“The Suspicions of Mr. Whicher”, de Kate Summerscale


El título completo de este libro es: The Suspicions of Mr. Whicher: A Shocking Murder and the Undoing of a Great Victorian Detective. Cuando lo empecé pensé que se trataba de una novela, aunque basada en hechos reales, pero se trata más bien de un análisis exhaustivo de cómo el asesinato de Road-Hill House influyó no solo en la familia en la que tuvo lugar y en los hombres que lo investigaron, sino también en la forma en que la sociedad de la época veía el trabajo policial de investigación, y hasta en la literatura.

En 1860 un niño de 3 años, Saville Kent, apareció muerto, apuñalado y degollado, en el retrete de su casa, en circunstancias que dejaban claro que el asesino tenía que ser alguien de dentro de la casa. Las autoridades locales iniciaron una investigación, pero el asunto los superaba, así que pidieron ayuda a Londres, para que les enviaran a uno de los miembros de la división de Detectives, creada apenas unos años antes.

El elegido, el Mr. Whicher al que hace referencia el título, fue uno de los ocho detectives con los que se creó el cuerpo y estaba considerado como el investigador estrella del grupo. Tanto Charles Dickens como Wilkie Collins lo conocían, y es más que probable que  el sargento Cuff de La piedra lunar esté basado en él, al igual que el inspector Bucket de Casa desolada está inspirado en el jefe del departamento, el inspector Charles Frederick Field.

Los detectives, hasta aquel momento, estaban considerados como una especie de héroes, hombres de gran inteligencia y percepción, capaces de desentrañar la maraña que era un crimen hasta llegar a su resolución. Pero eso cambió con el caso de Road-Hill House. Las pruebas que encontró la policía eran escasas y nada esclarecedoras, así que fue a base de interrogar a los miembros de la familia y al servicio, y haciendo suposiciones en base a los motivos de cada uno, como Mr. Whicher llegó a la conclusión de que la asesina era Constance Kent, la medio hermana de 15 años del niño asesinado, tal vez con la ayuda de su hermano William.

Pero únicamente con pruebas circunstanciales fue imposible conseguir una condena, y la prensa se lanzó contra el detective. La opinión pública no podía aceptar que una niña hubiera cometido un crimen tan horrible, así que se revolvió contra el hombre que la había acusado. Además, el que un policía, una persona de clase baja, tuviera el derecho de husmear en los asuntos de los que estaban por encima de él, de espiar sus asuntos para luego ventilarlos ante el público, era algo intolerable para la sociedad británica. Mr. Whicher vio como aquel caso suponía el fin de su carrera como detective.

Pocos años más tarde el caso se resolvió por fin mediante la confesión del culpable, pero para entonces la figura del detective como alguien astuto y artero ya estaba fijada tanto en la sociedad como en la literatura. La novela de misterio nació en esos años de la mano de Wilkie Collins y Dickens y fue desde el principio un rotundo éxito, y este libro analiza la influencia que tuvo este crimen en aquellas primeras obras. Hay dos hermanos, posibles asesinos en El misterio de Edwind Drood, y también en Otra vuelta de tuerca, de Henry James. Hay un detective que está equivocado en La piedra lunar, y una joven acusada de un crimen en La dama de blanco.

Supongo que habrá mucha gente a la que un libro que hace un estudio tan exhaustivo tanto de la sociedad como de la literatura de la época, al margen del propio crimen que trata, le resulte árido y aburrido. No ha sido mi caso, yo lo he pasado en grande, supongo que porque en parte porque hablan de algunas de mis novelas favoritas. Tanto Dickens como Collins, por no hablar de Henry James, me parecen escritores extraordinarios, y sus obras una delicia que nos hacen disfrutar con cada palabra, cada insignificante personaje secundario y cada giro inesperado y completamente increíble de la trama. Es fascinante ver que todas esas cosas tenían su reflejo en la realidad.

También tengo que decir que empecé a leer libros en formato digital a causa de Wilkie Collins, cuando vi en una librería una edición en tapa blanda de Sin nombre por 4500 pesetas. Esa misma noche lo descargué de Project Gutenberg, de forma totalmente gratuita y legal.

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