“Everybody’s Fool”, de Richard Russo


foolHace años vi una película maravillosa con Paul Newman, ya mayor, que se titulaba “Ni un pelo de tonto”. En la película había una escena buenísima en la que el personaje de Paul Newman, Sully, se enfrentaba a un ayudante del sherif interpretado por un joven Phillip Seymour Hoffman, que perdía los nervios y disparaba al aire. Ambos acababan ante el juez, que le echaba una buena bronca al sherif con esta mítica frase:

“Ya sabes que no soy partidario de dar armas a los deficientes mentales. Si armas a uno tienes que armarlos a todos, o no sería deportivo.”

Poco tiempo después de ver la película descubrí que estaba basada en una novela del mismo título, que me gustó aún más que la adaptación. Y ahora, más de 20 años después, Richard Russo ha publicado la continuación de las desventuras de su antihéroe favorito.

La nueva novela empieza precisamente el día del entierro del juez de mi escena favorita, al que obligan a asistir al pobre agente Raimer, ahora convertido en jefe de policía. Las cosas no van bien para el pobre Raimer. Con los años y la experiencia se ha convertido en un policía competente, pero un año antes su esposa falleció en un accidente doméstico. Y al descubrir su cuerpo al pie de las escaleras Raimer había descubierto también unas maletas y la nota de su esposa en la que le decía que lo abandonaba por otro, así que se ha pasado ese año no solo sufriendo el duelo por esa pérdida, sino también intentando descubrir quién era el otro hombre.

Al final de Nobody’s Fool Sully se encontraba con que su situación financiera, que siempre había sido desastrosa, había dado un giro total, y por primera vez en su vida se encontraba en una situación desahogada, y así siguen las cosas, salvo por un problema cardíaco que, a menos que se someta a cirugía, acabará con su vida en un año como mucho.

Esta novela parece tratar sobre la inercia, al absoluta incapacidad de sus personajes para cambiar nada de sus vidas. Raimer quiere dejar su trabajo, dejar atrás el doble trauma de la muerte y el abandono de su esposa y tal vez empezar una nueva relación con una compañera de trabajo. Sully continúa con las mismas relaciones de siempre, frecuentando los mismos lugares y sin hacer nada nuevo, ni siquiera lo que le permitiría mejorar su salud. Todos los personajes, en mayor o menor medida, continúan como siempre, y el único que por lo menos intenta cambiar es Raimer. Y su impulso parece ser lo que podría poner en marcha a todos los demás.

Esta es una novela en la que no hay grandes acontecimientos, la mayor parte de la acción se produce en el interior de sus personajes, a los que casi se puede ver crecer. Es estupenda.

 

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