“Unwind”, de Neal Shusterman

Connor, Risa y Lev van a ser “desconectados”, por diferentes motivos. Connor es un adolescente difícil, problemático, el típico rebelde. Risa es una huérfana sin ningún talento especial, y Lev ha sido concebido y criado como diezmo por una familia ultrareligiosa, destinado a la desconexión desde el principio.

La desconexión fue la solución a la Segunda Guerra Civil, centrada en los derechos reproductivos, una forma de contentar tanto a los provida como a los defensores del aborto. Una especie de aborto retroactivo que se puede solicitar mientras el chico no cumpla la mayoría de edad, y que no ofende los sentimientos religiosos de nadie puesto que todos los órganos se aprovechan para trasplantes, con lo que técnicamente la vida sigue. Y el mercado de órganos florece.

Una memez como un piano de grande. Que no digo yo que no haya demanda de órganos para trasplantes, y gente muy loca a la que no le importa de dónde venga el hígado nuevo con tal de hacerse con él. Pero liquidar chavalines así, a mansalva, y con el beneplácito de sus padres, como que no lo veo. Ni siquiera para los especímenes que sacan en Hermano Mayor.

Y con esta idea tan loca, el autor va describiendo una sociedad de lo más antipática, con conspiraciones unas dentro de otras y gente malvada haciendo, pues eso, maldades. Una detrás de otra, sin mucho sentido la mayoría de las veces, llegando a su punto álgido cuando describe la recolección de órganos de uno de los chicos, que según la ley se debe hacer manteniéndolo consciente todo el tiempo posible. Supongo que para así poder escribir precisamente esa escena, desagradable hasta la náusea.

No voy a leer los siguientes libros de la serie. Incluso me ha quitado las ganas de leer nada de este autor, que por otra parte, últimamente tiene mucha fama como escritor de literatura juvenil. Será porque es de los que escriben para generar polémicas, en vez de generar polémicas por lo que escriben.

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“El cuento de la criada”, de Margaret Atwood

criadaHace poco la siguiente cita de Margaret Atwood: “‘¿Por qué los hombres se siente amenazados por las mujeres?’, le pregunté a un amigo mío. ‘Tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos’, dijo. Entonces le pregunté a unas estudiantes de una de mis clases de poesía, ‘¿Por qué las mujeres se sienten amenazadas por los hombres?’ ‘Tienen miedo de que las maten’, contestaron.”

Habrá quien piense que es una exagerada y una feminista radical (como si pudiera haber feminismo moderado, qué inutilidad), pero yo pensé que tenía que leer alguna de sus novelas de inmediato. Me decidí por El cuento de la criada, considerada una de sus novelas más importantes. Se trata de una distopía en la que, tras una catástrofe nuclear que ha reducido la fertilidad al mínimo, en los EEUU se ha instaurado una teocracia que ha quitado todos sus derechos a las mujeres, que pasan a ser propiedad del Estado. Además, siguiendo la historia bíblica de Sara y Agar, las mujeres fértiles son entregadas a los hombres de más alto rango, afines al gobierno, para darles hijos, que les serán arrebatados para que los críen esos hombres con sus esposas legítimas y estériles.

La historia la narra una de estas mujeres, que cuenta su experiencia en casa de un comandante del ejército, mientras va recordando su vida anterior, con su marido y su hija. Cuenta el terror de ser considerada una traidora y enviada a trabajar a una de las zonas contaminadas, llevando una vida aún peor que someterse una vez al mes a la violación por parte de su señor, y va recordando el adoctrinamiento que sufrieron ella y otras como ella a manos de las tías, mujeres mayores encargadas de enseñarles esta nueva virtud extrema.

Varias veces estuve a punto de dejar esta lectura. No porque no me gustara el tema, sino porque ya en el primer capítulo se narra la muerte de un bebé, nacido con malformaciones, cosa que encontré muy desagradable. Ya lo sé, me he vuelto una floja desde que tengo un bebé propio, qué se le va a hacer. Tampoco me gusta leer sobre violaciones, me da mucho repelús. Y el terrible machismo de toda la historia me ha cabreado hasta ponerme de los nervios. Una de las partes que más rabia me dio fue cuando el comandante se pone a recordar con nostalgia tiempos pasados, pero dice que querían hacer que todo fuera mejor, pero que nunca las cosas pueden ser mejor para todos.

O sea, que vamos a pisotear al 50% de la población para que los varones estén contentos. Y lo peor es que hay muchos que piensan así en realidad. Ayer mismo en una conversación con alguien del trabajo, me decía que hay profesiones en las que cree que los hombres están más capacitados por su físico, pero que si una mujer es mejor, le parece bien que le den el empleo. ¡Pues no tiene que ser mejor! Solo tiene que ser lo suficientemente buena, que es lo que se le exige a un hombre para el puesto.

Supongo que para algunos hombres es otra forma de hacer el ridículo, que una mujer sea mejor que ellos en algo.

Pero volviendo a la novela, a pesar de los momentos desagradables y de lo opresivo de la historia, me ha hecho seguir leyendo hasta el final. Porque esta fantasía perversa está muy cerca de la realidad de muchos países.

“Divergent”, de Veronica Roth

La sociedad del Chicago de este futuro está dividida en cinco facciones: Amistad, Abnegación, Candor, los Eruditos y los Intrépidos. No sabemos lo que pasa fuera de la ciudad, puesto que nadie abandona sus límites y no nos cuentan lo que hay fuera.

Cada facción defiende una virtud, o más bien culpa a un rasgo de la personalidad humana de los problemas del mundo. Los que culpan a la agresividad eligen la Amabilidad, los que culpan a la cobardía, la Intrepidez; los que culpan a la ignorancia, la Erudición; los que culpan a la mentira, la Honestidad; y los que culpan al egoísmo, la Abnegación.

La protagonista se ha criado en la facción de la Abnegación, y al cumplir 16 años debe elegir cual va a ser su facción. Para ello, todos los chicos pasan por una prueba, una simulación que permite detectar el rasgo que predomina en su carácter, pero después pueden elegir libremente. El resultado de la prueba de Tris es inconcluyente, lo que significa que es una Divergente, que no pertenece realmente a ninguna facción. Pero aun así, Tris elige a los Intrépidos.

La mayor parte de la historia se centra en el periodo de iniciación, las tres semanas de entrenamiento para convertirse en Intrépidos por las que pasa el grupo de Tris. Y de paso se va revelando una conspiración entre facciones para derribar el gobierno, que siempre forman los Abnegados.

A ratos la historia es un poco simplona, con unos malos malísimos y unos buenos que además están buenísimos, pero por lo demás está bastante bien. Seguramente la habría disfrutado mucho más si no hubiera leído antes Shades of Gray, otro futuro distópico en el que la gente está dividida en grupos, pero de forma aun más absurda: por el rango de colores que pueden percibir. Y donde los colores complementarios apenas si toleran dirigirse la palabra. Esa sí que es una novela original y divertida, de la que estoy deseando leer la segunda parte. En cuanto a la de Divergent, bueno, ya veremos si me animo a continuar la trilogía.