, con su marido Peter, que nunca me cayó bien y en esta novela por fin sé por qué; la poetisa Ruth Zardo, en uno de sus mejores momentos hasta la fecha; la pareja gay de Oliver y Gabri con sus extravagancias; y por supuesto Gamache con sus investigadores, incluida la terrible agente Nichol, que cada vez me gusta más.

Pero en esta ocasión Gamache no se limita a resolver un asesinato. El caso Arnot, que ha ensombrecido su carrera en los últimos años y que lo ha rodeado de enemigos en la Policía sigue dando problemas. Las conspiraciones en su contra parecen a punto de acabar con él definitivamente y una gran parte de la trama se dedica a resolver, al menos de momento, los problemas internos del Inspector con el Departamento.

Esta trama secundaria ralentiza un poco la resolución del asesinato, pero es tan intrigante que la verdad es que me ha dado igual. Lo verdaderamente interesante de esta serie son sus personajes, y de ellos se puede disfrutar todo el tiempo.

“The Old Curiosity Shop”, de Charles Dickens

old curiosityMe gusta empezar el año con Dickens. Estoy decidida a leer todas sus obras y una al año me parece un buen promedio, además, siempre me han parecido historias muy invernales, de mucho frío. Supongo que es una de las cosas que conlleva la pobreza y la que creo que llevaría peor.

Antes de nada tengo que advertir que en este post va a haber spoilers, del tipo más gordo y molesto: voy a contar el final. Así que el que no quiera enterarse debería dejar de leer ya mismo.

La trágica historia de la pequeña Nell y su abuelo fue una de las novelas más exitosas de Dickens en su época. Publicada en forma de serie, cada número vendía hasta cien mil ejemplares, lo que hoy en día sería comparable a las ventas del último Harry Potter. Durante 10 meses los lectores siguieron las desventuras de la pequeña Nell, su caída en la miseria absoluta por la negligencia de su abuelo, su desahucio cuando el malvado enano Quilp ejecuta el cobro de sus deudas, su interminable viaje intentando mantener a su abuelo a salvo del asilo y de la tentación del crimen. Es una especie de cuento de hadas en el que la niña es un ángel y al cruel Quilp se refieren muchas veces como el Monstruo o el Goblin. Un enemigo casi mitológico que reparte odio por igual entre Nell, su abuelo, y el antiguo criado de éstos, el inocente Kit. Las miserias de Nell llegan a tal punto que cuando se publicó el último capítulo, los lectores de Boston y Nueva York acudían a los muelles para preguntarles a los marineros ingleses que llegaban, “¿Ha muerto la pequeña Nell?”, impacientes por recibir la revista.

Spoilers. Sigue bajo tu propio riesto.

Y la pequeña Nell muere, desatando una gran polémica en su día. Los lectores estaban indignados, hasta el punto que dicen que llegaron a apedrear a Dickens en una ocasión. Lloraban de pena por Nell, y sin embargo en la época victoriana, en la que la diferencia de clases era tan acusada, era muy común que los pobres recibieran un maltrato generalizado. Los trabajadores de las fábricas, muchos de ellos niños, vivían una vida de miseria. Los sirvientes trabajaban de sol a sol por un salario ínfimo y sometidos a todo tipo de abusos. Pero leer sobre la muerte de aquella pobre niña llenaba de congoja a la gente.

Como todas las novelas de Dickens, está plagada de personajes maravillosos y extravagantes, algunos que aparecen solo fugazmente, como la terrible Miss Maltravers, la directora de una escuela para señoritas casi tan estiradas y mezquinas como ella. Otros nos acompañan toda la novela, como el fiel Kit, que lleva el peso de la otra trama de la historia.

Pero mi personaje favorito, y el que representa de verdad la miseria de la época, es la criada sin nombre de los hermanos Brass. Una chica que no conoce ni su nombre ni su edad, siempre hambrienta y siempre aterrorizada por sus amos, quienes la consideran una propiedad. Hasta el punto de que cuando la chica huye, ponen un anuncio para recuperarla, como el que ha perdido a su perro. Por eso no me ha parecido tan trágico el libro, porque la muerte de Nell se ve venir, y al menos la pobre criada sin nombre tiene un final feliz.

Como siempre, me ha encantado. ¿Cómo puede haber gente que diga que Dickens es aburrido?