“Mr. Penumbra’s 24-Hour Bookshop”, de Robin Sloan


Cuando la gente habla de Google —la empresa, no el buscador— y sus empleados, de cómo se lo pasan de bien, de lo alucinantes que son las instalaciones, incluso de lo buena que está la comida, da la impresión de que se trata de una secta. Pero una secta por la que no tendría inconveniente en ser captada. ¿Será verdad que ponen aditivos especiales en la comida de los empleados, y que por eso los visitantes hacen cola aparte? Si sólo la décima parte de lo que se cuenta sobre Google en esta novela es cierto creo que voy a ir a aporrearles la puerta y a suplicar que me dejen adorar a su líder.

Dejando al margen al gigante de Internet, me ha encantado esta novela. El protagonista es un chico que acaba de terminar sus estudios de diseño gráfico, aficionado a la novela fantástica y con ciertas nociones básicas de programación, que empieza a trabajar en una librería muy extraña. Para empezar, está abierta las 24 horas del día, pero apenas tiene clientes, al menos clientes que compren libros. Su propietario, el señor Penumbra, es tan fascinante como su nombre, y la mayoría de los visitantes que reciben son personajes de lo más extraños que se llevan los libros prestados, casi nunca compran nada. En realidad resultan formar parte de una extraña cofradía que se dedica a descifrar códigos escondidos en libros para descubrir un gran secreto que lleva oculto 500 años.

Los amigos del protagonista igual de raros que los miembros de esta sociedad secreta, solo que de una forma ligeramente más moderna. Una empleada de Google, el amigo de la infancia que tiene su propia empresa de animación 3D, el diseñador de efectos especiales o el hacker al que nunca le ven la cara, todos ellos acaban colaborando para descifrar la clave, tan absortos en los códigos como los viejecitos que llevan tantos años estudiando aquellos libros. Porque nada le gusta tanto a un friki como descifrar una clave secreta, eso es sabido.

Me encantan los libros que hablan de otros libros, y en este caso hay montones, tanto reales como inventados. Los incunables se mezclan con Borges y Dashiel Hammet, los libros son los auténticos protagonistas de esta historia. Pero aquí el malo es el tipo que reniega de las nuevas tecnologías y rechaza el uso de los ordenadores, cuando está claro que con ellos la tarea de descifrado tendría que ser mucho más rápida. Sin embargo tampoco los ordenadores son la clave por sí mismos, es la colaboración y, al final, la idea feliz de una persona, la que puede llevar a resolver el misterio.

Un librero fascinado por los lectores electrónicos. ¡Mi héroe!

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