“Men at Arms”, de Terry Pratchett


men-at-armsCon este libro, el número 15 de la serie de Mundodisco y el segundo dedicado a la Guardia Nocturna, se ve que Pratchett es perfectamente capaz de hablar de cosas muy serias haciendo que el lector se muera de risa.

El Capitán Vimes está a punto de abandonar la Guardia Nocturna, nada menos que para casarse con una millonaria de la nobleza que cría dragones. Y deja una Guardia llena de cambios, ya que se han empezado a aceptar nuevos reclutas pertenecientes a las minorías de Ankh Morpork: un troll, un enano y una mujer son las nuevas incorporaciones, sin contar al cabo Zanahora, el tipo más alto jamás adoptado por unos enanos. Y por si eso fuera poco se está fraguando una conspiración monárquica en el Gremio de Asesinos, a la que se alude de refilón y sin llegar a afirmar nunca nada.

Pero todo esto no es más que una excusa para pasar de una situación cómica a otra. Las discusiones entre trolls y enanos, enemigos acérrimos, absolutamente delirantes, no son nada comparadas con el descubrimiento de que los trolls no son tontos sino que, al ser organismos basados en el silicio, sus neuronas son más lentas porque están mal refrigerados.

Como siempre, lo mejor es el sentido del humor de Pratchett, quien con mucha sorna nos explica con mucha puntería cómo funciona el mundo. Uno de mis pasajes favoritos es este, en el que Vimes rumia la diferencia entre ricos y pobres:

La razón porque los ricos eran ricos, razonaba Vimes, era que se las arreglaban para gastar menos dinero.

Tomemos el caso de las botas, por ejemplo. Él ganaba treinta y ocho dólares al mes más complementos. Un par de botas de cuero realmente buenas costaba cincuenta dólares. Pero un par de botas, las que aguantaban más o menos bien durante una o dos estaciones y luego empezaban a llenarse de agua en cuanto cedía el cartón, costaban alrededor de diez dólares. Aquella era la clase de botas que Vimes compraba siempre, y las llevaba hasta que las suelas se quedaban tan delgadas que le era posible saber en qué lugar de Ankh-Morpork se encontraba durante una noche de niebla solo por el tacto de los adoquines.

Pero el asunto era que las botas realmente buenas duraban años y años. Un hombre que podía permitirse gastar cincuenta dólares disponía de un par de botas que seguirían manteniéndole los pies secos dentro de diez años, mientras que un pobre solo podía permitirse comprar botas baratas se habría gastado cien dólares en botas durante el mismo tiempo y seguiría teniendo los pies mojados.

Pero además, pasan cosas. No solo el Gremio de Asesinos, sino también el de Alquimistas y el de Payasos están alborotados y llenos de conspiraciones, que amenazan el tranquilo retiro de Vimes. Y es una suerte, porque el pobre ya estaba harto antes de empezarlo.

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