“Assassin’s Quest”, de Robin Hobb

Por fin he leído el tercer y último libro de la serie de Farseer y, sin entrar en spoilers, tengo que decir que el final me ha parecido completamente desazonador.

El agotador viaje de Fitz para buscar a Verity y restaurarlo como legítimo rey llega a su fin, y el resultado es completamente inesperado. Todo se resuelve, sí, y la línea de los Farseer tiene asegurada su continuidad, incluso Regal recibe su merecido al fin. La guerra contra los Barcos Rojos también acaba, incluso se da una explicación a cómo se producen los Forjados.

Pero, ¿qué sentido tiene si para nuestro héroe lo único que hay en su vida es infelicidad y sufrimiento? Casi 2000 páginas de lectura y lo único que recibe Fitz por su lealtad y sus sacrificios es una vejez prematura y soledad. Un bajón total.

O tal vez es una forma de asegurarse que el lector siga con la siguiente trilogía, que retoma la trama 15 años más tarde. Tal vez ahí Fitz consiga salir por fin de la miseria total. No sé, ahora mismo no me siento con ánimo de más desgracias.

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“Royal Assassin”, de Robin Hobb

Hace un porrón de años leí una novela titulada Assassin’s Apprentice, que me gustó muchísimo, así que no sé por qué no leí el siguiente libro de la serie inmediatamente. Tal vez porque cuando lo empecé no sabía que había más libros y me dio rabia quedarme sin saber el final. Una tontería porque habría bastado con seguir leyendo…

La cuestión es que el segundo libro lleva desde entonces en mi lista de lecturas pendientes, y por fin me he decidido a sacarlo de ahí, así que he releído el último capítulo del primer libro y me he lanzado.

La historia continúa justo donde se había quedado, con Fitz, el bastardo sin nombre convertido en envenenador del rey ha sobrevivido por los pelos al complot de su tío Regal para asesinarlo, y ha conseguido evitar el complot de Regal para matar a su hermano Verity, el heredero al trono, durante su boda por poderes. Fitz, terriblemente debilitado tras el envenenamiento sufrido, debe regresar a casa para continuar al servicio del Rey.

Las incursiones de los Barcos Rojos siguen asolando la costa de los Siete Reinos, y es la nueva esposa de Verity la que parece dar con la solución: ir a buscar a los míticos Elderlings, a las montañas del norte. Y entonces Verity toma una decisión que parece una locura, y que según va avanzando la novela va quedando claro que efectivamente, lo es.

Por otra parte, Molly, la amiga de la infancia de Fitz y objeto de sus amores se presenta en el castillo buscándolo tras la muerte de su padre, y descubre por fin su identidad, con el consiguiente cabreo, con lo que el muchacho se puede pasar varios cientos de páginas lamentándose de que Molly no quiere ni dirigirle la palabra.

Todo va fatal para el pobre Fitz, hasta acabar de la peor forma posible. ¡Y todavía falta un libro para acabar la serie! Esto es llevar demasiado lejos lo del libro de transición, creo yo. Pero por lo menos hay un desarrollo en los personajes, así que no me voy a quejar demasiado y me voy directamente a leer el tercero.

 

 

 

“Aprendiz de asesino”, de Robin Hobb

Aprendiz_de_asesinoAl poco de empezar a leer este libro, me di cuenta de que ya lo había leído, pero en inglés. Es asombroso lo que puede cambiar las cosas una traducción.

El protagonista es un niño, hijo bastardo del príncipe heredero al trono. A los 6 años su abuelo materno lo lleva a la corte y lo deja allí, para que su padre se haga cargo de él. Allí crece el chaval, sin ver nunca a su padre, que pretende protegerlo de las intrigas de la corte, y sin que se le de un nombre: sólo se dirigen a él como “chico” o “bastardo”, o a veces como Traspié. Y ahí está una de las mayores diferencias con la edición original, en la que usan la partícula Fitz, que significa bastardo. Un Fitzwilliam es un bastardo de un William, un Fitzroy, del rey. Es de lo más despectivo y humillante, mientras que Traspié suena a mote graciosillo.

Por supuesto, tratándose de una novela fantástica, tiene que haber magia, que en esta ocasión se manifiesta en la capacidad de los miembros de la familia real para la telepatía y la coerción. Pero en lugar de emplearlo en esto, a nuestro protagonista lo destinan a otra tarea: la de espía y asesino real.

Como es el primer libro de una trilogía, la cosa queda sin rematar, con el reino amenazado por unos temibles piratas, que secuestran pueblos enteros y piden un rescate bajo la amenaza de devolverlos, pero totalmente despojados de sentimientos humanos.

No sé si me animaré a continuar la trilogía, me parece que avanza con demasiada lentitud.