Abandono: “Three Sisters, Three Queens”, de Philippa Gregory

Esta novela pertenece al interminable ciclo de los Tudor de Philippa Gregory, y es una memez intragable. Lo intenté, le puse verdadero empeño, y en realidad por una tontería, y es que estoy intentando completar el Popsugar Reading Challenge, y una de las categorías es “un libro con un término de parentesco en el título”, y este me valía. Pero todo tiene un límite y este libro sobrepasa el mío.

Trata de las relaciones entre Margarita Tudor, hermana de Enrique VIII, su hermana pequeña María y su cuñada Catalina de Aragón, pero todo desde el punto de vista de Margarita. Que es imbécil.

Una celosa insoportable, cuya única preocupación es quedar por delante de todo el mundo, pero especialmente de su hermana y su cuñada. Que si yo me voy a casar antes que tú y con un rey más importante, que si ahora que tú te has quedado viuda yo tengo precedencia en la mesa, que si tú tienes tres abortos te chinchas porque yo tengo dos hijos bien hermosotes… ¡Un mal bicho insoportable! Sobre todo teniendo en cuenta que las tres apenas pasan juntas un par de ratitos, porque enseguida Margarita se casa y se va a Escocia, así que toda esta retahíla de mezquindades es casi siempre por carta.

Aguanté y aguanté innumerables idioteces, pero ya cuando uno de sus hijos muere y a ella lo único que le preocupa es que le den las joyas de su madre porque son mejores que las de su cuñada, decidí que ya había sufrido bastante y lo dejé. ¡Qué descanso!

“Una virgen de más”, de Lindsey Davis

virgen-de-masMarco Didio Falco ha vuelto a Roma después de su periplo por Palmira, donde el idiota de su cuñado ha sido devorado por los leones en el circo. Y su primer día en casa es de lo más ajetreado: su trabajo como censor recibe como recompensa el nombramiento de Procurador de las Aves Sagradas (esto es en serio) y el ascenso a la clase media. Y también recibe la visita de una nueva cliente, una niña de unos 5 años que asegura que en su casa la quieren matar.

Que la niña sea nieta de un sacerdote que ya ha protestado por la presencia de los pajarracos de Falco en los templos no parece muy buena señal, así que Falco no hace caso de la chiquilla y la envía de vuelta a su casa. Su posterior desaparición le hace pensar que se ha equivocado, y Falco se pone a investigar. La pequeña, quien según parece va a ser con toda seguridad la elegida como nueva Vestal en el próximo sorteo, parece estar metida en medio de una grave crisis familiar, con asesinato incluido.

Toda la historia transcurre con el tono irónico de siempre, con Falco como anti-héroe con toga y sandalias, pero con la angustia de la búsqueda de la niña perdida. Y tanto el nuevo puesto de Falco como el trasfondo de la familia de la niña, con su relación con el sacerdocio, sirven para describir las costumbres religiosas de la época.

Una lectura muy entretenida, como siempre.

“¡A los leones!”, de Lindsey Davis

coverY con esta van diez novelas de la serie de Marco Didio Falco, informador del Emperador Vespasiano en la Antigua Roma.

Falco sigue su azarosa vida como detective privado e informador, aunque añade una nueva actividad: la de investigador del censo, es decir, inspector de Hacienda. Asociado con Anácrites, el que era su superior en el Servicio Secreto, se dedica a investigar las cuentas de los tratantes de gladiadores y fieras para el circo a cambio de un porcentaje de los impuestos que se les cobren gracias a sus investigaciones.

La verdad es que me costó meterme en la historia, parecía un poco más de lo mismo de siempre, sin avanzar nada y sin ningún cambio en la vida de Falco, ni a nivel personal y profesional. Porque aunque se embarca en un proyecto nuevo, sigue siendo un pobretón que no consigue acceder a la clase social de la sufrida Helena Justina. Pero en la segunda parte ya me fue enganchando más, con el viaje de toda la familia a Libia, en busca del díscolo hermano pequeño de Helena, que se fugó en la novela anterior con la rica heredera prometida a su hermano mayor.

El final es sorprendente y abre la posibilidad de un cambio en la suerte de Falco, por supuesto totalmente fortuito y sin relación con sus esfuerzos.

Ha sido un libro de transición mientras encuentro algo más interesante, pero tampoco ha estado mal.

“Roman Games”, de Bruce MacBain

romanMe resulta imposible no comparar esta novela con las de la serie de Marco Didio Falco de Lindsey Davis. En ambos casos se trata de novelas de misterio, en las que un romano debe hacer labores de detective para descubrir al asesino. Falco vive en la Roma de Vespasiano, mientras que Plinius, el protagonista de esta historia, intenta sobrevivir bajo el dominio del cruel Domiciano, hijo menor de Vespasiano. Pero ya Falco nos advertía de que el joven Domiciano no era de fiar…

En los dos casos se describe una Roma decadente, corrupta y llena de peligros, con enormes diferencias entre patricios y plebeyos, no digamos ya con los esclavos. Aunque en las novelas de Falco se hace con más humor y hasta diría que con más cariño.

La investigación de Plinius va dando tumbos, de error en error y si llega a alguna conclusión sobre el crimen es equivocada. El caso se resuelve casi por casualidad, más bien debido a su torpeza que a sus habilidades. La verdad es que casi ninguno de los personajes principales me ha gustado mucho, lo que hace muy difícil que me interesen sus problemas.

Tal vez si nunca hubiera leído las novelas de Lindsey Davis ésta me hubiera gustado más. Pero sí que las he leído y la comparación está ahí. Y Plinius sale perdiendo.

“Richard Bolitho — Midshipman”, de Alexander Kent

coverDick Bolitho, guardiamarina de 16 años, está a punto de embarcarse en su segundo buque, la Gorgon, un enorme navío de 72 cañones perteneciente a la armada inglesa. Es el año 1772 y no hay ninguna guerra en marcha, por lo que los ascensos son difíciles de conseguir y la competencia entre los tenientes es feroz.

La Gorgon es enviada a la costa africana para combatir a los piratas de la zona, lo que permite a Dick y a su amigo Martyn Dancer distinguirse en la batalla, a pesar de la manifiesta animadversión y mala voluntad de su teniente, el malvado Tregorren.

La acción es muy rápida y absorbente y me ha tenido pasando páginas como una loca, con los cañones silbando sobre mi cabeza y los piratas intentando saltar al abordaje. Es una novela cortita, de unas 160 páginas que se leen en un periquete de puro entretenidas.

Por supuesto, no se puede evitar compararla con la serie de Aubrey y Maturin de Patrick O’Brian, que me leí enterita y que me encantó, desde el libro 1 al 20. En esta serie que acabo de empezar el lenguaje es más simple y más descriptivo, lo que ayuda al lector sin ninguna duda, aunque no tiene la calidad ni la complejidad de las novelas de O’Brian.

Pero ha sido muy entretenida, y estoy encantada de haber empezado la serie. Pienso seguir a este guardamarina en sus más que seguros ascensos en la marina británica.

“The Children’s Book”, de A. S. Byatt

coverPor fin, por fin, por fin he terminado este libro. Hacía siglos que no escribía ningún post, pero es que me ha llevado una eternidad acabarlo. No es que sea malo, ni muchísimo menos, ni que no me haya gustado. Es que es tan largo que creí que no se acababa nunca.

La descripción de la Inglaterra de los últimos años de la época Victoriana que hace la autora es tan minuciosa que por momentos creí que iba a aplastarme con tanta información. La ropa, los medios de transporte, la política, hasta los malditos jarrones. Todo está descrito hasta el último detalle. lo que a ratos hace que la lectura se haga un poco lenta.

Cuando empecé el libro no tenía ni idea de lo que trataba, y tardé bastante en meterme en la historia. Todo empieza con la visita de Olive Wellwood, escritora de cuentos para niños, al director de un museo en busca de información para sus novelas. Mientras los adultos hablan Julian, el hijo del director, lleva a Tom, el hijo de Olive, a explorar el museo. Juntos descubren a un muchacho que lleva días allí escondido, dibujando las cosas que le gustan del museo, sobre todo si están relacionadas con la alfarería. Los adultos se hacen cargo de la situación y Olive se lleva al muchacho a su casa. El joven alfarero acaba como aprendiz de un artista local y a partir de ahí vamos siguiendo las vidas de estas familias.

Los Wellwook tienen siete hijos y dos sobrinos, el director del museo tiene otros dos, el alfarero también tiene dos hijas, su aprendiz tiene una hermana, y ellos dos son el contrapunto de clase baja frente al resto. Durante los siguientes 25 años seguimos las vidas de todos estos niños, todos ellos buenos chicos, a diferencia de algunos de los padres. Porque en el grupo de adultos hay algunos degenerados de primera categoría.

Se trata de un grupo muy peculiar, lleno de artistas e intelectuales bien relacionados. Los principios del socialismo, el anarquismo, el movimiento sufragista, el psicoanálisis… todos esos temas influyen en la educación de los niños. Los chicos van a la Universidad y sus hermanas, educadas en ese ambiente intelectual, también. Supongo que es difícil dedicarse a buscar marido cuando se les ha dicho que tienen cerebro y que pueden utilizarlo. Poco a poco el siglo XIX va quedando atrás y empieza el siglo XX, el de los movimientos sociales y la tecnología.

Y como está tan bien escrito uno acaba conociendo realmente a esos chicos y preocupándose por ellos. Y entonces, zas, llega la Primera Guerra Mundial y sus masacres, también descritas de la forma más minuciosa. Voy a necesitar una temporadita de lecturas ligeras para recuperarme del disgusto, pero en cuanto me vea con fuerzas voy a atacar Posesión, que es la novela con la que esta escritora ganó el premio Booker. Si es mejor que ésta, tiene que ser extraordinaria.

“Los girasoles ciegos”, de Alberto Méndez

girasolesOtro de los libros que tengo que leer para el curso de Cálamo & Cran, que si no llega a ser por eso lo dejo. No porque esté mal, ni mucho menos, sino porque es un libro de relatos y ese es un género que no me gusta. A mí me gustan los libros al peso, de 300 páginas para arriba y a ser posible en varios volúmenes. La brevedad del relato me desconcierta, ese saltar de una historia a otra tan de improviso me cansa hasta hacerme dejar la lectura.

En este caso son cuatro relatos ambientados en la época del final de la Guerra Civil y la post-guerra, ligéramente relacionados entre sí por sus protagonistas.

Un soldado nacional que se rinde al enemigo el día antes de que el enemigo se rinda a los nacionales, un joven poeta que se oculta aterrado en las montañas, un preso político que espera su sentencia de muerte y un niño que es testigo del acoso de un cura asqueroso a su madre, mientras su padre se oculta en un armario.

Todas son historias sobre el miedo. El miedo a la muerte, a ser descubierto y asesinado, a ser la causa de que un ser querido sea descubierto y asesinado, o a convertirse en un accesorio de los asesinos.

Todos los relatos me han gustado y me han parecido muy bien escritos, con una ambientación claustrofóbica y angustiosa que transmite lo que debían ser las sensaciones de tanta gente en aquellas situaciones; así que se lo recomiendo a cualquiera que no sienta mi aversión por el género.

Supongo que habrá un sector de posibles lectores a los que estas historias los molestarán. Los que se sentían cómodos aunque otros estuvieran incómodos. Los que no sufrieron ningún abuso porque tenían los amigos adecuados, los que no se sentían ofendidos cuando se abusaba de otros, los que no han tenido ningún familiar que muriera, o estuviera preso o tuviera que huir con lo puesto.

No sé por qué se creen con derecho a protestar con lo de que “se reabren las heridas”, cuando ellos no tienen ninguna.