“The Ocean at the End of the Lane”, de Neil Gaiman


oceanHasta que he empezado a escribir este post no me había dado cuenta de que en esta novela nunca se menciona el nombre del protagonista. En cambio el nombre de Lettie Hempstock aparece ya en las primeras páginas, la niña que vivía al final del camino con su madre y su abuela y que llamaba al estanque su océano.

Neil Gaiman me hace disfrutar con cada página suya que leo. Y en ocasiones, como con este libro, también me hace sufrir y pasar angustia y hasta miedo, porque describe los monstruos oscuros que habitan bajo las camas de los niños pequeños con tal vividez que dan ganas de encender todas las luces y cerrar bien las puertas del armario.

Cuando salió este libro el año pasado se anunció como la primera novela para adultos de Gaiman desde Los hijos de Anansi, y lo es, aunque su protagonista es un niño de 7 años. Solo un adulto podría disfrutar de verdad es esta descripción de la infancia, el miedo y la incomprensión, y esa sensación de injusticia al enfrentarse con los adultos.

El hombre que fue ese niño regresa a su pueblo por un funeral, y al visitar su antigua casa el camino lo lleva hasta el final, a la granja de Lettie Hempstock y a los recuerdos de su infancia, cuando un hombre se suicidó en aquel camino permitiendo la entrada de algo de otro mundo. Lettie y el niño se adentran juntos en ese otro lado para enfrentarse a ese ser, pero hay un accidente y la criatura consigue abrir una puerta en el niño, en una escena tan espantosa que creí que no iba a ser capaz de seguir leyendo.

Este monstruo con forma humana que crea Gaiman hace lo pero que se le puede hacer a un niño: vuelve a su familia contra él. Es aun más atroz que cuando el ogro de Pulgarcito se come a sus hijas, es tan terrorífico que llevo todo el día con esa imagen en la cabeza, la ira del padre contra el hijo. Entre el cuento infantil y la mitología pero mezclado con lo cotidiano y haciéndolo incluso más siniestro.

Este año Neil Gaiman estuvo en la Feria del Libro de Madrid firmando ejemplares de su libro, ¡y yo me lo perdí! Si por entonces ya hubiera leído este libro me habría sentido aún más desolada.

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