“The Curious World of Calpurnia Tate”, de Jacqueline Kelly

La vida de Calpurnia Tate sigue discurriendo de forma bastante parecida a como la habíamos dejado en The Evolution of Calpurnia Tate. Su madre sigue empeñada en convertirla en una señorita a fuerza de clases de cocina y prácticas de piano, y ella sigue empleando todo su tiempo libre en explorar la naturaleza en compañía de su abuelo.

Pero dos novedades llegan a su vida debido al terrible huracán que arrasa la ciudad de Galveston: una prima a la que acogen en su casa y que tiene ideas muy claras sobre el trabajo femenino, y un veterinario que se establece en el pueblo dándole a Calpurnia una salida para su vocación.

En este segundo libro no hay una trama concreta sino más bien una descripción del día a día de la familia Tate. Travis, uno de los hermanos menores de Calpurnia, siempre está recogiendo animalitos perdidos, y muestra interés también por ser veterinario, pero tiene un pequeño inconveniente: no soporta ver sangre. Sin embargo su familia se toma en serio sus aspiraciones, mientras que las de la mucho más capaz Calpurnia son ignoradas e incluso ridiculizadas. ¿Para qué querría una chica estudiar o, peor aún, trabajar? ¡Y por dinero! Una ordinariez.

Calpurnia se siente aislada de casi toda su familia y aunque muchas veces se desanima, no se rinde. Dan ganas de viajar al pasado para decirle que las cosas van a mejorar. Que están lejos de ser perfectas, que sigue sin ser justo, pero que seguimos mejorando.

Por ahora no hay más libros de esta serie, aunque sí una serie de cuentos ilustrados para niños más chicos que tiene muy buena pinta. Ojalá la autora no abandone la serie porque me encantaría ver crecer a Calpurnia.

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“The Evolution of Calpurnia Tate”, de Jaqueline Kelly

Calpurnia Virginia Tate tiene 11 años y seis hermanos varones, y no tiene ningún interés por las tareas domésticas que su madre intenta enseñarle. Ella prefiere leer y estudiar la naturaleza a coser o cocinar, tareas para las que además está muy poco dotada. Es inteligente y su curiosidad no tiene límites, pero su historia se desarrolla en 1899, así que las probabilidades de que una chica tejana de buena familia pueda dedicarse a algo que no sea casarse bien y llevar su casa son más bien escasas. En realidad es algo que ella ni se había planteado hasta que ese verano se atreve a acudir a su abuelo con una pregunta: ¿por qué los saltamontes amarillos son más grandes que los verdes? Su abuelo no le da una respuesta, sino que la desafía a que lo averigüe por sí misma, y así es como Calpurnia descubre que es capaz de hacerlo.

Su abuelo es una figura formidable, un caballero distante para sus nietos, miembro de la National Geographic Society y una fuente inagotable de información científica para quien pudiera estar interesado en preguntar. Calpurnia pregunta y sigue preguntando da nueva respuesta despierta más preguntas, pero la más importante de todas es, ¿por qué su familia considera que ella vale menos que sus hermanos?

La madre de Calpurnia es un personaje trágico, una dama sureña que consigue superar sus días a base de tónicos (copazos elegantes), cuyos intentos de conectar con su única hija son un completo fracaso. Y es que su hija ve la vida que ella lleva como la peor de las monotonías.

“My mother’s life was a never-ending round of maintenance. Not one single thing did she ever achieve but that it had to be done all over again, one day or one week or one season later. Oh, the monotony.”

Calpurnia no tiene aún claro lo que quiere hacer de su vida, pero sí que está segura de lo que no quiere, y aprender a coser y a cocinar no entra en sus planes. Pero por ahora lo único que puede hacer es robar la mayor cantidad de tiempo posible a sus obligaciones para dedicarlo a pasarlo junto a su abuelo.

Es una novela preciosa pero tan descorazonadora… Porque su protagonista no se enfrenta a una aventura o un simple obstáculo, sino a todo un mundo lleno de convenciones y prejuicios, y por más que ella se empeñe e incluso aunque consiga dedicar su vida a la Ciencia como ella pretende, cualquiera puede darse cuenta de la cantidad de problemas y obstáculos a los que se tendrá que enfrentar, simplemente por haber nacido niña. No quiero contar ningún spoiler, pero hay un momento ya llegando al final del libro en el que Calpurnia cree, por un instante, que sus padres la han comprendido, y su desilusión al darse cuenta de que no es así es tan grande que dan ganas de llorar.

Cualquiera que tenga una niña en su familia a la que le guste leer, que no dude en regalarse este libro. Acertará seguro.

“Marcelina en la cocina”, de Graciela Iglesias y Sara Sánchez

Este año en la guardería del Cachorro han montado una pequeña biblioteca. Cada viernes los niños se llevan a casa un cuento elegido por su profesora, para que lo lean con sus familias, y lo devuelvan el lunes. Me parece una gran idea porque así se tienen acceso a más títulos y también se puede ver si al niño le gusta un cuento antes de comprarlo.

Empezaron hace dos semanas, así que ya hemos recibido dos libros distintos, con resultados opuestos. El primero fue Marcelina en la cocina, y resultó un gran éxito. Trata de una jirafa que está preparando una sopa para su sobrina, y va añadiendo ingredientes siguiendo las instrucciones de sus vecinos. Está rimado y además se va repitiendo una especie de estribillo con los ruidos que hace la sopa, que van aumentando con cada ingrediente. Al Cachorro le gustó muchísimo e intentaba repetir los sonidos de la sopa, hubo que leérselo un montón de veces durante el fin de semana, y después de devolverlo ha seguido pidiéndolo (-¿Qué cuento quieres que te lea? -Puaj puaj).

El fin de semana pasado nos tocó ¡Que viene el lobo!, que es un cuento mucho más sencillo, tanto en el texto como en las ilustraciones, y ni caso. Se lo leí un par de veces para probar pero después pasó de él y pedía siempre otros libros.

Total, que visto el éxito de Marcelina, esta tarde iré a la Casa del Libro a ver si lo tienen. Y por favor, si alguien me quiere recomendar otros libros del mismo estilo, con rimas o estribillos, no dudéis en decirlo en los comentarios.

“The Reptile Room”, de Lemony Snicket

Las catastróficas desdichas siguen persiguiendo a los hermanos Baudelaire. Aunque al principio del libro parece que las cosas mejoran para los tres huérfanos, que se van a vivir con su tío Monty, un herpetólogo encantador con el que hacen buenas migas de inmediato. Pero la buena suerte no les podía durar, y enseguida hace su aparición el malvado conde Olaf para amargarles la vida.

Me gusta mucho la relación entre los tres hermanos, cómo siempre están pendientes unos de otros, y cómo aprecian y valoran lo que cada hermano hace por la familia, incluso Sunny con sus dientecitos. Y sin embargo no es una cursilada de cuento, ni mucho menos, que es lo que creo que atrae a los niños. Los hermanos Baudelaire son pequeños pero resolutivos, inteligentes y llenos de recursos. La mayor parte de sus desdichas se solucionarían o ni siquiera llegarían a ocurrir si tan solo los adultos de su entorno, empezando por el memo de Mr. Poe, los escucharan. Ni tan siquiera el tío Monty los toma en serio, simplemente porque son niños. Y para cualquier niño lo que tiene que decir es igual de importante a los 8 que a los 18 años. Los niños no son distintos de los adultos, sólo son más jóvenes.

Otra cosa que me gusta es que los niños crecen, no permanecen estáticos en las edades de la primera novela para siempre, como pasa por ejemplo con Los Cinco. Me encanta que Sunny esté empezando a hablar por fin.

Por lo demás, esta segunda entrega continúa en el mismo tono que la primera, con su narrador pesimista disparando definiciones de las palabras difíciles, pero tratando a sus lectores, niños pequeños, sin condescendencia.

Tengo ganas de ver la nueva serie de Netflix basada en estas novelas, pero creo que voy a avanzar un poco más en la lectura antes de empezar. Así que, pronto a por el tercero.

“The Bad Beginning”, de Lemony Snicket

bad-beginningLos tres hermanos Baudelaire han llevado una vida muy agradable, hasta el terrible día en el que, mientras ellos jugaban en la playa, se produce un incendio en su casa y sus padres fallecen. A partir de ahí las Catastróficas Desdichas caen sobre Violet, Klaus y Sunny sin tregua.

Esta serie de 13 novelas destinadas al público infantil tuvo un gran éxito cuando salió, y ahora acaba de adaptarse en forma de serie para Netflix. Yo no las leí en su día, pero siempre me apeteció, así que por fin me he animado. Y van a pasar directamente a la lista de lecturas futuras para mi Cachorro.

Los huérfanos Baudelaire acaban al cuidado del malvado Conde Olav, un pariente lejano que pretende echarle el guante a la fortuna que les corresponderá a los niños al cumplir la mayoría de edad. La vida con el Conde es, como poco, desagradable, y su plan para robarles el dinero va más allá de lo siniestro, aunque creo que es necesario ser un lector adulto para captar que no solo es malvado, sino también un pervertido.

Sin embargo, comprendo que tenga tanto éxito entre los niños. Estoy segura de que este tipo de maldades, como las que solía haber en los libros de Roald Dahl, les gustan muchísimo más que las cursiladas en las que todos son amigos, se lo pasan muy bien y son muy felices. Esas historias, además de obviamente falsas, son condescendientes con los niños, que no son tan distintos de los adultos. Sólo son más jóvenes.

En esta primera historia, cuyo título ya va sentando las bases de lo que está por venir, los tres hermanos consiguen sobreponerse a las desdichas que se les vienen encima utilizando cada uno sus mejores habilidades: Violet es la inventora, Klaus el ratón de biblioteca, y Sunny, bueno, Sunny muerde, con mucha decisión. Por supuesto, esto no es más que un breve respiro al que seguirán nuevas desventuras en el próximo libro. Ya lo tengo listo en mi Kindle.

“Escape From Mr. Lemoncello’s Library”, de Chris Grabenstein

lemoncelloSi cogemos Charlie y la fábrica de Chocolate y lo mezclamos con Una noche en el museo y un poquito de Jumanji, nos saldrá algo muy parecido a este libro. Mr. Lemoncello es el gurú de los juegos de mesa, un millonario adorado por legiones de chiquillos, y da la casualidad de que es la mente maestra tras los planes de restauración de la Biblioteca de Alexandriaville (guiño guiño).

Doce niños del pueblo podrán entrar en la Biblioteca antes de su inauguración oficial para pasar una noche de juegos y diversión. Pero hay una sorpresa más: a la mañana siguiente a los niños se les ofrece la posibilidad de jugar un último juego que consiste en descubrir la salida secreta de la Biblioteca. El ganador será el protagonista de los anuncios de los juegos del Sr. Lemoncello.

Me parece bastante patético que se considere un premio salir en la TV así sin más. Antes una persona hacía algo admirable y como consecuencia salía en la tele; hoy en día una persona sale en la tele y como consecuencia se convierte en alguien admirable. Vaya mensaje más edificante para transmitir a los niños.

Pero en esta novela los chiquillos se lanzan con entusiasmo a resolver los acertijos que les indicarán la salida. Por supuesto hay un protagonista que es un cúmulo de virtudes, aunque su forma de ganar una de las 12 invitaciones no me gusta nada, y hay también un villano, un niño que se cree el más listo del mundo y que además hace trampas. Los demás niños se van alineando con nuestro héroe y por supuesto su rival recibe su merecido. Todo con unos personajes bastante planos y poco desarrollados, pero en fin, hay aventuras y se habla de libros, aunque no tanto de leer.

Este libro parece pretender hacer ver a los niños que las bibliotecas son lugares divertidísimos para jugar. Pues no. Son lugares divertidísimos para leer, para descubrir libros nuevos, para encontrar tebeos, películas e incluso juegos de ordenador. Y los bibliotecarios, si son buenos, son las personas que te pueden aconsejar libros nuevos. Tal vez recomienden este libro a niños de menos de 10 años, pero creo que los niños mayores se darían cuenta de que no es muy bueno que digamos.

“Over Sea, Under Stone”, de Susan Cooper

sea-stoneEsta novela infantil es la primera de la serie The Dark is Rising, en la que los niños de la familia Drew se enfrentan a las fuerzas de la oscuridad en la búsqueda de un tesoro Artúrico.

Los Drew van a pasar las vacaciones en Cornualles, en la casa que su excéntrico tío abuelo Merry ha alquilado, y por la que mucha gente muestra interés. Un día lluvioso sin poder salir los lleva a explorar la casa a fondo, y un pasadizo detrás de un armario desvela un misterio y los niños se lanzan con entusiasmo a resolverlo, sin que sus padres se enteren de nada de lo que está pasando, por supuesto.

El resultado es una mezcla entre Narnia, Los Cinco e Indiana Jones que resulta ser mucho más entretenido de lo que yo esparaba al empezarlo.

Se nota que esta novela se escribió hace 50 años, en primer lugar por el estilo un poco anticuado, pero sobre todo por la total ausencia de tecnología. Los niños resuelven el misterio a base de esfuerzo e investigación, no haciendo una búsqueda en Google. Tienen que desplazarse físicamente a los lugares donde pueden estar las pistas y verlas con sus propios ojos, y utilizar el razonamiento deductivo para descifrarlas, puesto que los obstáculos con los que se encuentran no son solo físicos sino también mentales.

No es el mejor libro de aventuras que he leído, ni mucho menos, y desde luego no va a ocupar un lugar preferente en la futura lista de lecturas de mi Cachorro, pero tampoco está nada mal.