“La tumba de las luciérnagas”, de Akiyuki Nosaka


El otro día estuve viendo La tumba de las luciérnagas, una peli de animación de Estudio Ghibli, aunque no dirigida por Miyasaki sino por Isao Takahata. No voy a hablar de la peli, que Roger Ebert califica como una de las películas más grandes de la historia del cine. Solo diré que es una de las películas de dibujos más tristes que he visto en mi vida, así que me puse a buscar la novela en la que está basada. Ya puestos a sufrir, hagámoslo a tope.

La novela es muy cortita y se publicó junto con otra igual de breve, Las algas americanas. Las he leído las dos anoche, en total no llegan a las 100 páginas.

Voy a empezar con el segundo relato, que cuenta la visita de un matrimonio de jubilados estadounidenses a Japón unos 20 años después del final de la guerra, pero desde el punto de vista de su anfitrión japonés. Su esposa había conocido a los americanos durante unas vacaciones en Hawaii con su hijo pero sin su marido. Esto parece ser algo de lo más normal para los japoneses, que el marido se quede trabajando y mande a su familia de vacaciones, y es ya la primera diferencia cultural con la que tropiezan. Pero además, donde la esposa está encantada y emocionada con la idea de la visita, el marido, Toshio, lo encuentra una imposición y una fuente de incomodidad. Para él las penalidades de la guerra y la humillación de la derrota están aún muy presentes, y esta sensación de inferioridad se ve aumentada por su necesidad compulsiva de agradarlos.

Las escenas de la visita se intercalan con los recuerdos de Toshio del final de la guerra y la llegada de los soldados americanos, para los japoneses unos gigantes a los que estaba claro que jamás habrían podido derrotar. Hay una escena en la que Toshio lleva al americano a un espectáculo erótico (el viejete resulta ser un sátiro), y el protagonista masculino es incapaz de actuar, impotente delante de aquel extranjero. Supongo que será una metáfora del sentimiento de aquella generación de japoneses, perdedores no solo de la guerra sino de su forma tradicional de vida.

El primer relato me ha gustado mucho más a pesar de lo duro que es, y es en el que se basa la película de la que hablaba antes. Narra las desventuras de dos hermanos huérfanos, Seita, de 14 años, y Setsuko, de unos 4 ó 5. Comienza con la muerte de Seita, tirado en una estación de tren, y de ahí retrocede unos meses para contar su historia. El bombardeo de su ciudad con napalm mata a su madre y los obliga a refugiarse en casa de una tía, que les escatima la comida de tal manera que acaban marchándose a vivir a una cueva. Seita se dedica a robar todo lo que puede para alimentar a su hermana, pero no es suficiente y la niña acaba muriendo de hambre. Y con ella muere el instinto de supervivencia de Seita, que apenas dura unas semanas más antes de que el hambre y la diarrea acaben con él.

Al principio, al contar la muerte de Seita, el autor nos dice que se produce un día después de que se aprobara la Ley General de Protección a los Huérfanos de Guerra, lo que me ha hecho pensar en cómo serían los servicios sociales en el Japón de aquella época. Las desventuras de estos niños bien podrían salir de una novela de Dickens, en plena época Victoriana, pero parece que en Japón, 100 años más tarde, aún no se les había ocurrido que el Estado tenía la obligación de hacerse cargo de los huérfanos. Tal vez debido a su sentido del individualismo.

El relato es autobiográfico, ya que el autor, junto con su hermana pequeña, fue uno de los supervivientes del bombardeo de Kobe. La niña murió de hambre, y para el autor esta novela es una forma de expiar su culpa por haber sobrevivido y por haber comido primero cuando robaba comida para ambos.

Aquí os dejo un fragmento de la peli, me temo que con unos subtítulos un poco penosos, pero verdaderamente merece la pena verla.

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8 pensamientos en ““La tumba de las luciérnagas”, de Akiyuki Nosaka

  1. Yo también la vi hace un par de años y coincido en que es de las películas más tristes que he visto nunca. Lo que no sabía que estuviese basada en un relato, y menos que fuese autobiográfico. No me quiero ni imaginar lo que es pasar por algo así.

    • Tienes todo mi permiso 😀

      He leído vuestra reseña, y veo que estamos de acuerdo, tanto en que es una gran película como en que es extraordinariamente triste.

      A mí lo que me llama mucho la atención es lo que parece la total ausencia de intervención estatal. Al principio de la peli se ve a Seita, agonizando en una estación de tren. Y también se ve que no está solo, hay varios chicos más allí tirados, en el mismo estado calamitoso. Es muy diferente de lo que se ve en las películas sobre la Segunda Guerra Mundial que transcurren en Inglaterra, donde evacuaron a los niños de las grandes ciudades y se enviaron al campo, con familias que los acogían. No dudo que habría gente mezquina que los recibiese de mala gana y les escatimase la comida, pero al menos se veía que el Estado se hacía cargo de esos niños y tomaba decisiones para su protección.

  2. La peli la vi hace mucho, y si, es muy triste, me pongo en la lista de pendientes el libro 🙂

    Por cierto, puestos a hurgar en pelis del estudio Ghibli, te recomiendo también el libro en que que se inspiraron para la peli del castillo ambulante. Se llama igual que la película y es muy cortito, para pasar un ratito entretiene bastante 🙂

  3. Pingback: Lecturas de la infancia… o no: “Mi planta de naranja lima” | Diario de Lectura

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