“La elegancia del erizo”, de Muriel Barbery


coverMi hermana y yo estamos haciendo un curso de Informes de Lectura en Calamo & Cran, para lo que tuvimos que elegir de entre varios libros para hacer los ejercicios que nos ponen. Aunque no nos pusimos de acuerdo, las dos nos decidimos por La elegancia del erizo, y las dos hemos estado comentando lo que nos parecía.

El otro día mi hermana me llamó y me dijo que lo había terminado. Literalmente me dijo: “en las 30 últimas páginas mejora un poco”. Tengo que admitir que es cierto, aunque no por eso deja de ser un tostón engolado y pretencioso.

En el número 7 de la calle Grenelle de París se ocultan dos personas: Renée, la portera, y Paloma, una niña de 12 años. No se ocultan en el sentido literal, sino que ocultan sus verdaderas personalidades. Renée es una mujer muy culta, autodidacta, amante de la literatura y el arte; Paloma es extraordinariamente inteligente y muy observadora. Y ambas fingen ante el resto del mundo, pretenden ser personas mediocres y quieren, ante todo, pasar desapercibidas.

Esto podría resultar de lo más interesante, sobre todo cuando las dos protagonistas, como está cantado, se descubren la una a la otra. Pero no. Principalmente porque los personajes son insufribles, sobre todo la portera.

Renée es una cretina redomada. Habla con el mayor de los desprecios de los vecinos del edificio porque la tratan como a una simple e ignorante portera, cuando es ella la que se esfuerza hasta límites increíbles en parecer no sólo torpe y poco instruida, sino verdaderamente grosera.

La niña al menos tiene la excusa de su edad y por lo tanto no me resulta tan desagradable, a pesar de que sus tendencias suicidas no son más que otra forma de egolatría tan ridícula como los subterfugios de la portera. Pero aún así, es como el Repelente Niño Vicente en versión parisina. Un horror.

La primera mitad del libro es un aburrimiento en el que la autora aprovecha para soltar el rollo sobre Kant, el cine japonés y la fenomenología, dejándonos así bien claro su elevado nivel intelectual. No pasa absolutamente nada de interés hasta la mitad del libro.

A partir de ahí, aunque sigue siendo igual de pedante, al menos hay algo de acción. Y tenía razón mi hermana, en las últimas páginas mejora un poco, aunque encuentro que el final es facilón y decepcionante.

No sé por qué esta novela tuvo tantísimo éxito en su día, como no sea porque habrá gente a la que le guste identificarse con las protagonistas: creerse mejor que los demás, que no lo notan no porque uno no sea excepcional sino porque son los demás los que son cortos de miras. A mí en cambio la vanidad me aburre sobremanera.

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4 pensamientos en ““La elegancia del erizo”, de Muriel Barbery

  1. Disiento contigo en casi todo. Me encantó este libro. Reconozco que al principio me costó pillarlo, pero para mí valió la pena. De hecho figura entre mis preferidos…
    Pero lo cierto es que es de esas novelas que o te gusta muchìsimo o no puedes con ella, no tiene medias tintas. Por eso cuando lo recomiendo, lo advierto.
    Ya se sabe que para gustos…
    Besos

    • A mí me pasa que si el protagonista de una novela me cae mal, ya le cojo manía a toda la historia. Y esta señora me cayó fatal.

  2. Al habla la hermana.
    Cuanto más tiempo pasa desde que leí La elegancia del erizo, peor concepto aún tengo de él. Y no sólo porque odiara a la vanidosa de la portera o a la petarda de la niña “genio” que mira a todo el mundo por encima del hombro, sino porque he leído otro libro últimamente, “City” de Alessandro Baricco, que casualmente trata sobre un niño genio, aunque de una forma completamente diferente (con una escritura absoluta, completa e infinitamente más refinada) y , aunque las comparaciones son odiosas, este niño genio, incomprendido, solitario y triste no tiene ni una pizca de vanidad, es humilde, y puesto que es extremadamente inteligente, no mira a los demás por encima del hombro, sino que aprende de todo lo que hay a su alrededor.
    Me parece muchísimo más creíble que la inteligencia a niveles tan elevados, no sea una manera de reirse de los demás, sino de observación, comprensión y aprendizaje.
    Es un libro maravilloso que, por cierto, recomiendo.

    • Me apunto tu recomendación, que suena interesante.
      Y hay otra cosa que no tiene ningún sentido en esta historia. Yo creo que cuando alguien se siente tan superior y mira a los demás con tanto desprecio como la niña petarda, no se esconde. O eres un genio vanidoso y entonces buscas la admiración de los demás o eres un genio humilde y no los tratas con desprecio.
      Lo que está claro es que la niña y la portera son tal para cual.

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