Lecturas de la infancia: “Shogun”, de James Clavell


Cuando tenía 9 años mis padres, mi hermana y yo fuimos a Iquitos (Perú) a visitar a mi abuela. Ya habíamos estado allí antes, pero yo era demasiado pequeña para recordarlo. En cambio ese viaje, esos dos meses que pasamos allí, los recuerdo perfectamente. El calor, el olor, las visitas a la selva, los paseos por el Amazonas… Había elementos de sobra para pasarlo en grande, pero había una cosa en particular que para mí era lo más de lo más. La mayoría de los niños de esa edad sueñan con que los dejen solos en una pastelería, pero yo no. Yo tenía a mi disposición la librería de mi abuela.

Todos los días, durante la siesta, en vez de irme a dormir yo me cogía una pila de libros, mi silla y una Inca-Cola bien fría, y me ponía a leer. Sé que había una tele en la casa, pero no la vi jamás, ni me suena haberla visto encendida. No sé cuantos libros pude leer en aquellos dos meses, pero no creo que fueran menos de 20; muchos los he olvidado, pero hay uno que siempre voy a recordar, porque me encantó, y fue Shogun.

Me fascinó el contraste entre las ideas y costumbres de aquel marino inglés del siglo XVII y la sociedad japonesa, totalmente medieval. El continuo cambio punto de vista, que ofrecía también  el shock que para los japoneses eran aquellos ingleses sucios, toscos y sin la menor idea del honor, capaces de recibir un insulto y no suicidarse en el acto, y no solo el horror del capitán Blackthorne ante el poco valor que los japoneses le daban a la vida humana. Siempre me ha gustado que me den detalles sobre cosas que no conozco en absoluto, ya sea el transporte de madera o la gramática japonesa.

Esto me ha venido a la memoria porque ayer empecé a leer una novela de una escritora japonesa, aunque esta vez ambientada en la actualidad. Y por lo poco que he leído, estos cuatro siglos no los han hecho menos peculiares para nuestra mentalidad occidental. Me está gustando mucho, así que supongo que no tardaré en terminarlo, será mi próxima reseña.

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4 pensamientos en “Lecturas de la infancia: “Shogun”, de James Clavell

  1. El otro día estaba hojeando el ELLE magazine, cuando una imagen me sobresaltó. ¿Qué hacía allí una foto de la librería de mi familia? Me puse a leer enseguida el pie de la imagen y decía que era la primera tienda que había abierto Mario Prada en la galería Vittorio Emanuelle II en Milán en 1913, justo el año que nació mi madre.
    ¿Recuerdas la altísima escalera a la que nos teníamos que subir para alcanzar los estantes más altos de las vitrinas? Tenían más de 1m. de fondo, por lo que cabían varias filas de libros y también aquel suelo de damero…

    Our old bookshop. Est. 1905 by grandpa

  2. Pingback: “Out”, de Natsuo Kirino « Diario de Lectura

  3. ¡cómo me han gustado tus remembranzas! deben haber sido unas vacaciones muy especiales…las bibliotecas familiares siempre son un tesoro. Este libro no lo he leído, así que me lo llevo apuntado en la libreta del plan infinito.
    Un beso,
    Ale

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