Tron: The Legacy


Estoy en casa pasando las vacaciones de Navidad, así que hoy quedé con mis amigos para tomar una Coca-Cola y ponernos al día. Y, como siempre, acabamos la tarde decidiendo ir al cine. Ante la pregunta de a qué película, hoy respondimos todos al unísono: ¡Tron! Es lo bueno de reunirse con los amigos de siempre, algunos de los cuales logran una puntuación aún mayor que la mía en el frikitest. Cuando se estrena una de ciencia-ficción, no hay discusión.

Por supuesto, todos nosotros, niños de los 80, teníamos muy clarita en la memoria la primera película, y por mi parte iba con cierto temor de que los efectos especiales de hoy en día fueran demasiado sofisticados, y le hubieran quitado encanto a la cosa. ¿Cómo se podría superar aquellas carreras de motos del ciberespacio, con su estela sólida y aquellos giros en ángulo recto? Pues se puede, añadiendo niveles de profundidad, en lugar de jugar en el plano. Toda la película, ya desde los títulos iniciales, está llena de cambios de perspectiva o de eje de coordenadas, algo en plan “la puerta del enemigo está abajo”. A eso hay que añadirle le música de los 80, los pedacitos de la BSO de la primera película y la nueva banda sonora de Daft Punk, que le queda perfecta al ambiente del ciberespacio. De hecho, podrían haber estado allí los miembros del grupo y habrían pasado totalmente desapercibidos.

La trama es enrevesadísima, pero a quién le importa. Tenemos a Flynn, a quien todo le va de cine después de las aventuras de la primera película, pero que desaparece misteriosamente (todos sabemos a dónde ha ido) dejando solo a su hijo. Los años pasan, el chaval crece, e investigando la desaparición de su padre acaba dentro del ciberespacio, donde por supuesto acaba por encontrarlo. Allí todo es muy místico y muy zen y hay una especie de conspiración para dominar el mundo que no le importa a nadie, porque para eso están las motos luminosas, las peleas con los discos, las persecuciones en cacharros voladores súper molones y todo un despliegue de efectos especiales apabullantes. Una delicia.

Jeff Bridges está muy bien, interpretando al padre atrapado en el ordenador, a una versión más joven de sí mismo, y al programa que creó en su día. Está muy creíble, teniendo en cuenta lo increíble de la historia, aunque las versiones rejuvenecidas (supongo que por ordenador) dan un poquito de grima. Su hijo está allí para ser impulsivo, valiente, para meterse en líos sin parar y para que todos se refieran a él como “el hijo del Creador”, como si fuera una especie de mesías. Lo acompaña un programa que ha estado bajo el cuidado de su padre, interpretado por Olivia Wilde, la “13” de House, una especie de programa de nueva generación que es el futuro de la informática, o algo por el estilo que tampoco tiene importancia.

En la peli también hay referencias a otros clásicos de la ciencia-ficción, para disfrute de los que estén atentos, como Juegos de guerra (“a veces la única forma de ganar es no jugar”), o Blade Runner, con esos impermeables transparentes que ya me gustaría a mí conseguir para mí.

Por supuesto que hay un montón de cosas absurdas en increíbles en esta película, como por ejemplo el ordenador que hay oculto en la oficina de Flynn, funcionando desde 1985 (con la corriente cortada) y que sigue tan pancho. Vale, seguro que lleva Linux, pero aún así… Y nunca jamás en la vida se me habría ocurrido que uno tuviera que comer en el ciberespacio, pero mucho menos que se pudiera comer cochinillo asado. Eso me hizo pensar: ¿tienen cuerpo? ¿Y dónde quedó el cuerpo real durante ese tiempo que pasan en la red? Porque el de Flynn ya debería estar un poco pachucho.

A todos esos nimios detalles mis amigos y yo hicimos oídos sordos, y disfrutamos de la película como disfrutamos de la anterior hace 20 años. Como críos, pero de los frikis.

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4 pensamientos en “Tron: The Legacy

  1. Hola B! Yo tb la vi la semana pasada, y me quedé un poco decepcionado por el argumento… no sé, me esperaba otra cosa. Eso sí, visual y acústicamente preciosa. Por cierto, Daft Punk si que hicieron un cameo, luciendo cascos nuevos como DJs en la cabina de la pista de baile.

    • Pues mira, cuando los vi pensé que podían ser ellos. Tiene gracia reconocer a unos tipos que nunca han enseñado la cara…
      Es verdad que el argumento no es gran cosa, pero lo pasé bien.

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