El secreto de sus ojos


el_secreto_de_sus_ojosLa nueva película de Juan José Campanella, director de El hijo de la novia, es una intriga policíaca que se desarrolla a lo largo de 25 años. El protagonista es Benjamín Espósito, un empleado de los juzgados interpretado por Ricardo Darín (qué tipo tan atractivo, se parece a Tom Skerritt) quien, tras jubilarse, decide escribir una novela sobre la investigación del caso de violación y asesinato de una joven con el que lleva obsesionado toda la vida.

La película, mediante una serie de flashbacks, sigue dos líneas temporales, una en el presente con Benjamín volviendo a contactar con su antigua jefa en el juzgado y amor frustrado, y la otra empezando 25 años atrás, durante la investigación, según se van despertando sus recuerdos. La desazón y desamparo del marido de la víctima, su devoción por su esposa muerta y su confianza en que atraparán al asesino causan tal impresión en Benjamín que no puede dejar de insistir, aun cuando le supone violar la ley y meterse en problemas con el juez del caso, y es sólo gracias a su tesón que consiguen identificar y localizar a un sospechoso. Pero la situación política de la Argentina de la época hace que las cosas se compliquen, el asesino queda impune y Benjamín ve su vida en peligro.

Todos los secundarios están estupendos. El toque de humor lo pone Guillermo Francella, el compañero de trabajo de Benjamín, un alcohólico al que siempre tiene que estar rescatando de peleas de bar y que está fantástico. Y el romance, Soledad Villamil, el amor platónico de Benjamín, una chica de buena familia que está muy por encima de sus posibilidades. Al retomar el contacto con ella para recordar los detalles del caso él se pregunta cómo podría haber sido su vida, y si todavía podrá reconducirla hacia algo que merezca la pena. Y el asesino, interpretado por Javier Godino, es escalofriante. Hay una escena en un ascensor del Ministerio del Bienestar Social que pone los pelos de punta.

La película mantiene siempre la tensión, con un ritmo a veces hasta trepidante, y con una fotografía y unos encuadres estupendos. Hay un plano secuencia de un estadio de fútbol que resulta espectacular, por mucho que sepamos que tiene truco, y en cambio en las escenas de diálogo casi parece que nos estamos asomando por encima del hombro de los protagonistas. Solo pongo una pega, y es algo que pasa mucho en el cine actual: la repetición de flashbacks. Es cierto que en este caso es justo al final, como para rememorar los detalles más importantes, y son muy breves, pero aún así es algo que me revienta. Parece que los espectadores tuviéramos memoria de pez, y que fuéramos incapaces de recordar nada que haya pasado hace más de 45 minutos. Si ya lo he visto una vez no necesito que me lo repitan, gracias.

Pero lo más impactante de toda la película es el final, que por supuesto no voy a contar, pero que es tan tremendo, tan duro y tan implacable que una no sabe si quedarse planchada en la butaca o salir corriendo del cine.

En resumen, una película muy recomendable, original, bien llevada y bien filmada, lo que no es nada frecuente.

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