“Caín”, de José Saramago


Este es el primer libro de Saramago que leo, y ya iba siendo hora. Me ha gustado mucho su estilo de frases largas y sin apenas puntos, sin marcas en los diálogos más que una mayúscula cuando cambia el interlocutor. Me ha recordado un poco a la fluidez del monólogo interior de Faulkner.

La novela sigue las andanzas de Caín tras matar a su hermano Abel, con un pequeño preludio contando la expulsión de Adán y Eva del jardín del Edén. pero Caín no se queda en la tierra de Nod, sino que vaga por los escenarios del Antiguo Testamento y es testigo de muchos de los hechos que allí se narran.

Supongo que esta novela en particular resultará ofensiva para la gente religiosa, si es que se deciden a leerla, aunque me pregunto qué parte será la que les molestará: ¿lo que Saramago se inventa, o lo que de verdad aparece en la Biblia?

Caín se declara desde el principio enemigo de Dios. La culpa del asesinato de Abel se la echa al propio Dios, que es el que provoca la enemistad entre los dos hermanos al hacer de Abel su favorito. Es una idea que ya había leído en Al este del Edén, donde Steinbeck traza un paralelismo entre la historia de Caín y Abel y la de sus personajes, a lo largo de varias generaciones. La culpa de la enemistad y los celos entre los hermanos es del padre, por tener favoritos.

El amago de sacrificio de Isaac a manos de su padre Abraham, la destrucción de Sodoma y Gomorra, de Jericó, de la torre de Babel… Caín es testigo de todos estos hechos, y de la crueldad y falta de misericordia de Dios, que a la menor provocación hace llover fuego y azufre. Un pequeño ejemplo del estilo y la ironía de Saramago:

Fue entonces cuando josué lanzó la siguiente amenaza, Maldito sea quien intente reconstruir la ciudad de jericó, se le muera el hijo mayor a quien ponga los cimientos y el más joven a quien levante las puertas. En aquella época las maldiciones eran obras maestras de la literatura, tanto por la fuerza de la intención como por la expresión formal en la que se condensaban, de no haber sido Josué la crudelísima persona que fue, hoy hasta podríamos  tomarlo como modelo estilístico, por lo menos en el importante capítulo retórico de los juramentos y maldiciones, tan poco frecuentado por la modernidad.

No es un libro muy largo, pero merece la pena.

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5 pensamientos en ““Caín”, de José Saramago

      • Tienes razón, me he expresado mal. Me refería a la puntuación, no al lenguaje. A éste no le pasa nada. Es el modo de escribirlo, no de expresarlo.
        Luego me acostumbre a lo de la puntuación y casi no me daba cuenta, pero me llevó casi medio libro.
        El libro me gustó tanto, que no paro de recomendarlo; de hecho creo que mi libro aún anda viajando de casa en casa.

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