“A Great and Terrible Beauty”, de Libba Bray


Éste es un intento de novela gótica del que lo mejor que se puede decir es que es fallido. La protagonista es una chica de 16 años, criada en la India, en plena fase de rebeldía porque quiere que la envíen al colegio a Inglaterra y ser presentada en sociedad. Su madre se opone porque guarda un Secreto, pero como la asesinan en el primer capítulo, así que Gemma se va a Londres a un internado en el que le darán los últimos retoques para poder casarla bien. El colegio resulta ser el mismo al que fue su madre, y donde se originó el Secreto, que además resulta ser del ámbito paranormal.

En el internado Gemma y tres de sus compañeras forman la Orden para desarrollar los nuevos Poderes Ocultos de la primera y desvelar el Secreto. No termina de quedar muy claro si las chicas son amigas o enemigas, ya que son todas unas egoístas incapaces de preocuparse por nadie que no sean ellas mismas. La cosa queda en una especie de aventura de Los Cinco pero con corsé.

La trama es floja y llena de agujeros, y está llena de estereotipos. El hindú que pretende impedir que Gemma desarrolle sus poderes es de una belleza exótica, los gitanos que acampan junto al colegio son groseros y vulgares, y los familiares de las chicas, ingleses de pro, son estirados y preocupados únicamente por las apariencias.

Pero lo peor, lo más inconsistente de todo, más aún que la parte mágica, es la ambientación. Dudo muchísimo que en alguna parte de la Inglaterra victoriana, ni en las cloacas más inmundas, hubiera alguna joven de 16 años que supiera lo que era un maníaco sexual, o que conociera siquiera esos términos, y mucho menos que usara esas palabras en público. Y es posible que alguna se sintiera decepcionada por la avanzada edad del pretendiente que le eligieran sus padres, aunque lo más probable es que se sintiera aliviada al conseguir casarse y no verse abocada a la situación de casi mendicidad a la que llevaba la soltería. Pero desde luego, lo que no haría sería quejarse en público.

La vida de las mujeres en aquella época, si bien parecía muy protegida, era en realidad muy dura, pues toda aquella que no tuviera la belleza o la fortuna necesarias para poder elegir a su marido, y eran muy pocas las afortunadas, se veía reducida a conformarse con un marido por el que en el mejor de los casos solo sentiría indiferencia, o como alternativa a vivir de la caridad de sus familiares o a buscar uno de los pocos trabajos que podía ejercer una mujer decente.

Estoy por jurar que esta escritora no ha leído a Jane Austen. Desde luego, si lo ha hecho, no ha entendido nada.

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