El mercado de Kimirongo

Un volcán de harina

Un volcán de harina

Después del tormentón del fin de semana pasado hemos tenido unos días muy buenos, sin lluvia y con mucho calor. La clase de clima que a mí me gusta, vamos. La cosa duró justo hasta el sábado por la tarde, que ya empezó a llover otra vez, pero por la mañana hizo un día estupendo y pudimos ir a dar un paseo al mercado de Kimirongo.

Me encantan los mercados de sitios exóticos, siempre hay un montón de frutas extrañas, e incluso los productos que conocemos se venden de otra manera. Por ejemplo, aquí la harina la tienen en grandes montañas perfectamente cónicas, y en un momentito hacen un paquetito con la cantidad que uno quiera.

El de Kimirongo es un mercado muy grande en el que hay absolutamente de todo. Nada más entrar hay unos puestos de carnicería, con baldosas blancas y todo, aunque me temo que la refrigeración brilla por su ausencia. Luego están los puestos de telas y a continuación un montón de mujeres con sus máquinas de coser, la mayoría Singer de pedales que deben de tener más años que la tos. Si no pesaran tanto me llevaría una.

Costureras en Kimirongo

Costureras en Kimirongo

Todos los puestos están apiñados unos contra otros, con pasillos estrechos por los que pasar, y agrupados más o menos por el tipo de mercancías, aunque se pasa casi sin transición del textil a la ferretería y de ahí a la fruta.

Siendo sábado por la mañana, estaba abarrotado de señoras haciendo sus compras con sus bebés atados a la espalda y de vendedoras con sus productos en equilibrio sobre la cabeza, y el olor era tan espeso que casi era tangible.

Imagen 347

Y al final del mercado están los puestos de pescado seco, y allí sí que el olor ya se hace visible. Menos mal que no tenían pescado fresco. Justo en esa zona vimos a una madre con un bebé de lo más extrovertido, se iba con el primero que se le acercase. Incluidos nosotros, claro.

IMG_0895

Por la tarde ya se puso a llover y se acabaron los paseos, pero fue una mañana muy agradable e hicimos un millón de fotos. Subiré unas cuantas más a mi cuenta en flickr.

Umuganda

Y otra vez en Kigali, aunque parece que será la última. Llevamos aquí desde el martes y nos quedaremos tres semanas. Eso si no tenemos problemas con la vuelta, porque los billetes se compraron a través de Viajes Iberia justo antes de que quebrara, así que aún estamos intentando averiguar si está todo en orden.

Hoy es el último sábado del mes, es decir, Umuganda, el día del trabajo comunitario en Ruanda. Todos los ruandeses tienen la obligación de dedicar la mañana a hacer pequeños trabajos de mantenimiento en sus barrios, así que todas las tiendas están cerradas y no hay ni taxis. Como no se puede hacer gran cosa en un día así, decidimos salir a dar un paseo por los alrededores del hotel y hacer algunas fotos.

Hoy ha hecho mucho calor, así que no fuimos muy lejos, pero encontramos varios grupos de niños jugando a la pelota o a las cartas. Son muy graciosos, porque o bien posan encantados de la vida o se esconden corriendo e incluso se echan a llorar, sobre todo los más pequeños, así que pudimos sacar alguna foto interesante.

Imagen 157

He subido algunas fotos más a mi cuenta de flickr.

Y después de un día tan caluroso, un poco antes de las 6 de la tarde, cuando ya se iba a poner el sol, cayó este tormentón.

Acto seguido ha empezado a caer granizo del tamaño de garbanzos, mientras seguía el ventarrón. ¡Se me ha quedado la mano congelada por hacer la foto!

wpid-20130223_175540.jpg

Ahora ya es noche cerrada y han parado el viento y la lluvia. Desde luego aquí hay una cosa que cambia, el clima sigue tan loco como siempre.

Victoria

2012-12-04 18.55.12Se suponía que hoy tenía que coger un avión de vuelta a casa, pero no ha sido así. A última hora en mi empresa han decidido que tenía que volver a Entebbe por un par de días.

La noticia me sentó bastante mal, sobre todo porque me llegó con muy poca antelación, y porque tras mes y medio fuera de casa ya tenía ganas de volver. No voy a decir cómo se llama la empresa para la que trabajo, pero a veces me parece que podría muy bien llamarse la T.I.A. Sabiendo que teníamos que coger un avión desde Kigali esta mañana a las 7, hasta ayer a las 10 de la noche no conseguimos reserva en un hotel, y eso porque la hice yo misma online.

Lo bueno ha sido que no había habitaciones en el hotel en el que estuve la vez anterior, al principio de este viaje, así que de entre las opciones que nos ofreció Google elegimos el Protea Hotel.

2012-12-04 10.21.05Qué gran acierto. El hotel es nuevecito, moderno, con habitaciones amplias y con buen aspecto, y literalmente pegado al lago Victoria. Todas las habitaciones tienen su terracita con vistas al lago y se oyen las olas con toda claridad. Esta tarde nos hemos sentado en la terraza del bar a tomar un te con pastas mirando al lago y viendo el atardecer. Mañana intentaré hacer fotos de todos los pájaros que hay por la orilla buscando comida, hay montones de especies distintas.

Este país me gusta más que Ruanda. Todo es más organizado, más rápido y mejor hecho, desde las casas a los camareros. Las carreteras están en mejor estado, los coches ni la mitad de destartalados y la comida, al menos en este hotel, es mucho mejor.

Estaremos aquí hasta el jueves, o eso nos han dicho. En la T.I.A. nunca se sabe.

 

¡Terremoto!

Vale, fue un temblorcito y mucha gente ni se enteró. Pero ayer por la tarde, a eso de las 18:25, se sintió un temblor de tierra en Kigali, que hizo temblar la cama y la mesa de la habitación del hotel.

Esta mañana he visto que fue un terremoto de 4.9 grados con epicentro en el sur de Uganda, donde está la estrellita en el mapa, pero es el más fuerte que he sentido en mi vida. Si es que en este país no hay ni un segundo de aburrimiento…

Esta semana me ha tocado trabajo de campo con algunos de mis compañeros, en vez de quedarme en el aeropuerto. Es curioso, con alejarse del centro de Kigali unos 15 minutos, como cambia el paisaje y la gente. Las casitas son de adobe, de una sola habitación, y suelen cocinar fuera en una hoguera. Normalmente tienen un poquito de terreno en el que plantan algunas verduras o un par de plataneros. Los niños van mal vestidos y a veces descalzos, aunque no parecen hambrientos.

En la ciudad los blancos somos una curiosidad para los niños, que nos señalan y nos llaman “mzungu!”, o caminan a nuestro lado para echarnos un buen vistazo. Pero al salir al campo sembramos el terror entre los más pequeños. Muchas veces nos paramos cuando vemos un grupo de niños para darles caramelos y hacer un par de fotos, y en general vienen todos a ver qué tenemos para ellos. Pero a los más pequeñitos les damos pavor, se echan a llorar y se escapan corriendo como si los estuviera persiguiendo un diablo blanco. La verdad es que nos partimos de risa con su reacción, pobres.

Restaurantes en Kigali

Pollo enrollado servido en Taka Tak del Saafran

Cuando empezamos a venir a Ruanda hace tres años no conocíamos nada de esto, así que solíamos quedarnos a cenar en el hotel. La cosa no carecía de interés, puesto que podías pedir un mismo plato tres veces y a la cuarta te traían algo totalmente distinto. También podía resultar divertido intentar variar un plato. Algo como “pero lo quiero sin la guarnición” inevitablemente acababa en doble ración de guarnición para el osado que había querido desconcertar al cocinero. Pero aparte de un uso sorprendente de la zanahoria rallada (¡en los perritos calientes!) al cabo de unos días la carta se hacía escasa.

Con el tiempo hemos ido explorando y descubriendo restaurantes en Kigali que nos han ayudado a salir de la rutina. El primero fue el Flamingo, un restaurante chino estupendo que encontramos cerca del trabajo y que nos salvó las comidas a diario, con la única pega de que cierra los lunes. Después fue el New Cactus, con sus deliciosas empanadillas de queso de cabra y bacon bañadas en miel, y el Shokola, un restaurante árabe con unos batidos de frutas geniales, aunque por desgracia ahora ha cerrado en su antigua localización y solo queda una versión más reducida cerca del hotel Umubano. Algunos de mis compañeros se pirran por las quesadillas del Heaven, aunque siempre que he ido allí han tardado tanto en servir la comida (aún más de lo habitual por estos lares) que hasta se me había pasado el hambre. También está el Green Corner, en el sector musulmán, cuya especialidad es la tilapia a la brasa que hay que comer con las manos, acompañada de unas patatas asadas picantes muy ricas. Otro chino muy bueno es el Zen, y el indio al que van los indios es el Saffran, también estupendo, aunque algunos platos son tan picantes que parece tus terminaciones nerviosas están pidiendo clemencia. Hay un par de italianos en los que hacen buenas pizzas, sobre todo el Sol e Luna, cerca del aeropuerto. El otro día comí allí una pizza con patata y salchichón picante que estaba estupenda.

Uno de los deliciosos platos del Sakae

Pero el mejor restaurante de Kigali, sin duda, es el Sakae, en la zona de Nyarutarama. Se trata de un restaurante japonés, muy grande y bonito pero escondido en una calle secundaria, en el que incluso se puede comer sushi. De dónde sacan un pescado tan fresco es para mí un misterio, que yo he visitado los mercados locales y sé lo que hay allí. También tienen de esas planchas en las que se sientan los comensales alrededor y el cocinero te va preparando los platos, una delicia. El solomillo es de verdad, una pieza de carne hecha vuelta y vuelta, y bien cortada, no como si lo hubieran arrancado a machetazos de una vaca que es lo normal en este país. Mi plato favorito es el pollo teriyaki, que sirven en una plancha metálica muy caliente todavía chisporroteando y acompañado de un bol de arroz, pero hay otros muchos para elegir, no es de esos restaurantes en los que solo hay un par de platos que merezcan la pena de toda la carta. También es uno de los pocos restaurantes en los que sirven rápido, ideal para ir a comer sin perder media tarde de trabajo. Supongo que es porque nunca hay demasiada gente. Así que, que no se corra demasiado la voz, no vaya a ser que se estropee, pero está claro que el Sakae de Kigali es para chuparse los dedos.

Poca comida y mucha sopa

Ayer durante la comida comentamos con uno de los ugandeses con los que estamos trabajando que nos sorprende la cantidad de comida que se sirven, unos platazos repletos y rebosantes, y nos explicó que la de mediodía era la única comida fuerte que hacen al día. Mucha gente no desayuna, y apenas cenan. Le preguntamos qué le había parecido la comida cuando estuvo en España, si le había gustado, y nos contestó que sí, pero que siempre había poca comida y mucha sopa. Ante nuestras caras de desconcierto nos lo explicó. En Uganda, y creo que en más países de África, hay dos categorías de alimentos. Por un lado esa harina de maíz hervida hasta adquirir la consistencia de engrudo, otra muy parecida de color blanco que ya es tan densa que se corta en adoquines, y también el arroz se consideran comida. De todo esto se sirven unas raciones considerables, y a continuación se añade la sopa, que puede ser un guiso de pollo o de cabra o cualquier otra carne (o un poco de cada) con mucha salsa, más algunas verduras como guisantes o judías pintas, y todo regado con una salsa de color rosa que se hace a base de cacahuetes. Supongo que la única forma de tragar el engrudo que es la base de su dieta es remojarlo bien…

Por más que intentamos explicarle a este hombre que lo principal en la comida son las proteínas y que los hidratos apenas tienen no quedó nada convencido. Un chuletón con unas pocas patatas es solo sopa.

Hoy me voy de Entebbe a Kigali. Dejo Uganda, cuyo símbolo es la grulla coronada y su lema Procura no tocar ningún cadáver, y me voy otra vez a Ruanda durante varias semanas. Allí todo es muy parecido a esto, pero con un grado más de desorganización.

Las fuentes del Nilo

El domingo contratamos una excursión en el hotel para ir hasta Jinja, donde están las fuentes del Nilo. Es un viaje en coche de unos 11o Km que en condiciones normales dura unas dos horas. Nos habían advertido de que hay que cruzar Kampala y que el tráfico allí es terrible, así que nos las prometíamos muy felices cuando a la ida tardamos unos 10 minutos en atravesar la ciudad. En total el viaje duró poco más de dos horas. La vuelta fue harina de otro costal.

Al llegar a Jinja atravesamos un puente que cruza el Nilo y fuimos a un embarcadero. Allí tomamos un bote con motor fuera borda y subimos hasta dos islitas que hay en medio de la salida del lago Victoria, entre esas dos islas se considera que está la fuente del Nilo. Según nos dijeron, el 70% del caudal procede del lago Victoria y el otro 30% de un manantial subterráneo que hay en ese punto. Esa es la única salida del lago Victoria, por lo que se considera la fuente del Nilo, al menos en Uganda. En Ruanda dicen que la fuente del Nilo es el río Akagera, el más largo de los que vierten en el lago Victoria.

El sitio no tenía mucho que ver, me temo. Había muchos pájaros, sobre todo grullas y cormoranes, algún águila pescadora y pudimos ver un martín pescador, de los de color blanco y negro, pero poco más. Antes al principio del río había una cascada, pero hace años construyeron una presa un poco más abajo que hizo subir el nivel del agua y desapareció.

Comimos en un restaurante en la orilla del río, que servía sobre todo tilapia a la brasa, dimos una vuelta por las tiendas de souvenirs y nos volvimos a Entebbe. Y entonces sí que entendimos lo que nos habían advertido de Kampala, nos pasamos como una hora allí parados en medio del atasco. Todos los coches se pegan unos a otros lo más posible e intentan por todos los medios no dejar pasar a nadie de otro carril, así que al final todo el mundo se queda parado. El único consuelo es que no usan la bocina, todos se quedan allí esperando pacientemente a poder avanzar otros 1o cm.

Me temo que por este viaje ya no habrá más excursiones, el sábado nos marchamos.