“A Corner of White”, de Jaclyn Moriarty

Hace poco leí este artículo sobre las 50 mejores novelas fantásticas de este siglo, y como me encantan esa clase de listas me apunté un montón de futuras lecturas, entre ellas esta novela juvenil. Los protagonistas son dos chicos de 15 años: Madeleine, en Cambridge, vive con su madre de forma bastante precaria después de que ambas abandonaran a su padre millonario; Elliot también ha perdido a su padre, pero él vive en el mundo de Cello, un universo paralelo en el que los Colores atacan periódicamente a la gente. Una pequeña ranura entre los dos mundos permite a los chicos comunicarse por carta, como dos extraños amigos por correspondencia.

Cada capítulo está narrado desde el punto de vista de uno de los chicos, alternando ambos mundos, y al principio incluye una cita de una guía turística de Cello, lo que ayuda a explicar sus peculiaridades sin interrumpir la narración. La autora hace también una cosa muy inteligente, que es que en Cello son conscientes de la existencia de nuestro mundo, por lo que Elliot no necesita muchas explicaciones que resultarían totalmente innecesarias para el lector. Así que Madeleine solo tiene que contarle las particularidades de su propia vida. Y así, lo que en principio parece simplemente la historia de dos chicos infelices contándose sus problemas se va desarrollando en una trama que implica a los dos mundos, con intrigas políticas, secuestros y conspiraciones.

Es una historia muy original, sobre todo la parte de los Colores de Cello, una especie de vientos que atacan a la población de diversas maneras, pudiendo llegar a matarlos, y para los que la única protección es resguardarse bajo techo. Es uno de estos ataques el que se supone responsable de la desaparición del padre de Elliot.

La novela es bastante lenta en arrancar y no es hasta el final que se ve la relación entre las dos tramas argumentales, pero claro, es la primera de una serie de tres. Ya tengo el segundo preparado en mi Kindle.

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“The Bear and the Nightingale”, de Katherine Arden

A esta novela llegué por recomendación de Goodreads, y hay que ver qué bien me conocen porque es el libro que más me ha gustado el año pasado, me ha encantado. Se trata de un cuento de hadas del folklore tradicional ruso y al mismo tiempo una historia llena de realismo, que describe a la perfección la dureza, el frío y el hambre de los largos meses de invierno.

Vasilisa vive salvaje y feliz en las tierras de su padre, junto a los bosques inexplorados de Rusia. Ella es la única en su casa que es capaz de ver a los espíritus del bosque y el hogar, pero aún así todos en la aldea les dejan pequeñas ofrendas para que los ayuden en los tiempos difíciles. Pero las cosas cambian cuando su padre vuelve a casarse y con su nueva esposa llega también un nuevo sacerdote, que pretende erradicar de una vez por todas las viejas supersticiones.

Como no sé nada de la mitología rusa salvo lo poquito que he leído sobre Baba Yaga, todos estos cuentos preciosos que forman parte de esta historia me han resultado de lo más exótico. El espíritu del hogar que vive en lo más profundo del horno y los mantiene calientes en invierno, la malvada ninfa del lago que se muestra a los incautos para arrastrarlos bajo el agua cuando se quedan fascinados mirándola, y sobre todo ese Oso terrorífico que parece capaz de devorar al pueblo entero; Vasilisa sabe que todos son necesarios para que su gente pueda sobrevivir al invierno y se desespera al verlos desaparecer uno a uno. Pero lo peor está por llegar cuando Morozco, el Rey del Invierno, se encapricha de Vasilisa, los espíritus están demasiado debilitados como para ayudarla y parece que podría ser el fin de todo el pueblo.

Es un libro maravilloso de principio a fin. Las leyendas rusas son preciosas y crean una atmósfera en la que los personajes se desenvuelven como si también fueran espíritus legendarios. Lo he leído en apenas un par de días, aunque el ritmo con el que se desarrolla la acción no es muy rápido pero es tan bonito que en realidad uno no tiene prisa por avanzar demasiado. Es el primero de una trilogía y estoy deseando empezar el siguiente.

“Arcadia”, de Iain Pears

La editorial Planeta me envió este libro para que hiciera una reseña con mi opinión. Estas cosas me ponen un poco nerviosa, porque me daría pena que no me gustara el libro después de que han tenido la amabilidad de regalármelo, pero por otra parte no voy a mentir y decir que me ha gustado si no ha sido así.

Por suerte, no me voy a ver en un compromiso porque, aunque no haya sido mi lectura favorita del año, sí que me ha gustado.

La acción se desarrolla en tres escenarios distintos: por una parte, el Oxford de los años 60, en el que el profesor Henry Lytten, ya retirado de la enseñanza, trabaja intensamente en las notas de su novela, que transcurre en un mundo bucólico creado por él llamado Anterworld. Es como una especie de Tolkien, a quien incluso menciona como conocido, con su grupo de profesores escritores con los que se reúne semanalmente en plan Inklins y todo. Pero Lytten quiere un universo distinto al de Tolkien, sin magia ni dragones, tan solo una sociedad tranquila.

Por otro lado, tenemos a la doctora Angela Meerson, una matemática del futuro que ha desarrollado una máquina que en teoría permite viajar a universos paralelos. Solo que no existen esos universos, lo que hace su máquina es viajar en el tiempo, con lo que se podrían producir paradojas temporales que alterasen el futuro. Por eso decide viajar al pasado, para desde allí poder trabajar en su proyecto sin que su jefe, el villano de la historia, pueda utilizarlo.

Angela fabrica otra máquina y decide programarla para que lleve al Anterworld de su amigo el profesor. Un mundo imaginario sin conexión con el real, en una especie de prueba de laboratorio que no ponga en peligro la existencia de la continuidad temporal. Pero Angela la esconde en el sótano de Lytten, y así es como accidentalmente Rosie, la niña que cuida al gato del profesor, acaba entrando en Anterworld y alterando el experimento de forma muy peligrosa.

Y así va la trama, saltando del Oxford de los años 60 con la Guerra Fría a todo trapo y la paranoia de los espías rusos en pleno apogeo, a la tranquilidad de Anterworld y su sociedad agrícola y no tecnológica, al futuro distópico con su tecnocracia que ha prohibido los sentimientos. ¿Está Anterwold en el pasado o en el futuro? ¿Y es posible destruir el futuro desde el pasado? ¿O el pasado desde el futuro?

Un lío, ¿verdad? Pero muy entretenido, una vez que uno empieza a entender de qué va la historia. Lástima que haya que avanzar 200 páginas para conseguirlo, porque a ratos dan ganas de rendirse.

La pega del libro, sobre todo, es que los personajes no están muy desarrollados, no se sabe muy bien por qué hacen las cosas. Tal vez Lytten quiere el éxito de Tolkien, aunque tampoco parece muy preocupado por publicar su libro. De los demás, ni idea de qué los motiva.

Acabo de enterarme de que hay una aplicación gratuita asociada al libro, aunque tengo ni idea de lo que hace, pero si alguien piensa leer este libro podría ser interesante descargarla. Las cosas que inventan.

“El Trono de Jade”, de Naomi Novik

Pues sí. Me leí dos libros de Temeraire seguidos. Así, a lo loco.

¿Tanto me gustó el primero? No, la verdad, pero me entretuvo, el bicho me cayó bien y me lo leí en un ratito de nada, así que me lancé a por el siguiente. Y esto fue en septiembre, que es una vergüenza lo abandonado que tengo el blog, pero he hecho propósito de enmienda y pienso ponerme al día y publicar al menos un post a la semana, porque de verdad que leer, leo un montón. Un libro a la semana no es descabellado.

Pero volviendo a los dragones napoleónicos, en esta segunda entrega el sosainas del capitán Lawrence debe viajar a China, ya que el Emperador está más que cabreado de enterarse de que su regalo para Napoleón ha acabado en manos de un don nadie, así que lo quiere de vuelta, con o sin jinete. Pero Temeraire no está dispuesto a dejar a Lawrence, y Lawrence no piensa abandonar a Temeraire, así que allá se van los dos a China. En barco.

¿Por qué van en barco? Porque el viaje atravesando el continente no es posible debido a los riesgos de la guerra. Así que toca hacer un largo viaje rodeando África y atravesando el océano Índico. Pero largo, ¿eh? Un verdadero tostón en el que apenas ocurre nada, salvo algunos mareos, unas cuantas cenas de gala y muchas ofensas diplomáticas que se deshinchan enseguida porque es muy difícil hacer una salida llena de justa indignación cuando se está encerrado en un barco.

Y luego llegan a China y pasan un par de cositas y fin.

Vale, en China hay algo de acción, e incluso una conspiración en la familia del Emperador. Temeraire aprende mucho de la sociedad China, en la que los dragones abundan y se pasean por las calles y tienen trabajos, y acaba prácticamente convertido en un socialista, para consternación de su jinete. Pero esta parte es tan corta comparada con el largo viaje que parece casi inexistente.

La conclusión es que no creo que lea más libros de la serie, al menos en una larga temporada. Tal vez el año que viene…

“His Majesty’s Dragon”, de Naomi Novik

Seguramente Temeraire es el dragón más encantador con el que me he encontrado en todos mis años de lectura, y eso que yo entré en la novela fantástica con Smaug a los 8 años.

Se me ocurren otras series de libros que tratan de las guerras napoleónicas, como por ejemplo la de Patrick O’Brian del capitán Aubrey y su fiel amigo Maturin, que me leí enterita —los 20 libros— hace ya años. La diferencia es que en esta hay dragones. A montones, en todos los ejércitos y combatiendo, con una tripulación a cuestas como si fuera un navío más.

La historia empieza con la captura por parte de un navío de la Armada británica de un barco francés en el que transportan un huevo de dragón a punto de eclosionar. No hay tiempo de llegar a tierra para entregarlo al Cuerpo del Aire para que busquen un jinete adecuado, así que tendrá que salir de entre la tripulación del buque, que deberá abandonarlo todo para irse con su nueva montura. Al joven dragón recién nacido no se le ocurre mejor cosa que elegir al capitán, un tipo de buena familia, recto, estirado y bastante soso, para quien su nueva posición significa abandonar a su familia, sus planes de matrimonio y su carrera militar. A cambio tiene la compañía leal y constante de Temeraire, un dragón luchador al que le gusta que le lean tratados de matemáticas. ¿Qué puede haber mejor?

Los dragones de Naomi Novik me recuerdan un poco a los de la serie de Los Dragoneros de Pern, por aquello del vínculo con sus jinetes, aunque aquí no es tan fuerte y no hay telepatía. En cambio, su pasión por el oro y las joyas es más propia de los dragones de la mitología nórdica. Lo más original es el haberlos emplazado en el pasado como si hubieran sido un elemento de lo más normal en la época.

Por lo demás, aparte de pasar por alto las leyes de la física y la economía, es una lectura fácil y entretenida.

“Los hijos de Anansi”, de Neil Gaiman

No sé por qué razón dejé pasar tantísimo tiempo entre American Gods y esta secuela que no es secuela propiamente dicha, sino que comparte algunos personajes del primero. Vamos, que no es necesario haber leído American Gods antes, salvo por el hecho de que es un libro magnífico.

Gordo Charlie Nancy es un tipo corriente, casi anodino, un contable que vive en Londres y que trata de pasar lo más desapercibido posible. Nunca le ha gustado llamar la atención, eso ya lo hacía bastante su padre, quien le puso el mote y lo avergonzó siempre que pudo. Pero ahora a Gordo Charlie no le queda más remedio que volver a los EEUU para asistir al funeral de su padre, y allí descubre muchas cosas desagradables. Para empezar, que su padre era un antiguo Dios africano venido a menos: Anansi, el dios araña de los trucos y el engaño. Y descubre también que tiene un hermano, mucho más parecido a su padre que él, llamado, cómo no, Araña.

Araña sigue a Gordo Charlie de vuelta a casa y se dedica a desbaratar su vida, en profundidad y con gran eficacia, de forma absolutamente hilarante, y todos los dioses se apresuran a coger sitio para ver el espectáculo. Después de haber sido víctimas de los trucos de Anansi durante miles de años, ver sufrir a  sus hijos les resulta de lo más divertido.

Algunas historias de Gaiman están escritas para niños, y su truculencia me resulta impactante como adulta. Esta está escrita para adultos, y al leerla me he sentido maravillada como cuando era una niña.

 

“Assassin’s Quest”, de Robin Hobb

Por fin he leído el tercer y último libro de la serie de Farseer y, sin entrar en spoilers, tengo que decir que el final me ha parecido completamente desazonador.

El agotador viaje de Fitz para buscar a Verity y restaurarlo como legítimo rey llega a su fin, y el resultado es completamente inesperado. Todo se resuelve, sí, y la línea de los Farseer tiene asegurada su continuidad, incluso Regal recibe su merecido al fin. La guerra contra los Barcos Rojos también acaba, incluso se da una explicación a cómo se producen los Forjados.

Pero, ¿qué sentido tiene si para nuestro héroe lo único que hay en su vida es infelicidad y sufrimiento? Casi 2000 páginas de lectura y lo único que recibe Fitz por su lealtad y sus sacrificios es una vejez prematura y soledad. Un bajón total.

O tal vez es una forma de asegurarse que el lector siga con la siguiente trilogía, que retoma la trama 15 años más tarde. Tal vez ahí Fitz consiga salir por fin de la miseria total. No sé, ahora mismo no me siento con ánimo de más desgracias.