Etíope


Hoy hemos ido a comer a un restaurante etíope, y como estaba en el quinto pino fuimos en el todo-terreno. Ahora tenemos un condunctor nuevo, y al chaval le falta un hervor, estuvo a punto de llevarse a un motorista por delante, ¡dos veces! Además parece no entender ni inglés ni francés, así que nuestras indicaciones de “gira a la izquierda” le daban igual. A pesar de todo, conseguimos llegar al dichoso restaurante sin matar a nadie.

La comida etíope es de lo más peculiar. Primero traen jabón líquido y una jarra de agua caliente para que todo el mundo se lave las manos. Después nos trajeron una especie de bandejas metálicas muy grandes, como tapas de cubos de basura, con una especie de torta muy fina encima. La torta es esponjosa y con un olor un poco a limón, por lo que Miguel inmediatamente la bautizó “la toalla”, porque dijo que le recordaba a las toallitas húmedas de limpiarse las manos.

En esta toalla se ponen en una esquina unas pocas cucharadas del guiso de pescado o de carne, o de las verduras que te traen aparte, algo picante. Y luego uno va rompiendo trocitos de toalla y usándolos para envolver un bocado del guiso. Todo con las manos, claro, así que creo que pronto mi catarro se extenderá a todo el grupo.

No estaba malo, y como experimento ha tenido su gracia, pero la verdad es que esa promiscuidad en el plato de comida no va conmigo. Mi comida sólo la toco yo, y con un cubierto a ser posible.

Mañana vamos a Akagera con nuestro conductor. Habrá que verlo para creerlo.

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