Perdida

perdidaAyer fui por fin a ver la película basada en la novela Gone Girl, que leí hace unos días. Está dirigida por David Fincher, niño bonito de Hollywood desde hace años y autor de varias películas que me horrorizan, como Seven, El club de la lucha y sobre todo Alien 3.

Decidí darle otra oportunidad, porque soy así de buena gente, no porque las críticas de esta peli en concreto fueran buenas, que ya me han engañado así en otras ocasiones. Y también porque me encanta ver la peli una vez que ya he leído el libro.

La adaptación es realmente fiel a la novela, apenas hay ningún cambio salvo la eliminación de algún personaje secundario que tampoco aportaba demasiado a la trama. Nick, el marido, empieza su historia el día de la desaparición de su mujer. Y Amy nos cuenta, a través de su diario, lo que ha pasado desde que se conocieron.

Aún más que en el libro, es fácil adivinar cual de los dos es un psicópata mentiroso, con lo que la intriga se reduce mucho. De todas formas es una historia muy original y se hace entretenida, a pesar del ritmo tan leeeento de la primera parte. Luego, una vez que se descubre quién es el mentiroso chalado, la cosa ya coge un poco más de ritmo.

No soy una gran fan de Ben Affleck, pero me ha parecido que en este papel está bastante bien. El tipo inexpresivo pero educado que no muestra sus sentimientos ni en público ni en privado le debe ir bien a su carácter. Pero mi personaje favorito es la hermana melliza, interpretada por una actriz que no conocía. Me ha gustado a pesar de que mientras leía el libro me imaginaba en ese papel a la hermana de Dexter.

Es una película de intriga original, lo cual ya es mucho decir, y entretenida a pesar de su duración.

“Gone Girl”, de Gillian Flynn

coverHe leído críticas estupendas de la película que David Fincher ha dirigido basada en este libro, así que antes de ir a verla me he dado prisa a leer el libro. Nada como un viaje de trabajo, con avión retrasado incluido, para zamparse 500 páginas, y nada como un libro entretenido para no subirse por las paredes cuando ves que no vas a llegar a casa hasta las 11 de la noche.

Nick Dunne es un periodista al que las cosas no le han ido muy bien últimamente, pero están a punto de ir peor. El día de su quinto aniversario de boda llega a su casa y descubre que su esposa no está y que hay signos de lucha en el salón. Y entonces es cuando todo se va al garete, puesto que todas las pruebas apuntan a que él es el responsable.

La narración va alternando entre dos puntos de vista, ambos en primera persona. El de Nick Dunne empieza el día de la desaparición de su esposa y va avanzando, contando de vez en cuando acontecimientos del pasado. El de Amy, la esposa, es en forma de diario, comienza el día que conoció a Nick y va avanzando hacia el día de la desaparición. Y no coinciden en nada.

Es evidente que uno de los dos miente, y ahí está la originalidad de la historia y lo que me enganchó al libro hasta el final. Aunque debo decir que elegí a quien creer en las primeras 20 páginas. Y acerté, claro está.

Ha sido entretenido y aún sigo teniendo ganas de ver la película, así que ya contaré qué tal la adaptación.

“The Weed That Strings The Hangman’s Bag”, de Alan Bradley

coverEl segundo libro de la serie de Flavia de Luce, mi envenenadora favorita, me ha hecho disfrutar tanto como el primero.

Solo ha pasado un mes desde los acontecimientos de la novela anterior y ya tenemos otro crimen en Bishop’s Lacey, el pueblo en el que está la mansión de los De Luce, Buckshaw. Debe de ser el mismo pueblo en el que vive Miss Marple, porque parece poco probable que haya dos localidades en la campiña inglesa de la postguerra en las que los crímenes se sucedan con tanta frecuencia.

Me encanta la ambientación de esta serie. Me gusta el pueblo, con sus habitantes que conocen las peculiaridades de Flavia y no le dan mayor importancia, y me gusta la familia De Luce al completo. La manía del padre, filatelista acérrimo, hacia el teléfono por considerarlo una traición al Real Servicio de Correos es de lo más británica. La relación de Flavia con sus hermanas sigue siento terrible: ellas la torturan diciéndole que es adoptada y ella se venga intentando envenenarlas.

En esta ocasión hay una nueva incorporación al pueblo: un titiritero famoso por sus apariciones en la BBC y su joven ayudante se ven obligados a permanecer unos días en Bishop’s Lacey debido a una avería en su furgoneta, y Flavia se lanza con entusiasmo a ayudarlos a montar un espectáculo de marionetas. Todo se tuerce con un asesinato, por supuesto, y Flavia dedica el mismo entusiasmo a resolver el crimen, para desesperación del Inspector Hewitt. Un cultivador de marihuana, un prisionero de guerra alemán y la Loca Meg solo añaden confusión al asunto, pero Flavia no se deja intimidar y continua colándose donde no debe y dando las excusas más increíbles cuando la pillan. Mi favorita es cuando la descubren en la funeraria, examinando el cadáver de la víctima, y tan tranquila dice que estaba rezando.

Cuanto me alegro de haber descubierto esta serie, es lo más divertido y original que he encontrado desde Miles Vorkosigan. La historia que cuenta el piloto alemán sobre cómo fue capturado por culpa de las hermanas Brönte es tan buena que da igual que sea increíble.

Estoy deseando leer el tercer, va directo a mi lista de lecturas para las vacaciones.

Ocho apellidos vascos

Ocho_apellidos_vascos-758602439-largeEste fin de semana vino de visita mi amiga Diana, camarada de cine de toda la vida, y por supuesto nos fuimos a ver una película. Aunque ninguna de las dos es una gran fan del cine español, como nos apetecía reírnos un rato nos decidimos por Ocho apellidos vascos. Y nos reímos, vaya que sí.

Un chico sevillano viaja al País Vasco en busca de la chica que conoció en una noche loca. Allí tiene que hacerse pasar por vasco para contentar al padre de ella, con lo que se suceden los equívocos, y por supuesto los tópicos. Él es un ligón empedernido, reparte abrazos por doquier y lleva una medalla de la Vírgen de Triana. Ella es borde, hosca y malhablada, y lleva un corte de pelo que parece hecho por un enemigo. Estereotipos a diestro y siniestro, pero ahí reside la gracia. La escena en la que él, tras una cena de unos 6 platos, se va a vomitar detrás de unos arbustos me hizo reír a carcajadas.

La película es entretenida y graciosa, pero sí que me ha parecido notar que la producción era un poco pobre, como si hubieran estado ahorrando lo máximo posible. Hay muy pocos personajes, la película se centra casi por completo en la pareja y el padre de él, con la presencia de Carmen Machi haciendo de falsa madre (vasca, claro) del chico y pocos personajes más. Las escenas en exteriores se ven un poco vacías, como si hubieran contratado al número mínimo de extras, y los interiores son siempre en los mismos sitios. En realidad para una comedia tampoco hace falta mucho dinero sino un buen guión y unos actores decentes. En este caso, les ha salido bien.

El médico

medicoAyer fuimos a ver la adaptación al cine de la novela de Noah Gordon El médico, una producción alemana en la que se ve que han gastado bastante dinero, aunque con un éxito regular, desde mi punto de vista.

Leí El médico hace muchos años, creo recordar que estaba en el colegio. Me gustó tanto que cuando lo terminé le di la vuelta al libro y volví a empezar. Me encantó aquel contraste entre la Inglaterra de la Edad Media, oscura e ignorante, y la luz del sol de Persia y de sus científicos, sobre todo del gran Abu Alí at-Hussain ibn Abdullah ibn Sina, el médico Avicena. Es curioso que después de tantos años aún recuerde su nombre completo, que leí por primera vez en esta novela.

La adaptación al cine se toma algunas libertades con la trama con las que no estoy de acuerdo. No tanto con el hecho de que no haya ninguna irlandesa pelirroja a la vista, sino que pasan por encima de lo que es la verdadera causa del viaje de Rob a Oriente: el control que la Iglesia ejercía sobre cualquiera que intentara dedicarse a la investigación científica. La Iglesia sabía lo peligroso que era para su ejercicio del poder el que alguien pudiera contradecirlos, así que la Tierra era plana, el Sol giraba a su alrededor y la investigación de cualquier rama de la Ciencia era la forma más rápida de acabar atado a una estaca con una buena hoguera alrededor.

Por lo demás, aunque a ratos tiene un ritmo un poco lento, es una película que no está mal y que sirve para pasar un buen rato.

El juego de Ender

enderAyer por fin fui a ver la muy esperada (al menos por mí) adaptación al cine de El juego de Ender, una de mis novelas favoritas de la historia de la ciencia-ficción.

La historia de cómo Ender, un niño pequeño, es reclutado y entrenado para convertirse en el futuro Comandante de la Flota Estelar que debe proteger a la humanidad de la próxima invasión de los insectores, una raza extraterrestre que ya estuvo a punto de aniquilar a la especie humana.

Evidentemente en la adaptación al cine se pierde una gran parte de la novela, que para empezar tiene lugar en gran parte dentro de la cabeza de los personajes. Lo importante no es qué hace Ender en cada situación, sino por qué lo hace, y la película intenta transmitírnoslo. Algunas de las dificultades de la novela, como el hecho de que el entrenamiento de Ender transcurre entre los 6 y los 12 años, las resuelven acelerando la acción, que aquí parece transcurrir en unos pocos meses.

En general me ha gustado. Se mantienen casi todas las cosas importantes de la novela y es una gozada ver a esos niños volando por la sala de batallas. Harrison Ford está bien, aunque su personaje resulta mucho más despiadado que en la novela, y aunque por el resto de personajes se pasa muy por encima no hay nada que sea contradictorio con el original.

La única gran pega que le pongo es al actor que interpreta a Bonzo Madrid, el archienemigo de Ender en la Escuela de Batalla. Lo que contribuye a elevar la leyenda de Ender es que es capaz de vencer a un chico mayor y mucho más grande que él, aún teniéndolo todo en su contra. Pero a Bonzo lo interpreta un actor que debe de medir un metro veinte, un canijo que le llega a Ender por debajo del hombro. ¿Qué mérito tiene zurrarle al pequeñajo? Además de que Ender nunca habría golpeado a alguien más débil que él.

En general lo he pasado bien y me he entretenido, pero si alguien quiere hacer una serie de 10 episodios o así, adaptando con detalle la novela, yo no tendría nada en contra.

Películas de la infancia

blade_runner_ver6Hoy es el cumpleaños de mi madre, así que quiero dedicarle este post sobre las películas que veía cuando era pequeña, porque mi afición al cine es, sin lugar a dudas, culpa suya.

Mi madre ha visto muchísimo cine. En su tierra cambiaban la cartelera cada dos días y ella las veía todas. No sé qué edad tendría yo cuando empezó a llevarme al cine con ella por la sencilla razón de que era demasiado pequeña para acordarme. Sé que tendría unos dos años cuando tuvieron que sacarme del cine a los 5 minutos de empezar Blancanieves: en cuando aparecieron los siete enanitos yo empecé a dar alaridos de terror y ya no hubo nada que hacer. Recuerdo haber visto La guerra de las galaxias y Encuentros en la tercera fase, que se estrenaron cuando yo tenía 4 años, así que no hay un tiempo en mi memoria en el que yo no fuera al cine de forma habitual.

Para mi madre lo que determinaba el que me llevara a ver una película no era la calificación por edades, sino la calidad. Así que cuando vio Blade Runner con mi tía quedó impresionadísima por lo violenta que era y volvió al día siguiente, llevándome a mí. Durante mucho tiempo hubo un cine en Vigo que la reponía una vez al año y allá íbamos otra vez las dos, un año tras otro. Por eso culpo a mi madre de que nunca me gustaran las muñecas, después de ver a los pequeños amigos de J. F. Sebastian, aquel oso de peluche y  el soldado con sombrero de almirante que acudían a la puerta a saludarlo, la Barbie me parecía un tostón.

También recuerdo cuando reestrenaron Ben-Hur y la obligué a llevarme a verla. ¡Once Oscars! Aquello tenía que ser digno de verse, y allá me llevó la pobre, que ya la había visto un montón de veces. Después de un par de horas de peli Charlton Heston vuelve a su tierra y se entera de que su madre y su hermana eran leprosas. Yo me acerqué a mi madre y muy bajito (tenía prohibido molestar en el cine) le pregunté: “¿Qué son leprosas?”. Ella contestó con brevedad, para reducir el ruido al mínimo: “Que se les cae la carne a cachos”. Esa fue la única vez en mi vida que me salí del cine antes del final de una película.

Durante años hemos programado nuestros propios ciclos en casa: el de la mafia todas las Navidades, con los tres Padrinos, El clan de los Irlandeses y Érase una vez en América; o el de trilogías, con Star Wars, Indiana Jones y otra vez los Padrinos. O el de westerns, con cualquier cosa que hubiera hecho John Ford. También hacíamos especiales para los Oscars a los que acabaron apuntándose todas mis amigas, con cena especial de comida americana, palomitas y helado de limón.

Tengo un reproche que hacerle a mi madre y es su pobre memoria para las películas de intriga, sobre todo las de Hitchcock. Por supuesto, ella ya las había visto todas antes de que yo naciera, pero acto seguido las borró de su memoria, y no la recuperaba hasta el momento más inoportuno. La cosa siempre iba igual: la película empezaba y mi madre manifestaba que no estaba segura de si la había visto o no, y yo ya me echaba a temblar. Según iba avanzando la trama el velo en la memoria de mi madre empezaba a aclararse: “Pues ahora me parece que sí que la he visto”, o “Sí, sí, de esto me acuerdo”. Yo le decía que no contara nada por que yo sí que estaba segura de que no la había visto, pero sabía de sobra que ya no había remedio. Unos 15 minutos antes del final siempre se le hacía la luz: “¡Ya me acuerdo! ¡Él no quería a su primera mujer, la odiaba y la asesinó!”

Rebeca, Recuerda, ¡incluso Psicosis! ¿Cómo es posible que no se acordara de si había visto Sospecha, cuando a Joan Fontaine siempre la llamó Carita de Mona? Creo que la única película de Hitchcock que se salvó de este cruel tratamiento fue Los pájaros, probablemente porque no tiene un final que contar.

Pero unos pocos finales destripados es un pequeño precio a pagar a cambio de los buenos momentos que hemos pasado viendo películas juntas. Así que, ¡feliz cumpleaños, mamá! ¡El asesino es el mayordomo!