Ya de vuelta


Sí, estoy de vuelta en casa, tras un vuelo cancelado y una escala inesperada en Burundi (está claro que no puedo tener un viaje normal). Pero antes de irme por fin tuve un rato libre para subir a la colina con mis compañeros.

La carretera es atroz, de tierra, y aunque de vez en cuando rellenan los baches, la lluvia vuelve a arrastrar toda esa tierra. Nosotros subimos en todoterreno, pero nos cruzamos con varias moto-taxis, que iban tan campantes por aquel camino de cabras. Hay pequeñas plantaciones de plátanos a lo largo del camino, con sus casitas de adobe, y hasta una peluquería. Al bajar nos cruzamos con un montón de niños que volvían andando de sus colegios, y nos gritaban “¡Amaye bombon!” (dame un caramelo), porque están acostumbrados a que mis compañeros les den chocolatinas, galletas o caramelos.

La cima está a más de 2000 metros, y verdaderamente se nota que se cansa uno antes al caminar. Hay un bosque, que casi parece europeo porque está lleno de pinos y eucaliptos, y unas avispas gigantescas, con un abdomen finísimo y larguísimo, y con las patas negras y rojas que llevan colgando mientras vuelan.

En la foto se ve, muy tenuemente, al fondo, uno de los volcanes que hay en la frotera con el Congo, al norte. Tiene unos 4000 m de altura, y es ahí donde viven los gorilas, que no hemos ido a ver porque es un atraco a mano armada.

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