“Todas las criaturas grandes y pequeñas”, de James Herriot


En esta novela autobiográfica, el doctor Herriot, recién acabada la carrera de veterinaria a finales de los años 30, cuenta sus aventuras y desventuras como ayudante de un veterinario rural en Yorkshire.

La mayoría de estas aventuras empiezan con el pobre hombre desnudo de cintura para arriba y con el brazo metido dentro de una vaca. No sabía que podía haber tantos tipos de complicaciones distintas en el parto de un ternero, la verdad. Pero todo está contado de forma entretenida y amena, y la lectura se hace muy fácil. Está claro que era una vida difícil, sobre todo en aquellos días previos a los antibióticos, cuando lo poco que se podía hacer por un animal enfermo era darle una purga, y los animales heridos casi siempre corrían riesgo de morir de una infección. No quiero ni pensar cómo serían los hospitales para seres humanos en aquella época.

Gran parte de las anécdotas tienen que ver con su jefe, un tipo poco mayor que él, muy peculiar, y que se pasa la vida discutiendo con su hermano menor, también estudiante de veterinaria. Estos dos hermanos, Siegfried y Tristan, hijos de una aficionado a Wagner como se puede ver, no podrían ser más distintos , uno serio y responsable, el otro un cabeza loca que solo pensaba en salir con chicas e ir de fiesta, y el pobre James siempre se veía en medio de sus discusiones. Aun así se ve que tenía una verdadera relación de amistad con ambos hermanos.

En una época en la que los veterinarios recién graduados trabajaban como ayudantes por nada más que la manutención y eran explotados hasta el agotamiento, James se podía considerar más que afortunado con el jefe que le había tocado en suerte.

Otra gran parte del libro se dedica al paisaje y los habitantes de Yorkshire, que para un joven de ciudad era todo un contraste. Los paisajes agrestes y los granjeros con sus peculiaridades y sus diagnósticos tradicionales muchas veces eran un impedimento más para realizar su trabajo, pero también le suponían un gran atractivo.

Es agradable encontrar a alguien satisfecho con la vida que lleva, que se considera afortunado a pesar de las penalidades, y que es capaz de tomarse con buen humor el que una vaca lo pringue de estiércol de la cabeza a los pies.

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4 pensamientos en ““Todas las criaturas grandes y pequeñas”, de James Herriot

  1. Ohh este libro me lo regaló mi prima (es veterinaria) el verano antes de que empezara yo la carrera (veterinaria, por supuesto!). No recuerdo mucho del libro, solo que me gustó mucho y que era divertido, con tantas vicisitudes por las que tenía que pasar el protagonista. Precisamente he estado muchas veces tentada de releerlo, por aquello de volver a “sentir” la ilusión de cuando estás empezando a estudiar, pero siempre lo he pospuesto. A ver si me animo de una vez!!

  2. Opino “exactamente” lo mismo que tú, Bárbara, sobre lo la vaca y su culo, pero supongo que el libro me gustaría. Un toque de humor siempre es de agradecer, que la vida, en algunos momentos, necesita ciertos aderezos

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