¿Hace falta saber escribir para ser periodista?

A menudo me hago esta pregunta, y cuando digo escribir no me refiero a elaborar una prosa clara a la par que elegante ni nada por el estilo, no. Me refiero simplemente a escribir sin faltas de ortografía. Lo de la corrección gramatical ya son palabras mayores y no vamos a meternos en ese jardín ahora.

Esto viene a que hace un rato leí un artículo de EL PAÍS sobre el estreno de la nueva peli de Harry Potter, y me encontré con esta perla, que reproduzco aquí para que perdure aunque alguien les diga que la corrijan:

“También hay corbatas de Hufflepuff, gorros de mago, escobas de ramas, camisetas granas y doradas, búhos de peluche y mucha barita mágica.”

¿Qué ha sido de la figura del corrector en los periódicos? ¿No les llega el presupuesto para pagar a alguien que sepa escribir “varita”? ¿O a alguien que haya estudiado primaria? Y eso que cuentan con los correctores ortográficos informáticos, no debería ser tan difícil.

El problema es que parece que hoy en día uno puede escribir y hablar como le de la gana, parece que da igual, y no es así. No da igual que uno abra la boca y de inmediato se de a conocer como un ignorante y un analfabeto, o por lo menos a algunos no nos da igual. Te dan como excusa que el idioma “evoluciona” y “cambia”, y que si no fuera así seguiríamos hablando latín. De lo que no se dan cuenta es de que esos cambios se produjeron a manos de la gente más ignorante y que no tenía acceso a la instrucción, que afortunadamente hoy en día es universal. Por eso siempre ha habido, en cualquier idioma, un habla culta y otra vulgar, y la aspiración de cualquiera mínimamente instruido era acercarse lo más posible a la forma culta. En una palabra, mejorar.

Pero hoy parece que la aspiración de cualquiera es alcanzar el mayor y más uniforme nivel de vulgaridad posible. Tal vez así te den un puesto en La Noria, parece ser el requisito indispensable.

A la periodista de la barita, yo no digo que hubiera que azotarla en público, pero no le vendría mal sentir un poco de vergüenza. Por escribir como una ignorante.

Laísmos y leísmos

Llevo dos semanas de mudanza, sin apenas tiempo de leer, ni de ir al cine ni de hacer nada que no sea llevar cajas cual mula de carga, y con el blog en un lamentable estado de abandono.

Pero ayer, comentando sobre Arturo Pérez-Reverte en El Bibliófilo Enmascarado, surgió el tema de los leísmos y laísmos (vale, yo saqué el tema), así que en un alarde de altruismo y buena voluntad he decidido explicar la diferencia entre los pronombres le, lo y la, y cuándo se debe usar cada uno de ellos.

En primer lugar, hay que tener claro que el pronombre le sirve para sustituir al complemento indirecto (el dativo para los que estudiamos latín), tanto femenino como masculino, mientras que lo y la sustituyen al complemento directo (acusativo), concordando en género.

Ahora tendríamos que saber distinguir el complemento directo del indirecto, pero eso es muy fácil. Existe un método infalible para distinguirlos, que consiste en convertir la frase a la voz pasiva, con el complemento como sujeto. Si la frase tiene sentido, el complemento es directo y sustituible por lo o la, si no lo tiene el complemento es indirecto y se debe sustituir por le.

Un par de ejemplos para entenderlo mejor. En la frase Juan regala flores a su madre tenemos los dos complementos, por un lado flores y por otro a su madre. Probemos la conversión a pasiva con la mamá de Juan como sujeto:

Su madre es regalada flores por Juan

Va a ser que no. Está claro que a su madre es el complemento indirecto, sustituible por le:

Juan le regala flores

Ahora probamos con las flores:

Las flores son regaladas a su madre por Juan

Esto sí se puede decir, así que es el complemento directo.

Juan las regala a su madre

Y si queremos sustituir ambos pronombres, para evitar cacofonía, el le se convierte en se:

Juan se las regala

Pero éste era un ejemplo muy sencillo, vamos con cosas más complicadas, como el ejemplo de la foto. Si pasamos esa frase a pasiva la cosa quedaría así:

Ella es dicha que ya has llegado

Eso no es posible, porque las únicas cosas que pueden ser dichas son palabras, frases, etc. Las personas no son susceptibles de ser dichas. Así que se trata de un complemento indirecto, y la frase correcta es Dile que ya has llegado.

Otro ejemplo típico, con el verbo pegar: Juan pega a su mujer.

Su mujer es pegada por Juan

Podría ser, pero la cosa requeriría mucho pegamento y una dosis de sadismo aún mayor de la que ya hay en la violencia de género habitual. No puede ser la pega, lo correcto es le pega.

Ocurre a veces que la gente está tan acostumbrada a tratar los complementos como si fueran intercambiables, que asumen que la voz pasiva se puede hacer en todos los casos, y pasan cosas como la que he oído esta mañana en las noticias de Telecinco. Hablaban de un secuestro en un instituto que terminó con el suicidio del secuestrador, y dijeron que el secuestrador fue disparado. Pues resulta una persona sólo puede ser disparada si trabaja en un circo y hay una red muy grande al otro extremo para recogerlo. De lo contrario, son las balas las que son disparadas, y las personas las que reciben disparos. Es lo mismo que ocurre con el verbo preguntar. Las preguntas son preguntadas, las personas son destinatarios de esas preguntas, o son interrogadas o cuestionadas.

Y con esto acaba el post pedante del mes. No puedo prometer que no habrá más, la maniática de la gramática que llevo dentro necesita desahogarse de vez en cuando.