Todos están bien


Me habían dicho que esta película era un dramón, de los de llorar desde el minuto uno. Me lo tomé con bastante tranquilidad, porque yo nunca lloro en las películas, y si no lo hice con La decisión de Sophie está claro que no voy a llorar con ninguna. Hacia la mitad de la película ya me estaba preguntando si era sólo mi duro corazón, o si el resto del cine tampoco iba a soltar ni una lágrima. No es que fuera la alegría de la huerta, pero desde luego no era una tragedia tremebunda como advirtieron.

Se trata de un remake de una película italiana de Giuseppe Tornatore titulada Stanno Tutti Bene(1990), con Marcello Mastroianni. De Niro interpreta a un viudo reciente que viaja por todo el país para visitar a sus cuatro hijos, y descubre que todo lo que creía de sus vidas es falso. Algunas de las mentiras que se ha tragado son absolutamente inexplicables, como las del hijo músico, que él creía director de orquesta y resulta que es percusionista. ¿Es que ese chico no fue al conservatorio? ¿No practicaba en casa? Porque un percusionista es difícil de pasar por alto, la verdad. Cuando yo iba al conservatorio los tenían en el sótano en una sala insonorizada para que no nos volvieran locos al resto. Incluso da la impresión de que de pequeño el chaval tocaba el violín. ¿Qué clase de orquesta sinfónica contrata a un violinista como percusionista? Que no es como tocar un tambor en la cofradía del pueblo, ni siquiera es como tocar la batería en un grupo de amigotes, requiere años de preparación.

Las otras mentiras eran tan bobas, que me pasé toda la película inventándome otras más dramáticas. En plan, seguro que Drew Barrymore es una stripper, y el piso es de su chulo. Pues no, la verdad era mucho menos interesante y mucho más improbable.

Los actores están correctos, eso sí, pero me quedé con la impresión de que todos serían capaces de mucho más. Robert de Niro, hay que reconocerlo, no está en su mejor momento cuando hace de buena persona, le van más los mafiosos y los desequilibrados. Es capaz de hacer de Marlon Brando con los ojos cerrados, pero está claro que no es Marcello Mastroianni. Tanto Drew Barrymore como Kate Beckinsale son chicas agradables, del tipo que uno quiere que las cosas les vayan bien. Pero es que tampoco les van tan mal, la verdad.

La crisis viene de mano del único hijo que no sale nunca, y como no llegamos a conocerlo ni a conseguir que nos importe lo que le pase, tampoco es como para morirse de pena. En realidad, una gran parte de los acontecimientos que tienen lugar en la historia lo hacen fuera de cámara, con lo que parece que uno se está perdiendo la película. Es como cuando te levantas para ir al baño y al volver te encuentras con que han desvelado los motivos del asesino, solo que yo no me perdí ni un minuto de esta peli.

Es una película mediocre, en el sentido de que se queda a medias en todo, y aunque no llega a ser aburrida, es sosa. En mi opinión no merece la pena gastarse la pasta gansa que cuesta una entrada del cine. Como mucho, el alquiler para pasar una tarde de domingo.

[Publicado primero en La Lintera Mágica]

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