Archivo de la etiqueta: lecturas 2018

“Spoonbenders”, de Daryl Gregory

Las tres generaciones de la familia Telemachus se reúnen bajo un mismo techo cuando Irene se ve obligada a volver a casa de su padre, acompañada de su hijo de 14 años Matty. Irene ha perdido su trabajo y la culpa es de su capacidad para saber si alguien dice la verdad o miente, porque los Telemachus no son una familia normal, sino que la mayoría de sus miembros tienen poderes mentales. Irene es el detector de mentiras, su hermano Frankie era el telequinético que movía cosas con la mente, y el pequeño Buddy era el niño que predecía el futuro, aunque casi no ha vuelto a hablar desde la muerte de su madre, cuando era pequeño. Nadie dice en voz alta lo que pueden hacer las gemelas de Frankie, pero todo el mundo toma medidas anti-incendios donde quiera que estén las niñas. Y la matriarca, la gran Maureen, era la que tenía mayores capacidades, y parece que Matty puede haberlas heredado.

Por último queda el gran Teddy Telemachus, el estafador y creador del mito familiar. Él, el más escéptico de los hombres, es el primero en darse cuenta de que Maureen es una auténtica vidente, y juntos ponen en marcha un espectáculo con el que está seguro de que se harán ricos.

La historia se desarrolla en 1995, cuando Matty descubre su capacidad para salir de su cuerpo y desplazarse a voluntad. Por desgracia es algo que solo consigue hacer cuando está excitado o drogado, así que no puede ni hablar del tema con su madre, quien se daría cuenta de inmediato de que oculta algo. Es a su tío Frankie a quien acude, y no es una idea muy sabia ya que éste se ha endeudado con la mafia y pretende aprovecharse de los poderes del chico para solucionar sus problemas. Por otra parte el tío Buddy tiene un comportamiento cada vez más extraño y parece decidido a desmantelar la casa habitación por habitación.

Todo esto está salpicado de flashbacks para explicar la historia de la familia cuando eran Los Asombrosos Telemachus y acudían a programas de televisión a mostrar sus poderes. Cuando Maureen estaba viva y Buddy estaba cuerdo y Frankie tenía confianza y Teddy no se sentía solo.

Es una novela a ratos triste, a ratos cómica hasta provocar la carcajada. Me ha entretenido muchísimo, y me ha encantado ver como, a medida que avanzaba, todas las locuras de los distintos miembros de la familia van convergiendo hacia un final apoteósico. Me lo he pasado en grande.

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“How the Light Gets In”, de Louise Penny

¿He dicho ya cuánto me gusta la serie de Louise Penny sobre el inspector Gamache? Pues por si no había quedado claro, me encanta. Me encantan los crímenes y cómo los resuelve, utilizando la lógica y sobre todo buscando los motivos del asesino. Me gustan los personajes, tanto los de la Sûreté como los habitantes del pueblo de Three Pines, con sus crímetes atroces cada cinco minutos, y me encantan las descripciones de los paisajes de Quebec. Del frío terrible del invierno, que es casi un personaje más en las novelas, y del brevísimo respiro del verano, y de la propia ciudad de Quebec, como una fortaleza en medio del hielo. ¿Será porque soy friolera, que me impresiona tanto?

Llega el invierno otra vez, y las cosas están cada vez peor para el Inspector Jefe. La mayoría de sus mejores agentes han sido trasladados a otros departamentos y Gamache está cada vez más aislado. Pero lo peor es su distanciamiento de su buen amigo Beauvoir, que en su estupor producido por las drogas está siendo utilizado para dañar a Gamache por el Superintendente Françoeur. Aun así Gamache no pierde nunca la compostura ni los modales, y se comporta siempre con tanta amabilidad que incluso consigue avergonzar a los zoquetes con los que han llenado su departamento. Y ahora un nuevo caso en Three Pines puede ser la clave que descubra toda la corrupción en la Sûreté y reivindique a Gamache, si la traición no acaba antes con él. Se trata de una mujer mayor, antigua paciente de Myrna, la psiquiatra-librera del pueblo, que debía ir a pasar con ella la Navidad y no aparece.

Gamache promete investigar qué le ha pasado, y pronto descubre que ha sido asesinada. Y descubre también su verdadera identidad: era la última superviviente de unas famosísimas quintillizas que habían tenido a todo Canadá encandilado. Esta historia se basa en un caso real, el de las quintillizas Dionne. Recuerdo que hace años vi una película sobre su historia, y cómo el Estado le había retirado la custodia a sus padres, unos simples campesinos, para beneficiarse de la fama de las niñas. Un espanto.

Qué nervios con esta novela, que parece que Gamache tiene las de perder y que por fin van a conseguir destruirlo. Menudo desenlace para la historia que se ha estado desarrollando durante estos nueve libros, me ha tenido en vilo de principio a fin. Estoy ya deseando leer el siguiente.

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“Arcadia”, de Iain Pears

La editorial Planeta me envió este libro para que hiciera una reseña con mi opinión. Estas cosas me ponen un poco nerviosa, porque me daría pena que no me gustara el libro después de que han tenido la amabilidad de regalármelo, pero por otra parte no voy a mentir y decir que me ha gustado si no ha sido así.

Por suerte, no me voy a ver en un compromiso porque, aunque no haya sido mi lectura favorita del año, sí que me ha gustado.

La acción se desarrolla en tres escenarios distintos: por una parte, el Oxford de los años 60, en el que el profesor Henry Lytten, ya retirado de la enseñanza, trabaja intensamente en las notas de su novela, que transcurre en un mundo bucólico creado por él llamado Anterworld. Es como una especie de Tolkien, a quien incluso menciona como conocido, con su grupo de profesores escritores con los que se reúne semanalmente en plan Inklins y todo. Pero Lytten quiere un universo distinto al de Tolkien, sin magia ni dragones, tan solo una sociedad tranquila.

Por otro lado, tenemos a la doctora Angela Meerson, una matemática del futuro que ha desarrollado una máquina que en teoría permite viajar a universos paralelos. Solo que no existen esos universos, lo que hace su máquina es viajar en el tiempo, con lo que se podrían producir paradojas temporales que alterasen el futuro. Por eso decide viajar al pasado, para desde allí poder trabajar en su proyecto sin que su jefe, el villano de la historia, pueda utilizarlo.

Angela fabrica otra máquina y decide programarla para que lleve al Anterworld de su amigo el profesor. Un mundo imaginario sin conexión con el real, en una especie de prueba de laboratorio que no ponga en peligro la existencia de la continuidad temporal. Pero Angela la esconde en el sótano de Lytten, y así es como accidentalmente Rosie, la niña que cuida al gato del profesor, acaba entrando en Anterworld y alterando el experimento de forma muy peligrosa.

Y así va la trama, saltando del Oxford de los años 60 con la Guerra Fría a todo trapo y la paranoia de los espías rusos en pleno apogeo, a la tranquilidad de Anterworld y su sociedad agrícola y no tecnológica, al futuro distópico con su tecnocracia que ha prohibido los sentimientos. ¿Está Anterwold en el pasado o en el futuro? ¿Y es posible destruir el futuro desde el pasado? ¿O el pasado desde el futuro?

Un lío, ¿verdad? Pero muy entretenido, una vez que uno empieza a entender de qué va la historia. Lástima que haya que avanzar 200 páginas para conseguirlo, porque a ratos dan ganas de rendirse.

La pega del libro, sobre todo, es que los personajes no están muy desarrollados, no se sabe muy bien por qué hacen las cosas. Tal vez Lytten quiere el éxito de Tolkien, aunque tampoco parece muy preocupado por publicar su libro. De los demás, ni idea de qué los motiva.

Acabo de enterarme de que hay una aplicación gratuita asociada al libro, aunque tengo ni idea de lo que hace, pero si alguien piensa leer este libro podría ser interesante descargarla. Las cosas que inventan.

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“El Trono de Jade”, de Naomi Novik

Pues sí. Me leí dos libros de Temeraire seguidos. Así, a lo loco.

¿Tanto me gustó el primero? No, la verdad, pero me entretuvo, el bicho me cayó bien y me lo leí en un ratito de nada, así que me lancé a por el siguiente. Y esto fue en septiembre, que es una vergüenza lo abandonado que tengo el blog, pero he hecho propósito de enmienda y pienso ponerme al día y publicar al menos un post a la semana, porque de verdad que leer, leo un montón. Un libro a la semana no es descabellado.

Pero volviendo a los dragones napoleónicos, en esta segunda entrega el sosainas del capitán Lawrence debe viajar a China, ya que el Emperador está más que cabreado de enterarse de que su regalo para Napoleón ha acabado en manos de un don nadie, así que lo quiere de vuelta, con o sin jinete. Pero Temeraire no está dispuesto a dejar a Lawrence, y Lawrence no piensa abandonar a Temeraire, así que allá se van los dos a China. En barco.

¿Por qué van en barco? Porque el viaje atravesando el continente no es posible debido a los riesgos de la guerra. Así que toca hacer un largo viaje rodeando África y atravesando el océano Índico. Pero largo, ¿eh? Un verdadero tostón en el que apenas ocurre nada, salvo algunos mareos, unas cuantas cenas de gala y muchas ofensas diplomáticas que se deshinchan enseguida porque es muy difícil hacer una salida llena de justa indignación cuando se está encerrado en un barco.

Y luego llegan a China y pasan un par de cositas y fin.

Vale, en China hay algo de acción, e incluso una conspiración en la familia del Emperador. Temeraire aprende mucho de la sociedad China, en la que los dragones abundan y se pasean por las calles y tienen trabajos, y acaba prácticamente convertido en un socialista, para consternación de su jinete. Pero esta parte es tan corta comparada con el largo viaje que parece casi inexistente.

La conclusión es que no creo que lea más libros de la serie, al menos en una larga temporada. Tal vez el año que viene…

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