“Last Night in Twisted River”, de John Irving


Soy una gran fan de John Irving incluso desde antes de leer ninguno de sus libros, desde que vi la adaptación al cine de El mundo según Garp hace un montón de años. Cuando vi que se basaba en una novela, tuve que leerla, claro está. Y después vinieron Oración por Owen, El hotel New Hampshire, y tantos otros.

Aun así he tardado bastante en animarme con esta novela, que se publicó hace ya un año, quizás porque la anterior, Hasta que te encuentre, me pareció muy dura con unos personajes femeninos tan crueles y mezquinos que helaban la sangre.

Pero en su nuevo libro Irving retoma sus temas de siempre: el temor de los padres a perder a sus hijos, la viudedad, los osos, las manos izquierdas, los tatuajes, los abusos a menores, el aborto… Hay un niño que muere ahogado y otro que casi es atropellado, una felación en un coche que acaba fatal, y en general calamidades varias que caen sobre los protagonistas, un padre cocinero y su hijo escritor.

Los temas recurrentes de John Irving me parecen fascinantes, y siempre me pregunto de dónde demonios salen. Hace poco contó en una entrevista que una mujer había abusado de él cuando era un niño, así que eso queda claro, pero ¿por qué tantos osos? ¿Y a qué viene esa manía a las manos izquierdas? Por no hablar de los perros que pierden una oreja. Son todas cosas tan extravagantes que da igual cuánto las repita en sus obras, siempre me seguirán interesando.

Dominic Baciagalupo es cocinero en el campamento maderero de Twisted River, donde vive con su hijo Danny de 12 años. Un extraño accidente los obliga a huir de allí, y los mantiene a la fuga durante los siguientes 50 años, siempre con el temor de que el agente Carl, un ex-policía, los encuentre y los mate. Con los años Danny crece y se convierte en escritor y es a su vez en padre de un hijo, también sin madre. Las tres generaciones de Baciagalupo continúan intentando mantener las distancias con el agente Carl, de quien reciben informes gracias a Ketchum, un viejo amigo de Dominic.

Ketchum es, sin duda, el personaje más interesante de la novela. Un leñador que no fue al colegio pero para el que los preeliminares para el sexo consisten en que su novia de turno le lea en voz alta a Dostoievski, con una escala de valores propia e inquebrantable, y cuya principal preocupación es proteger a sus amigos. A pesar de que aprende a leer de adulto, la forma favorita de comunicación de Ketchum es la palabra escrita. Es un incansable escritor de cartas, y cuando descubre el fax obliga a los Baciagalupo a comprarse uno, por el que reciben sus mensajes a cualquier hora del día o de la noche. Incluso sus llamadas telefónicas son telegráficas, pues casi siempre se limita a gritar sus consejos (o más bien sus instrucciones) sin esperar respuesta de su interlocutor.

El proceso creativo de la escritura también se describe con detalle gracias a las novelas de Danny, y es fascinante ver como los acontecimientos de su vida cambian para usarlos en la ficción. Danny escribe empezando por el final del libro, y retrocediendo hasta la primera frase, y así, al final de la novela que estamos leyendo volvemos al principio de la novela que él está escribiendo.

La novela está narrada de forma no lineal, con saltos adelante y atrás en el tiempo, en los que tanto nos anticipan los acontecimientos futuros como retroceden para contarnos la juventud de Dominic, la historia de la madre de Danny, y el nacimiento de la amistad con Ketchum. Y también con continuas referencias a la política de los EEUU, desde la guerra de Vietnam hasta el 11S, pasando por la primera elección de George W. Bush, todo desde un punto de vista muy crítico (en palabras de Ketchum, un montón de mierda de alce). Esta es la novela más política que he leído de Irving. Si bien en casi todas sus obras anteriores se dejan ver sus opiniones, en esta ocasión toma partido de forma clara.

He leído algunas críticas negativas de esta novela, en las que principalmente se quejan de que es demasiado larga, con un montón de descripciones totalmente prescindibles. La verdad es que a mí no me han molestado. En ocasiones comparan a John Irving con Charles Dickens, otro de mis escritores favoritos y un autor especialista en el detalle insignificante; seguramente por eso me gusta Irving, porque me encanta que me den detalles de cosas que desconozco, ya sea sobre el proceso de traslado de madera por los ríos hasta los aserraderos o sobre cocina china. Para mí no sobra ni una palabra.

Anuncios

8 pensamientos en ““Last Night in Twisted River”, de John Irving

    • A mí me gustó, tanto por la descripción de cómo escribe el libro, como por la llegada de Lady Sky. Me gusta que el pobre Daniel pueda ser feliz al final de su vida, y me gustan esas enrevesadas casualidades tipo Dickens que nadie se creería.

  1. Pingback: Lecturas de la infancia: “Shogun”, de James Clavell « Diario de Lectura

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s