Bichos


En Ruanda, cada cierto tiempo y siempre en época de lluvias, es decir, en cualquier mes del año menos en julio, se produce un aluvión de algún tipo de bicho. Unas veces son una especie de termitas voladoras que van por ahí dando tumbos y perdiendo alas con total despreocupación, para luego aletear por el suelo medio escoradas. Y ahora han tocado saltamontes, grandes, voladores, de unos 5 cm de largo, verdes o de color tostado, que se encuentran medio atontados por cualquier esquina. Es muy fácil cogerlos, aunque hay que tener cuidado porque tienen unas mandíbulas bastante potentes y si se les deja te pegan un bocado.
Los principales beneficiarios de estas pequeñas plagas son los pájaros, que se ponen las botas. Los cuervos se mueven en bandadas cazando como locos, y hasta los pequeños halcones que hay por aquí se dan un festín. Pero en el caso de los saltamontes tienen otros depredadores: aquí se fríen y se comen. Estos días vemos a todos los niños llevando bolsitas en las que van metiendo todos los que cazan para llevárselos a casa, supongo.
Pero hace un par de días, cenando en el hotel Mille Collines, el de la famosa película, vimos a otro depredador.
El saltamontes estaba en la pared, a media altura, cuando una salamanquesa pasó a su lado de camino hacia el techo. Al principio dio la impresión de que lo iba a ignorar, después de todo, sin tener en cuenta la cola de la salamanquesa, eran prácticamente del mismo tamaño. Pero la salamanquesa cambió de opinión, dio media vuelta y empezó a avanzar hacia el saltamontes. Paso a paso, fue acercándose con cuidado, al acecho, hasta quedar a unos cinco centímetros del saltamontes. Entonces abrió la boca con gesto fiero y se quedó mirándolo durante varios minutos.
Mi compañero y yo los estábamos observando casi sin respirar, esperando una pelea digna de los documentales de National Geographic, pero no sé con que cara respondería el saltamontes al desafío de la salamanquesa, porque al cabo de un rato se dio la vuelta y se fue por donde había venido. El saltamontes quedó como dueño y señor de aquella pared durante el resto de la cena.
Toda la secuencia me hizo recordar las peleas épicas que narraba Gerald Durrel en Mi familia y otros animales, cuando una salamanquesa atacaba a una mantis religiosa y la pelea acababa en una confusión de sangre y élitros arrancados.

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5 pensamientos en “Bichos

  1. Desde que he empezado a leer el artículo, he tenido más de dos escalofríos. No soporto los insectos. Ninguno. Estoy pensando que los animales caracen de orgullos si no es por necesidad reproductiva o por temas alimenticios. Buena experiencia.

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