“La muerte llega a Pemberley”, de P.D. James


coverEl otro día fui a un encuentro de blogueros con el escritor chino Mai Jia, y mientras esperábamos a que empezara estuve charlando Yolanda, la responsable del blog Tinta al sol, sobre Jane Austen. Me recomendó que leyera la segunda parte de Orgullo y Prejuicio, escrita nada menos que por P. D. James.

Se trata de una novela de misterio ambientada en Pemberley. Se produce un asesinato en los terrenos de la mansión y todos nuestros personajes favoritos y algunos nuevos se ven implicados en la investigación y el posterior juicio. El orgullo de Mr. Darcy sufre, los prejuicios de Elizabeth podrían volver a manifestarse y Jane, como siempre, es un ángel.

Yo no soy partidaria de este tipo de segundas partes, opino que un autor debe escribir sus propias historias y no secuestrar las de otro, y menos sin permiso. Pero no he podido resistirme a volver a visitar a los personajes de Jane Austen. La verdad es que la autora los trata con respeto y mantiene las personalidades originales, lo que es de agradecer. Lo que sí es diferente es el estilo, con una mayor crudeza en las descripciones, por ejemplo del escenario del crimen o del cuerpo. También son más fuertes (¿más modernas?) las reacciones de los personajes. En ninguna novela de Jane Austen nadie hizo nunca nada más vehemente que caminar con agitación, y eso ante el colmo de la zozobra, pero aquí hay gritos, llantos y hasta histeria.

También se habla de temas que en aquella época no se mencionaban jamás, y menos en una novela dirigida a las damas. Cuando en Sentido y Sensibilidad el coronel Brandon le cuenta a Elinor que Wickham había dejado embarazada a una chica lo hace con eufemismos y todo tipo de rodeos, ya que hechos tan vulgares no debían ni de existir en la mente de las jovencitas. Pero aquí se habla del tema de forma directa y sin darle mucha importancia, incluso con vulgaridad.

Hubo un pasaje que me llamó mucho la atención y que voy a copiar aquí. Tiene lugar durante el juicio, al que acuden curiosas un montón de señoras deseosas de chismes.

Ahí se encontraba, imbuido de la dignidad que le confería su uniforme, un oficial considerado de los más apuestos y galantes del ejército británico. Se oyó un murmullo, rápidamente acallado, y Darcy vio que las señoras que ocupaban las primeras filas, vestidas a la moda, se echaban hacia delante para ver mejor, como perros falderos emperifollados temblando ante el olor de un sabroso pedazo de carne.

Ni sutil ni elegante, me parece a mí.

Pero bueno, ha sido entretenido, un misterio poco misterioso y un desenlace esperado, pero que me ha permitido pasar un ratito con unos personajes que tanto me gustan.

Sé que esta semana emitieron la miniserie en la TV, pero no la he visto, me la reservo para verla con mi madre durante las vacaciones. Fue ella quien me obligó, cuando tenía 9 años, a leer a Jane Austen, cosa que nunca le agradeceré bastante. Con ella he visto todas las versiones de series y películas basadas en sus novelas: la de Colin Firth (vamos a verla otra vez!), la de Keira Knightly (meh…), incluso la versión modernizada de Emma con Alicia Silverstone. Sea buena o mala la adaptación, nos vamos a divertir analizándola hasta el menor detalle.

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3 pensamientos en ““La muerte llega a Pemberley”, de P.D. James

  1. Coincido mucho contigo. Es un libro innecesario, porque Orgullo y prejuicio no necesita segundas partes, pero resulta entretenido, y sobre todo respetuoso con el original.
    No intenta imitar el estilo de Jane Austen, lo cual es muy de agradecer, y resulta creíble la relación entre los personajes, especialmente Elizabeth y Darcy.
    Me pareció una buena lectura veraniega para fans de Jane Austen y/o P. D. James.

  2. Por diversas vicisitudes aún no he podido leerlo y como sabes, esta zona es como el Mato Grosso y la señal de televisión es deplorable, se ve todo casi codificado. No pude ver más que unos pocos minutos de la serie el martes y coincido contigo en la tosquedad y vulgaridad de los personajesen sus modales.
    En ese ratito, se podía apreciar que Darcy había vuelto a sus viejos vicios de tratar a todos, incluyendo a su mujer, de forma altiva, distante y desagradable. Me sorpredió porque Austen había concluído la obra con la afirmación de que Lizzy lo había cambiado.
    Quizás esa sea la parte más moderna del relato: El carácter no cambia.
    Por otra parte, agradecí que respetara las personalidades del original, pero no la época. Los modales, el comportamiento, son lo que definen un período, tanto en Jane Austen, como en cualquier otro autor.
    Recuerdo cuando mi madre me contaba la vergüenza que pasaba de que se le notara la barrigota en los últimos meses de embarazo. Era tan vulgar… Y era a mediados del siglo XX!
    Estoy deseando leerlo.

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