Entebbe


Ayer por fin salimos a dar una vuelta por Entebbe. Contratamos un taxi que nos llevó primero al zoo, que aquí es la máxima atracción turística que tienen, y después nos hizo un recorrido por toda la ciudad.

El zoo resulta un poco pobre, la verdad. Tienen la suerte de que aquí solo tienen que darse una vuelta por el país para recoger todo tipo de animales interesantes, pero siendo así podrían haber cogido unos pocos ejemplares más de cada, ya puestos. Por ejemplo, hay pocas variedades de monos y de antílopes. Tienen tres leones, un macho y dos hembras, y una de ellas acaba de tener crías así que la tienen separada del resto para que el macho no les haga daño. Tienen un leopardo, un gatazo precioso pero que no estaba muy por la labor de posar para la cámara, y un rinoceronte que al llamarlo el guía se acercó a la valla para que lo acariciáramos. ¡He tocado un rinoceronte! ¡Y tengo la prueba gráfica! Tienen la piel áspera y rugosa, sin pelo, pero sorprendentemente cálida. Como tocar cemento recalentado por el sol.

Lo más curioso del zoo son los cercados. Muretes de piedra de poco más de medio metro de altura para los antílopes, rinocerontes o jabalíes, cercas de tela metálica para los monos y felinos. El guía nos dijo que primero estudiaban al animal y luego diseñaban el recinto, que por ejemplo los rinocerontes no saltan. Yo no pongo en duda que habitualmente no se dediquen a dar brincos, pero está claro que esta gente no ha visto nunca a un Miura de 600 kg saltar la barrera de una plaza de toros. Y si a un león le diera la gana de apoyarse en aquella porquería de tela metálica no creo que la cosa aguantase mucho.

Después del zoo nos tocó el paseo por la ciudad. En general los edificios y las casas particulares se ven de bastante mejor calidad que las de Kigali, aunque también hay lo que parecen casitas de una sola habitación con aspecto endeble. El conductor nos dijo que ya no está permitido construir así, que las casas nuevas tienen que ser todas más sólidas, aunque al que tiene una de las viejas lo dejan tranquilo. También vimos montones de puestecitos de madera, como quioscos diminutos, en los que vendían fruta, carne, comida ya preparada… Todo con un aspecto inmundo, claro.

Fue un paseo muy interesante, he colgado algunas fotos en mi cuenta en flickr con gran esfuerzo, porque esta conexión no da para muchas alegrías.

Hoy nos vamos a ver las fuentes del Nilo, en Jinja.

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