Kivuye


Lago Kivu

Ayer deberían haber empezado mis vacaciones. En lugar de eso estoy otra vez en Ruanda, para dos semanas de trabajo a destajo, de 8 a 7 de la tarde como mínimo, de las que ya he sufrido una y estoy deseando terminar la otra, y por fin empezar de verdad las vacaciones.

Hemos cambiado del hotel Stipp a uno muchísimo mejor, el Lemigo, cerca del aeropuerto (no sin esfuerzo, es mejor y por lo tanto más caro). Sin humedades ni bichos en las habitaciones y con una comida aceptablemente buena, así que en ese sentido estamos muchísimo más contentos. Menos mal, porque saliendo de trabajar a las 7 de la tarde ya ni tenemos ganas de salir a cenar a ninguna parte.

A pesar del cansancio, ayer nos levantamos pronto y nos fuimos de excursión a Kivuye, una ciudad a orillas del lago Kivu, más o menos hacia la mitad. Está a unos 120 Km de Kigali, es decir, unas dos horas y media por una carretera llena de curvas. Pero llena, llena, llena, que por el camino vimos tres camiones estrellados en la cuneta, uno de ellos acababa de irse ladera abajo un ratito antes. Por suerte no había casi tráfico, porque ir por esas carreteras detrás de un autobús es para que te de un soponcio.

De excursión por el lago

El paisaje por el camino es muy bonito, y pasamos por muchos pueblecitos, con sus mercados y sus casitas de adobe, y todos los niños nos decían adios. Les hace mucha gracia ver blancos y les encanta que los saludemos, aunque sea desde el coche.

Una vez en Kivuye comimos unos sandwiches allí, en un pequeño hotelito a orillas del lago, y después alquilamos una lancha y nos dimos una vuelta por el lago, hasta una isla a más o menos una hora de camino, que llaman “Napoleon’s Head” porque según dicen se parece a la cabeza de Napoleón. Tal vez sea desde el otro lado… Ahora podemos decir que hemos navegado por uno de los Grandes Lagos Africanos. Es verdaderamente impresionante, no se ve la otra orilla, y eso que es alargado y estrecho. Parece un mar, con olas y todo. Lástima que no fuera el Victoria, pero con suerte todo llegará.

En la isla hay un montón de murciélagos y, según nos dijeron, también monos, aunque de estos últimos no vimos ninguno. Pero sabemos que es cierto, porque otro compañero (mejor no decir nombres) tuvo que ponerse la antirrábica el año pasado por tocarle las narices a un mono en ese mismo sitio.

Chema y David en la Isla de los Murciélagos

Apenas estuvimos media hora allí, dando una vuelta pequeñita y viendo los miles de murciélagos volando de un árbol a otro. Luego tuvimos que volvernos para no tener que conducir de noche. Aunque yo no iba calzada para la ocasión y no me faltaron ocasiones para caerme de narices con mis bailarinas (lo de la isla fue una idea del momento), fue un paseo muy agradable, pero me temo que ya casi no nos quedan cosas por ver en este país, nos lo hemos recorrido prácticamente entero. Es posible que volvamos a esta isla, pero con tiempo para recorrerla y explorarla a fondo, sin las prisas de ayer.

Hoy hace un día estupendo, se nota que estamos en la estación seca porque lleva un montón de días sin llover y hace bastante más calor que normalmente, así que hemos decidido quedarnos en la piscina y hacer el vago a pleno rendimiento, que se avecina otra semana de jornadas de 12 horas. ¡Qué ganas tengo de irme de vacaciones!

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4 pensamientos en “Kivuye

    • Es que aquí cuento la parte de ocio 😀
      La verdad es que no hacemos gran cosa, cuando salimos de trabajar ya es de noche y estamos cansados, pero los fines de semana intentamos aprovecharlos e ir por ahí.

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