“Endurance: Shackleton’s Incredible Voyage”, de Alfred Lansing


enduranceOdio el frío. Lo detesto, me parece una de las sensaciones más desagradables e incómodas que se pueden experimentar, y además soy muy friolera así que empiezo a sentir frío mucho antes que la mayoría de la gente. Para mí el frío es miseria y siempre digo que si fuera millonaria no volvería a bajar de los 24ºC. No porque considere que es la temperatura ideal, no, más bien es un mínimo a partir del cual la vida empieza a ser agradable.

Todo esto viene a cuento por este libro que acabo de terminar, que me han prestado en el trabajo. Por cierto, qué lío volver a leer en papel, ya no estoy acostumbrada.

En 1915 Sir Ernest Shackleton inició una expedición a la Antártida que pretendía atravesar el continente a pie, porque lo del ir al Polo Sur ya estaba hecho y si se quería hacer algo que llamase la atención tenían que correr más riesgos. Así que puso un anuncio pidiendo voluntarios, y los obtuvo. ¡Montones! Tantos que pudo elegir a su gusto, incluso hubo un chaval al que rechazó que se le coló de polizón en el barco. A mí me resulta inconcebible ofrecerme para pasar frío a propósito, pero supongo que hay gente para todo.

Lo curioso de esta historia es que relata un fracaso. El Endurance, el barco en el que pretendían alcanzar el continente Antártico, quedó atrapado en una gran masa de hielo a solo un día de navegación de su destino. Durante meses los 29 hombres que componían la tripulación estuvieron atrapados en el barco, hasta que la presión del hielo lo trituró. A eso siguieron más meses acampados en el hielo, confiando en que las corrientes y el viento los empujasen hacia el norte para poder salir de allí en bote. Más de un año de frío, hambre y una continua sensación de peligro. Todo esto en una época en la que no existía la ropa térmica que hay hoy en día para soportar climas extremos.

El verdadero triunfo de Shackleton estuvo en que a pesar de las enormes dificultades consiguió sacar de allí a sus hombres con vida. Tal vez porque eligió a un grupo de personas compatibles entre sí, poco dados al desánimo, o porque supo sacarles el mejor partido, o porque fue capaz de inspirarlos con su ejemplo, pero la cuestión es que lo consiguió. Su sentido de la responsabilidad, de que aquellos 28 hombres estaban en peligro por su causa y de que era su labor asegurar su rescate lo empujó a continuar cuando parecía que cualquier esfuerzo era inútil.

Este libro se publicó por primera vez en 1959, por lo que su autor pudo entrevistar a los tripulantes e incluso dispuso de sus diarios para relatar la historia. Lo que más me llama la atención son precisamente esos pequeños fragmentos de los diarios en los que los hombres, tras más de un año atrapados, todavía se muestran animados y dicen cosas como que están contentos porque hace un buen día. ¡Incluso hacen bromas! A mí el frío me aniquila el sentido del humor, es bajar de 15ºC y se me quedan los pies helados y se me frunce el ceño.

Es muy raro que yo lea un libro de no-ficción, pero ha merecido la pena hacer esta excepción. He leído con ansiedad, tapada con una manta en mi sofá para resguardarme del frío antártico pero sin querer parar para poder por fin rescatar a la tripulación del Endurance.

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8 pensamientos en ““Endurance: Shackleton’s Incredible Voyage”, de Alfred Lansing

  1. Qué aleccionador un libro en el que aparece un lider con sentido de la responsabilidad y del deber moral! Con los tiempos que corren, debe de ser muy estimulante.
    Sabías que tu bisabuelo ayudó economicamente a la Kontiki que con mucho mejor criterio se dirigieron hacia la Polinesia?

  2. Vaya, qué curioso: si hace una semana leía la reseña de “Endurance” a la vez que empezaba un nuevo libro (“This Is How”, de Augusten Burroughs); hace un momento, según lo terminaba, me he encontrado con un resumen de la historia de Shackleton y sus hombres en el antepenúltimo capítulo.

    No sé porqué, pero me parece que no me va a quedar más remedio que apuntarlo como lectura pendiente, si es que quiero enterarme de los pormenores después de tanto tentar la curiosidad 🙂

  3. Cuando niño, allá a fines de los 70, en el colegio nos relataron la aventura de Shackleton, con énfasis sobre todo en su rescate por parte del piloto Luis Pardo, a bordo de la Yelcho, un barco escampavía viejo, a vapor, sin electricidad ni radio, inapropiada para un viaje a la antártica; lo único valioso que tenía era el coraje de su tripulación.

    • Este libro deja claro lo arriesgado que era no ya la expedición, sino incluso los intentos de rescate de la tripulación. Cuando Shackleton ya había conseguido llegar a un puerto ballenero para pedir ayuda hicieron falta varios intentos hasta por fin conseguir volver a la diminuta isla donde había dejado al resto de sus hombres.

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