“The Glass Castle”, de Jeannette Walls


coverCuanto más avanzaba en la lectura de esta autobiografía, más ganas me daban de estrangular a la madre de Jeannette Walls. Que su padre era un alcohólico y un inútil queda claro enseguida, pero lo de su madre no tiene nombre. Una mujer que no solo se niega a trabajar simplemente porque es una haragana, sino que come a escondidas mientras sus hijos pasan hambre, no tiene disculpa. Que cuando su hija acude a ella para decirle que su tío la ha estado manoseando no se le ocurra otra respuesta que decirle que el abuso sexual es un crimen de percepción va más allá de la simple negligencia.

Sin embargo la pobre Jeannette habla de sus padres con afecto, no parece guardarles ningún rencor y hasta los disculpa y habla de “mala suerte”, cuando se trataba de dos adultos sanos y capacitados, incluso brillantes, que podrían haber trabajado si hubieran querido. Me parece insultante para la gente que desde su nacimiento carece de los medios o la formación para salir adelante y que tiene que hacer verdaderos esfuerzos para conseguirlo. Pero Jeannette asume que sus padre se niegan a vivir siguiendo ninguna norma, que simplemente son así.

Los niños Walls vivieron una infancia en la que el hambre, el frío y la suciedad eran lo normal. Sus padres los dejaban hacer lo que querían y no les ponían ningún límite, y es verdad que fomentaron su creatividad y los convirtieron en ávidos lectores, pero no creo que eso sea incompatible con comer tres veces al día o tener calefacción. Trabajaron duro y se ayudaron unos a otros para conseguir salir de aquel agujero, y lo consiguieron a pesar de sus padres. Y consiguieron también seguir queriéndolos, pero a mí aún me dan ganas de estrangular a Rose Mary Walls por su egoísmo.

Ha sido una lectura interesante, como un Oliver Twist moderno y más alocado, pero igual de triste.

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8 pensamientos en ““The Glass Castle”, de Jeannette Walls

  1. Cada vez tengo más la sensación de que -más allá de un cierto síndrome de Estocolmo- esas disculpas a los sucesos en la propia familia cuando se es niño se deben también a una cierta falta de referentes, e.g.: “qué suerte tengo en realidad, porque [como no paran de repetirme] en otras casas las cosas son mucho peor. La mía es una familia normal… ¡y hasta magnífica!”

    Luego, cuando vas abriendo los ojos al mundo y a otros ejemplos con el paso de los años -al tiempo que los hechos disonantes se van acumulando- mantener esa postura se va volviendo poco a poco más difícil. Pero supongo que, de todos modos, es un fenómeno complicado – incluso para los que pudieran querer actuar desde fuera 😦

      • En realidad, mayores o pequeños, todas las personas son niños. Pero me gustaría creer que existe una salida de tales entornos que no implique acabar hecho añicos de un modo u otro (o varios). Aunque nótese el acto de fé.

  2. ahhh yo quería torcerle el cuello a esa madre (y al padre, de pilón). Y luego lees el siguiente libro de Jeanette donde narra la vida de su abuela (madre de la mamá) y no te explicas cómo fue tan terrible como mamá, tan irresponsable.

    • Ya en este libro la abuela materna parece la única persona estable de toda la familia. En cuanto a la madre, yo creo que es una enferma mental, porque si no es simplemente una asquerosa.

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