“Limpieza de sangre”, de Arturo Pérez-Reverte


Segundo libro de la serie del capitán Alatriste, novela histórica ambientada en el Siglo de Oro. Las desventuras del Capitán, como en el libro anterior narradas por su joven paje, Íñigo de Balboa, el huérfano de un compañero de armas en la campaña de Flandes y que esta vez es el auténtico protagonista de la historia, ya que se enfrenta a la Santa Inquisición bajo la acusación de tener sangre sucia. Y esto no tiene nada que ver con ser hijo de muggles, sino con tener antepasados judíos y de ser un “judeizante”. Por supuesto todo es una intriga palaciega para atacar a Alatriste y de paso al Conde-Duque de Olivares. Por suerte, Alatriste cuenta con algún amigo poderoso, y todo acaba bien.

Me hace mucha gracia esta comparación entre la Inquisición Española y la de otros países de Europa:

Pero Inquisición hubo también en otros sitios. Y además, con su pretexto o sin él, tudescos, franceses e ingleses chamuscaron más heterodoxos, brujas y pobres desgraciados que los quemados en España; donde, merced a la puntosa burocracia de la monarquía austríaca, todos y cada uno de los chicharrones que hubo, muchos pero no tantos, figuran debidamente registrados con procesos, nombres y apellidos. Cosa de la que no pueden presumir, por cierto, los gabachos del rey cristianísimo de Francia, los malditos herejes de más arriba o la Inglaterra siempre falsa, miserable y pirata; que cuando quemaban ellos lo hacían alegremente y a montón, sin orden ni concierto y según les venía en ganas o en intereses, condenado hatajo de hipócritas.

Una visión peculiar del asunto, está claro.

Lo que más me gusta de estos libros es la descripción del Madrid del siglo XVII, reconocer las calles que aún existen hoy en día, e imaginar lo distintas que debían de ser en aquella época, los hombres embozados con sus capas y sus sombreros de ala ancha, los callejones estrechos de la zona de los Austrias y el campo, mucho más cerca de la ciudad de lo que hoy podemos imaginar.

Pero le encuentro un defecto al libro, y es que, al igual que el primero, está narrado por Íñigo, lo que en principio es una opción perfectamente válida. Pero durante más de la mitad de la novela Íñigo y Alatriste están separados, por lo que el punto de vista de la narración no puede seguir siendo el del chico, al menos en la parte de la historia que se refiere a Alatriste. Es lo que pasa cuando renuncias al narrador omnipresente, que no puedes contar cosas que ocurren fuera de la vista de tu protagonista. O, al menos, tienes que dar una explicación, como que luego le han contado toda esa parte de la historia; pero con un personaje como Alatriste, al que describen todo el tiempo como callado y parco en palabras, eso es difícil de creer.

Por cierto, qué gran alivio resulta leer a un escritor que sabe la diferencia entre “le” y “lo”, y cuando emplear uno u otro. Debería enseñar al resto, que son una pandilla de leístas, loístas y laístas impenitentes.

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2 pensamientos en ““Limpieza de sangre”, de Arturo Pérez-Reverte

    • Yo también leí el primero hace un montón de tiempo, cuando se publicó. Para mí se haría pesado leerlos todos seguidos, pero así, dejando pasar tiempo, me ha entretenido. Y eso que el autor me cae fatal.

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