“Sign Off”, de Patricia McLinn

La periodista de televisión E.M. Danniher acaba de trasladarse a la mitad de ninguna parte, Wyomming. Antes una estrella de los telediarios, ha cometido el error de divorciarse de uno de los poderosos ejecutivos de la cadena, así que la envían a terminar su contrato al peor sitio que se les puede ocurrir, con la esperanza de que abandone.

Qué visión de las mujeres tan pobre. Todos los personajes femeninos que aparecen son competidoras de la protagonista. Pero no compiten por su trabajo, sino por la atención de los varones, que están todos encandilados con nuestra chica, por supuesto. Ella no les presta atención, tan solo se arregla un poquito apenas, para poner a las otras arpías en su sitio.

La trama de la investigación es irrelevante, una excusa para que la protagonista se relacione con hombres descritos como extraordinariamente atractivos, a los que no presta atención salvo cuando otras mujeres (todas las demás mujeres) intentan atraerlos. Los villanos de la historia son como de cómic, y la resolución es absolutamente inverosímil. Un despropósito de principio a fin.

Lo terminé porque es cortito, pero ni loca voy a leer nada más de esta serie, es más entretenido el prospecto del ibuprofeno. Y mucho más riguroso.