Alicia en el País de las Maravillas


Es evidente que Tim Burton es el director más apropiado para esta historia, tanto por su punto surrealista como por su sentido de lo absurdo e incluso por su gusto por lo macabro, que también está presente en el cuento. De hecho, la mayoría de los cuentos infantiles tienen su parte oscura y morbosa, o al menos la tienen hasta que los pilla Disney por banda…

Burton no decepciona y su País de las Maravillas es todo lo que cualquier niño se podría imaginar. La Reina Roja es terrible, con su enorme cabeza y su comportamiento caprichoso e impredecible. El Gato de Cheshire es todo sonrisa y muy poco gato, como debe de ser, y el Sombrerero Loco, solo con la caracterización tan increíble que han hecho ya no necesitaría ni abrir la boca para ser estupendo, pero es mejor todavía gracias a Johnny Depp, que está fabuloso.

La verdad es que tenía ciertos reparos sobre esta película, a pesar de que en general me suele gustar el cine de Tim Burton, porque la novela es una de mis favoritas desde que era pequeña, y es tan raro que la adaptación al cine esté a la altura del libro… Así que intenté apreciar la peli por sí misma y no por su fidelidad al libro, y debo decir que me gustó mucho. El principio, con la pobre y pálida Alicia constreñida por la rígida sociedad victoriana con sus corsés y sus convencionalismos hace que luego el contraste con el País de las Maravillas sea mucho más acusado, casi como el que hay entre Kansas y Oz. La escena de la pedida, con todo el mundo mirando expectante cómo se consolida el orden establecido resulta tan aterradora como aquellos jardines perfectos de Eduardo Manostijeras, mucho más pavorosos que la mansión más decrépita.

Y sin embargo… tal vez porque soy una fan del libro, pero la verdad es que lo que más me gustó es lo reflejaba con fidelidad la novela de Carroll: el Jabberwocky, las flores parlantes, el conejo blanco y creer en seis cosas imposibles antes del desayuno. Por eso pienso, ¿por qué apartarse del original? Habría preferido una Alicia de 6 años, que acepta con naturalidad que alguien decida pintar las rosas blancas de rojo, o un partido de croquet usando flamencos como mazos. Sé que se ha hecho antes, pero nunca se ha hecho verdaderamente bien, contando con los medios que se tienen ahora.

El final me pareció un poco traído por los pelos, la verdad. No era aquella la mejor época para que una chica mostrase independencia, o incluso inteligencia. Y a Lewis Carroll le gustaban las niñitas bien educadas, no contestonas. No creo que aquella sociedad hubiera tolerado su conducta ni cinco minutos.

Vi la película en 3D, en el Imax. Es la primera que veo en un montón de años, y sí, tiene su gracia el efecto, pero la verdad es que puedo pasar perfectamente sin él. Vuelve toda la imagen mucho más oscura, se pierde muchísima nitidez, y los colores quedan apagados, como si todo se hubiera filmado en un día nublado. Creo que no merece la pena perder tanta calidad en la imagen sólo por la gracia de ver que las flores caen hacia tu cara. Además, por lo menos en mi caso, resulta mucho más difícil fijarse en todo un plano en su conjunto, porque siempre el punto que sobresale hace que se fije ahí la vista, y como fan incondicional del plano medio que soy, esto me molesta especialmente. No creo que repita la experiencia.

[Publicado primero en La Lintera Mágica]

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