“El verano del comisario Ricciardi”, de Maurizio de Giovanni

El calor ha llegado a Nápoles, haciendo los días sofocantes, pero el crimen no descansa ni da descanso a Ricciardi, que sigue oyendo las últimas palabras de las víctimas de esos crímenes. La última es la duquesa de Camparino, una dama conocida por su belleza y por sus aventuras extramaritales. Si en La primavera del comisario Ricciardi el autor nos daba una visión deprimente de la relación entre madre e hijo, en esta ocasión se centra en los celos, que muy probablemente fueron el motivo del asesinato de la duquesa.

El comisario no comprende los celos, nunca los había sentido. Hasta ahora. Porque el comisario no es el único que tiene problemas, su vecina Enrica, a la que lleva meses contemplando embelesado desde su ventana, tiene al enemigo en casa. Su madre, temiendo que se quede soltera, le ha buscado un pretendiente, y el pobre comisario sufre como si tuviera un puñal clavado en el estómago. Por su parte, Enrica, además de tener que aguantar al pazguato que le ha endosado su madre, también lo pasa fatal, puesto que la sofisticada viuda del tenor Arnaldo Vezzi, a la que el comisario conoció en El invierno del comisario Ricciardi, ha vuelto con la intención de conquistarlo. Incluso el sargento Maione está celoso, nada menos que del verdulero que le dice siempre a su esposa lo guapa que es.

En general no me gustan las historias de celos, es un sentimiento que me desagrada, y más aún cuando se deben a malentendidos o a falta de comunicación, como ocurre aquí. Me da rabia sobre todo por parte de Ricciardi, ya que él no ha dado ni siquiera un paso para iniciar una relación con su vecina, se limita a mirarla por la ventana y a dejar que la pobre chica se haga ilusiones. ¿Qué derecho tiene a sentirse traicionado? Al menos él mismo se da cuenta de lo injusto de sus sentimientos, lo que ya es algo.

Cada vez me gusta más Enrica, es una chica con carácter que no se va a dejar pisotear a pesar de ser tan dulce y complaciente con su familia. Ella es la que mejor reacciona ante sus propios celos, y por eso espero que finalmente consiga lo que quiere. Aunque eso tendrá que esperar a otra novela, pues en esta lo único que queda resuelto, y de manera sorprendente, es el crimen.

Aunque el tema no me ha gustado mucho, la novela sí. Los personajes siguen evolucionando, la soledad autoimpuesta de Ricciardi parece empezar a resquebrajarse y espero que pronto habrá un cambio grande en su vida. Mientras tanto seguirá investigando esos crímenes que tanto lo perturban, disfrutando de la compañía de sus pocos amigos y de la visión, cada noche, de Enrica cosiendo delante de su ventana.

Lecturas de la infancia

Cuando tenía 9 años, a punto de cumplir 10, fuimos a pasar todo el verano a casa de mi abuela. Esto no es nada extraño, muchos niños lo hacen, aunque pocos tienen que ir tan lejos como fuimos nosotros: al medio de la Amazonía, a la ciudad de Iquitos (Perú). Mi abuela pasó allí casi toda su vida, desde los 16 años. Su padre, Cesáreo Mosquera, se fue al Perú en el año 1900 y fundó su librería, la más antigua de toda la Amazonía, y allí se llevó después a sus dos hijas, quienes continuaron al frente hasta que se jubilaron.

Hay niños que sueñan con que los dejen solos en una pastelería para poder ponerse morados. Yo nunca fui una gran comedora, pero con 9 años ya era una lectora, y para mí aquello era un paraíso forrado de estanterías de 4 metros de altura al que tenía libre acceso.

libreria

Los días empezaban temprano, a las 7 de la mañana todo el mundo estaba ya levantado, para aprovechar esas horas más frescas, o más bien menos sofocantes. Yo solía acompañar a mi tía abuela Avia al mercado, a hacer las compras del día. Después muchas veces salía con mis padres y mi hermana de paseo, hasta la hora de comer, a las 12. Y después de comer llegaba la hora de la siesta. El calor hacía huir a todo el mundo de las calles, todos se acostaban con los ventiladores al máximo y desaparecían del mundo hasta por lo menos las 3 de la tarde.

Yo también desaparecía del mundo, pero de otra manera. Cogía una pila de libros de la librería y la mecedorita de madera que había sido de mi madre, y me sentaba en aquel pasillo tan ancho, techado solo en parte y lleno de jardineras de plantas exóticas, con mis libros a un lado y una Inca-Cola bien fría al otro, a leer durante horas.

Aquel verano leí Tiburón, leí Shogun, leí El diario de Edith Holden, leí un libro decepcionante basado en La Guerra de las Galaxias que se titulaba El ojo de la mente, que sirvió para que mi madre me explicara que suele ser una buena idea leer el libro en que se basa una película que te ha gustado, pero no a la inversa. Leí algún libro de una serie para niñas que se titulaba Esther y su mundo, sobre una chica que trabajaba como azafata. Leí y leí y leí, a veces, pocas, de la sección de libros infantiles, pero casi siempre de la de literatura general. Por entonces yo ya había leído El Señor de los Anillos así que la literatura infantil no me impresionaba, y nunca me prohibieron ninguna novela. Leí la edición de Corazón que mi bisabuelo le había regalado a mi abuela cuando era pequeña, y leí un libro de selecciones del Readers Digest que había sido de mi madre, y que tenía su nombre escrito, con su letra infantil, en la primera página. Aún conservo ambos libros. Y sigo leyendo.

“Assassin’s Quest”, de Robin Hobb

Por fin he leído el tercer y último libro de la serie de Farseer y, sin entrar en spoilers, tengo que decir que el final me ha parecido completamente desazonador.

El agotador viaje de Fitz para buscar a Verity y restaurarlo como legítimo rey llega a su fin, y el resultado es completamente inesperado. Todo se resuelve, sí, y la línea de los Farseer tiene asegurada su continuidad, incluso Regal recibe su merecido al fin. La guerra contra los Barcos Rojos también acaba, incluso se da una explicación a cómo se producen los Forjados.

Pero, ¿qué sentido tiene si para nuestro héroe lo único que hay en su vida es infelicidad y sufrimiento? Casi 2000 páginas de lectura y lo único que recibe Fitz por su lealtad y sus sacrificios es una vejez prematura y soledad. Un bajón total.

O tal vez es una forma de asegurarse que el lector siga con la siguiente trilogía, que retoma la trama 15 años más tarde. Tal vez ahí Fitz consiga salir por fin de la miseria total. No sé, ahora mismo no me siento con ánimo de más desgracias.

“Royal Assassin”, de Robin Hobb

Hace un porrón de años leí una novela titulada Assassin’s Apprentice, que me gustó muchísimo, así que no sé por qué no leí el siguiente libro de la serie inmediatamente. Tal vez porque cuando lo empecé no sabía que había más libros y me dio rabia quedarme sin saber el final. Una tontería porque habría bastado con seguir leyendo…

La cuestión es que el segundo libro lleva desde entonces en mi lista de lecturas pendientes, y por fin me he decidido a sacarlo de ahí, así que he releído el último capítulo del primer libro y me he lanzado.

La historia continúa justo donde se había quedado, con Fitz, el bastardo sin nombre convertido en envenenador del rey ha sobrevivido por los pelos al complot de su tío Regal para asesinarlo, y ha conseguido evitar el complot de Regal para matar a su hermano Verity, el heredero al trono, durante su boda por poderes. Fitz, terriblemente debilitado tras el envenenamiento sufrido, debe regresar a casa para continuar al servicio del Rey.

Las incursiones de los Barcos Rojos siguen asolando la costa de los Siete Reinos, y es la nueva esposa de Verity la que parece dar con la solución: ir a buscar a los míticos Elderlings, a las montañas del norte. Y entonces Verity toma una decisión que parece una locura, y que según va avanzando la novela va quedando claro que efectivamente, lo es.

Por otra parte, Molly, la amiga de la infancia de Fitz y objeto de sus amores se presenta en el castillo buscándolo tras la muerte de su padre, y descubre por fin su identidad, con el consiguiente cabreo, con lo que el muchacho se puede pasar varios cientos de páginas lamentándose de que Molly no quiere ni dirigirle la palabra.

Todo va fatal para el pobre Fitz, hasta acabar de la peor forma posible. ¡Y todavía falta un libro para acabar la serie! Esto es llevar demasiado lejos lo del libro de transición, creo yo. Pero por lo menos hay un desarrollo en los personajes, así que no me voy a quejar demasiado y me voy directamente a leer el tercero.

 

 

 

“Y yo a ti más”, de Lisa Gardner

La editorial Penguin Random House me ha enviado esta novela a cambio de que la lea y escriba un post sobre ella dando mi opinión sincera, cosa que pienso hacer.

Empecé a leerla ayer y la he terminado esta mañana, lo que ya da una idea de lo que me ha parecido: absorbente. La agente de la policía de Boston D. D. Warren tiene que investigar un extraño caso en el que está involucrada una agente de la policía del Estado, Tessa Leoni, quien dice haber matado a su marido en defensa propia, y que además denuncia la desaparición de su hija de 6 años. Ya es casualidad, pero justo antes de empezar esta novela una amiga me recomendó La pareja de al lado, y le dije que me daba un poco de yuyu porque trata de la desaparición de un bebé. Pues si no quieres caldo…

La historia va alternando entre el punto de vista de las dos mujeres, investigadora e investigada, pero desde el presente, es decir, que sabemos que hay algo raro desde el principio por las acciones de la agente Leoni, pero se toma su tiempo en contarnos qué pasó para acabar con su marido tirado en la cocina con tres tiros y su hija desaparecida. Pero está claro que Leoni es una madre leona que va a hacer lo que haga falta para recuperar a la niña. La otra policía está dispuesta a pasar por encima de quien sea por descubrir qué le ha pasado a esa niña, aunque ese quien sea la propia madre. Y yo muerta de angustia leyendo a toda pastilla para llegar al final.

Intrigante a más no poder y muy entretenida, la novela se lee en un pis pas. Lo único que me fastidió un poco es que me resultaba confuso todo el asunto de los distintos cuerpos de policía que parecen tener los estadounidenses. Por un lado la policía del Estado, que parece que se dedica sobre todo a poner multas de tráfico, por otro la policía de Boston, que son los que investigan el asesinato, y luego para rematar parece que podría intervenir el FBI por el asunto del secuestro. Un lío, aunque supongo que para un americano estará tan claro como para nosotros la diferencia entre un policía y un guardia civil.

En Goodreads he visto que este libro es el 5º con la agente D.D. Warren como protagonista, y el 1º de Tessa Leoni, porque aunque aquí se acaba de publicar en los EEUU salió en 2011 y hay ya otros dos libros con el mismo personaje. Es posible que me anime a leer alguno más, porque desde luego este me ha gustado.

“The Reptile Room”, de Lemony Snicket

Las catastróficas desdichas siguen persiguiendo a los hermanos Baudelaire. Aunque al principio del libro parece que las cosas mejoran para los tres huérfanos, que se van a vivir con su tío Monty, un herpetólogo encantador con el que hacen buenas migas de inmediato. Pero la buena suerte no les podía durar, y enseguida hace su aparición el malvado conde Olaf para amargarles la vida.

Me gusta mucho la relación entre los tres hermanos, cómo siempre están pendientes unos de otros, y cómo aprecian y valoran lo que cada hermano hace por la familia, incluso Sunny con sus dientecitos. Y sin embargo no es una cursilada de cuento, ni mucho menos, que es lo que creo que atrae a los niños. Los hermanos Baudelaire son pequeños pero resolutivos, inteligentes y llenos de recursos. La mayor parte de sus desdichas se solucionarían o ni siquiera llegarían a ocurrir si tan solo los adultos de su entorno, empezando por el memo de Mr. Poe, los escucharan. Ni tan siquiera el tío Monty los toma en serio, simplemente porque son niños. Y para cualquier niño lo que tiene que decir es igual de importante a los 8 que a los 18 años. Los niños no son distintos de los adultos, sólo son más jóvenes.

Otra cosa que me gusta es que los niños crecen, no permanecen estáticos en las edades de la primera novela para siempre, como pasa por ejemplo con Los Cinco. Me encanta que Sunny esté empezando a hablar por fin.

Por lo demás, esta segunda entrega continúa en el mismo tono que la primera, con su narrador pesimista disparando definiciones de las palabras difíciles, pero tratando a sus lectores, niños pequeños, sin condescendencia.

Tengo ganas de ver la nueva serie de Netflix basada en estas novelas, pero creo que voy a avanzar un poco más en la lectura antes de empezar. Así que, pronto a por el tercero.

Abandono: “Three Sisters, Three Queens”, de Philippa Gregory

Esta novela pertenece al interminable ciclo de los Tudor de Philippa Gregory, y es una memez intragable. Lo intenté, le puse verdadero empeño, y en realidad por una tontería, y es que estoy intentando completar el Popsugar Reading Challenge, y una de las categorías es “un libro con un término de parentesco en el título”, y este me valía. Pero todo tiene un límite y este libro sobrepasa el mío.

Trata de las relaciones entre Margarita Tudor, hermana de Enrique VIII, su hermana pequeña María y su cuñada Catalina de Aragón, pero todo desde el punto de vista de Margarita. Que es imbécil.

Una celosa insoportable, cuya única preocupación es quedar por delante de todo el mundo, pero especialmente de su hermana y su cuñada. Que si yo me voy a casar antes que tú y con un rey más importante, que si ahora que tú te has quedado viuda yo tengo precedencia en la mesa, que si tú tienes tres abortos te chinchas porque yo tengo dos hijos bien hermosotes… ¡Un mal bicho insoportable! Sobre todo teniendo en cuenta que las tres apenas pasan juntas un par de ratitos, porque enseguida Margarita se casa y se va a Escocia, así que toda esta retahíla de mezquindades es casi siempre por carta.

Aguanté y aguanté innumerables idioteces, pero ya cuando uno de sus hijos muere y a ella lo único que le preocupa es que le den las joyas de su madre porque son mejores que las de su cuñada, decidí que ya había sufrido bastante y lo dejé. ¡Qué descanso!