“La torre prohibida”, de Ángel Gutierrez y David Zurdo


Hace dos semanas me invitaron a la presentación de esta novela, ganadora del premio Minotauro de este año. Se trata de un thriller con elementos paranormales, que no es que sea el género que más me gusta, aunque he leído mi ración de este tipo de novelas, como todo el mundo.

Jack Winger ha perdido totalmente la memoria, no sabe nada de su pasado, aparte de los pocos datos que le han dado: su nombre, que era periodista y que ha tenido un accidente. Y es enviado a una especie de sanatorio mental para recuperarse. Un lugar muy extraño, donde todos los pacientes tienen amnesia, y todos sin excepción sufren horribles pesadillas recurrentes. Allí Jack conoce a Julia, una joven también amnésica, pero que parece un poco más conectada con el mundo que el resto de los pacientes, y entre los dos empiezan a hacerse preguntas sobre el extraño lugar donde están metidos.

Al mismo tiempo que se desarrolla la historia , una serie de flashbacks van contando la historia de Jack, que solía ser corresponsal en Nigeria, hasta que presenció como el hijo de un magnate del tráfico de armas asesinaba a una chica. Aunque él lo había denunciado y la policía había llegado a detenerlo, el dinero del padre consigue librarlo, y desde ese momento Jack empieza a tener problemas de memoria por culpa del trauma.

La historia está llena de misterio, tanto en la parte que transcurre en el sanatorio, con sus elementos inexplicables y sus personajes siniestros, como en los flashbacks en los que la mente de Jack empieza a desmoronarse y no sabe si fiarse o no de sus propias percepciones. Las enfermedades mentales son algo que siempre me ha parecido terrible, debe de ser espantoso no poder fiarte de la realidad que te rodea ni de tus propios razonamientos. Algo pavoroso.

Hacia el final del libro empecé a sospechar de qué iba la cosa, pero la verdad es que tardé bastante. Una cosa que me tuvo despistadísima es que se mencionan unos números, tres grupos de cifras separados por puntos, todas menores de ocho. Y claro, inmediatamente pensé que aquello era un dominio IP, al que sólo le faltaba el número de la máquina. Deformación de teleco, qué le vamos a hacer, pero que contribuyó a mantener la intriga.

Según nos contaron los autores en la presentación, su método para escribir una novela en tándem consiste en que se ponen de acuerdo en un esbozo de la trama, tipo guión de cine, y después cada uno de ellos escribe una línea argumental, con ciertos puntos en común en los que tienen que coincidir. A mí me parece complicadísimo, pero es evidente que a ellos les funciona. Y al ir interrumpiéndose ambas tramas la una a la otra, aumenta la intriga y te impulsa a seguir leyendo, así que todo son ventajas.

Me ha entretenido mucho, y a ratos me ha recordado a Stephen King, de quien tengo la impresión que estos dos autores son fans.

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