“Snow Crash”, de Neil Stephenson


Los chicos de El Bibliófilo Enmascarado me han pedido una colaboración, así que les he enviado esta reseña, la de mi última lectura. Dicen de mí unas cosas estupendas, así que no dejéis de pasar por su blog para echarle un vistazo, que es de lo más interesante. Muchas gracias, Cesar, @scen, Jesus y Oscar, me ha encantado colaborar con vosotros.

El Repartidor pertenece a un cuerpo de élite, una orden sagrada. Rebosa esprit de corps. En este momento se prepara para llevar a cabo su tercera misión de la noche. Su uniforme, negro como el carbono activado, absorbe la mismísima luz del aire. Las balas rebotan en el tejido de aracnofibra como un gorrión al chocar con una puerta, pero el exceso de sudoración lo atraviesa como brisa que soplase sobre una selva recién bombardeada con napalm.

Así empieza Snow Crash, novela perteneciente al género del cyber-punk, publicada en 1992. Y el Repartidor reparte nada más y nada menos que pizzas, que parece una exageración tomarse tan en serio la puntualidad en el reparto como pare enviar a esa especie de comando ninja a entregarlas. Pero no lo es tanto, cuando repartes pizzas para la Mafia.

La sociedad del futuro que plantea esta novela ya no se parece en nada a la actual. Los gobiernos, o al menos el de los EEUU, se han devaluado y reducido hasta casi desaparecer, y el poder está en manos de grandes corporaciones o franquicias, a las que la gente pertenece o para las que trabajan. La franquicia de Narcolombia se ocupa de la venta de drogas, que no es que sea legal, sino que ya no importa su ilegalidad. Sus barrios son violentos e inseguros, a diferencia de los de la Mafia, con su estructura basada en la familia y el pago de favores. El Honk Kong de Mr. Lee parece ser la base financiera (el dólar americano está tan devaluado que los billetes de un billón ya no valen nada). El servicio de correos ha sido sustituido por los korreos, quinceañeros en monopatines de altísima tecnología que se desplazan a toda velocidad arponeando a los coches que pasan.

En medio de todo esto surge la amenaza de un virus que tiene la peculiaridad de ser transmisible tanto por contagio sanguíneo como informático. Porque afecta al firmware del cerebro, así que un hacker capaz de leer código binario quedaría infectado con solo echar una mirada al bloque de ceros y unos en el que está escrito el virus. ¿Complicado? Sí, y enervante, maldita sea, ¡que yo sé leer binario!

Pero la cosa va a más, porque este virus es el mismo que provocó el caos en la torre de Babel, alterando la parte del cerebro que procesa el habla. O sea, que es un virus creado por Dios.

El pizzero, que además es un hacker, se enfrentará a esta amenaza con la ayuda de una de los korreos, tanto en el mundo real como en el Metaverso, una especie de Second Life mucho más desarrollado en el que la gente vive una vida mucho mejor que la real.

La trama es enrevesadísima, pero resulta muy entretenida, y es un futuro que, bien pensado, no parece tan improbable (dejando al margen los virus divinos que escriben en la BIOS del cerebro). El autor es muy irónico y crítico, sobre todo con los pequeños fragmentos de burocracia que se resisten a desaparecer, como los Federales. Hay un memorandum sobre el papel higiénico que resulta divertidísimo. Os pongo un fragmento:

Sin generalizar en exceso, puede afirmarse que una característica inherente e inmanente de cualquier fondo común de papel higiénico llevado a cabo a nivel de oficina, en un entorno (i.e., edificio) en el que los aseos públicos están distribuidos por pisos (i.e., en el que varias oficinas comparten una misma instalación) es que en los confines de cada oficina debe proveerse un espacio para el almacenamiento temporal de las unidades de distribución de papel higiénico (i.e., rollos). Esto se deriva del hecho de que si las UDPH (rollos) se almacenan, mientras están inactivas, fuera del alcance de la oficina controlante (i.e., la oficina que ha adquirido colectivamente la UDPH), es decir, si las UDPH se almacenan, por ejemplo, en un vestíbulo o en el interior de la instalación en la cual se utilizan, estarán sujetas a «mengua» al ser consumidas por personas no autorizadas, bien como parte de un intento deliberado de hurto, bien a causa de un sincero malentendido, es decir, la creencia de que las UDPH son proporcionadas gratuitamente por la agencia operativa (en este caso el Gobierno de los Estados Unidos), o bien como resultado de una necesidad, como en el caso de un derramamiento de líquidos que amenaza equipo electrónico delicado y cuya gestión, pues, no admite demora.

Esto es solo una pequeña parte, la cosa se prolonga durante seis páginas.

Una lectura interesante y muy entretenida.

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7 pensamientos en ““Snow Crash”, de Neil Stephenson

  1. Es una de las historias más densas que recuerdo, tanto por la trama como por la cantidad de ideas sorprendentes por página. Una cosa que se me quedó grabada, por ejemplo, fue el personaje de el cuervo, un tío tan badass que en su Harley lleva un sidecar que en realidad es una bomba H programada para explotar si a él le pasa algo.

  2. ¿De qué me suena a mi esta reseña? uhmmmmm, no sé, no sé …

    El placer ha sido nuestro. Por cierto, que sólo decimos los que pensamos todos y cada uno de nosotros.

    Nos seguimos “leyendo”. Un saludo

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