Avatar


Ya de vuelta en el primer mundo (tras superar dos aeropuertos cerrados por nieve y con una maleta perdida hace ya cuatro días), me he ido corriendo al cine a ver Avatar, y tengo que decir que es toda una experiencia. No la he visto en 3D, y creo que ha sido un error, porque si la versión normal es un espectáculo visual tan increíble, no me puedo ni imaginar lo que será en tres dimensiones.

La trama es sencilla: estamos en un futuro lejano en el que los humanos han colonizado el espacio, en una luna que parece una selva tropical desmadrada y hostil, y rica en un mineral muy valioso. Pero para su explotación primero tienen que sacar de en medio a la raza humanoide que lo habita: los Na’vi, unos tipos azules, altos y estilizados que viven en perfecta armonía con la naturaleza, muy parecidos a los indios americanos hasta en el uso de arcos y flechas, y que encuentran que los humanos son una panda de bestias que todo lo pisotean.

El protagonista y el resto del grupo científico usan avatares, cuerpos sintéticos similares a los de los nativos, para relacionarse con ellos. Una idea perfectamente razonable para cualquiera que haya jugado alguna vez a un videojuego.

Pronto estalla el conflicto entre los humanos y los nativos, que se niegan a abandonar sus hogares por mucho mineral que haya debajo.

Pero eso es lo de menos, toda la película es una excusa para hacer alardes visuales absolutamente apabullantes, creando un mundo lleno de seres extraordinarios. Árboles cuyos troncos se iluminan al pisarlos, semillas sintientes que flotan como dientes de león, pero que brillan en la oscuridad, o los bichos parecidos a dragones que los nativos usan como monturas; todo un universo creado para nuestro disfrute.

La película usa animación digital, y llega ya a tales niveles de perfección que uno se olvida de que no son reales. Los Na’vi son individuos perfectamente distinguibles unos de otros, y como son alienígenas nunca se llega a producir el efecto del valle inquietante. La secuencia en la que el protagonista doma a su dragón volador te deja sin respiración, pero sólo es una de tantas.

Aunque dura más de dos horas y media, no se hace larga, porque hay tantísimo que ver, pasan tantas cosas y hay tantos conflictos, tanto en el lado humano como en el alienígena, que incluso creo que merece la pena verla más de una vez. Para mí la próxima será en 3D.

Ésta es una película de las que marcan una época, de las que hay que ver obligatoriamente aunque sólo sea para poder opinar sobre ella. Penita me dan los que no soportan la ciencia ficción, porque van a tener que oír hablar de ella durante una buena temporada. Por fin James Cameron ha vuelto a sus orígenes, los que nos dieron peliculones como Aliens y Terminator, y se ha dejado de cursiladas. Esperemos que no vuelva a dejar el buen camino.

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