“Skippy Dies”, de Paul Murray


coverAunque esta novela tiene lugar en un internado y muchos de sus protagonistas son niños de 14 años no se trata de una historia para niños. Seabrook College, el colegio de curas a las afueras de Dublin en el que transcurre toda la novela, no se parece en nada a Hogwarts o Santa Clara, y las desventuras de sus alumnos y profesores se relatan con una crudeza que no creo que interese a ningún niño. Empezando por la muerte de Skippy en las primeras páginas, asfixiado en el suelo de una tienda de donuts en la que no había comido nada.

El autor nos relata sin ningún romanticismo la vida de los chicos de Seabrook en los meses anteriores a la muerte de Skippy, sus miserias, escarceos con las drogas y el sexo, los abusos que sufren a manos de sus compañeros y, tal vez, podemos sospechar que de sus profesores. La tónica general parece ser la infelicidad aderezada con grandes dosis de inmadurez, tanto en los alumnos como en los profesores, muchos de ellos ex-alumnos a los que su paso por la escuela ha dejado marcados para siempre. Todo ello narrado con una vividez que obliga a seguir leyendo y leyendo hasta llegar a la última de sus más de 600 páginas.

He leído varias críticas que describen esta novela como hilarante. La verdad es no he sido capaz de reírme, salvo en un par de pasajes en los que parece que los chicos pueden salir victoriosos en sus esfuerzos de evitar el peso aplastante de la disciplina impuesta por sus padres y maestros. Cuando los niños dirigen su crueldad no los unos contra los otros, sino contra los adultos a los que deben obedecer. Pero sus victorias son minúsculas y tan breves que mi impresión general ha sido de lástima. Desde el punto de vista de un niño de 14 años obsesionado por el sexo no debe haber nada más triste que estar interno en un colegio de curas solo para chicos.

Durante toda la novela se ve que, aunque en el fondo los niños y los adultos son muy parecidos, no hay ni una pizca de entendimiento entre ellos. Es como si hablaran idiomas distintos, y los pocos intentos de los profesores o los padres por conectar con sus hijos son totalmente infructuosos. El cura que, como solución al empeoramiento de las notas de un alumno le propone participar en algún deporte, cuando el chico acaba de abandonar el equipo de natación, es un ejemplo claro. El niño no habla, y el adulto no escucha.

Creo que lo que Paul Murray logra transmitir mejor que nada es la sensación de injusticia, tan común en los niños de esa edad, que gritan No es justo siempre que se les impide conseguir lo que quieren. Pues bien, en esta novela todo lo que ocurre hace que el lector grite para sí: No es justo.

¿Ha quedado claro que me ha gustado muchísimo?

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