Lecturas de la infancia: “El viento en los sauces”, de Kenneth Grahame


vientoLas aventuras de Topo, Rata, Sapo y Tejón, animales personalizados que llevan batínes de seda, hacen limpiezas de primavera, pasean en bote y hasta roban coches, me parecieron absolutamente encantadoras. Todas tienen lugar en una Inglaterra pastoralizada, en la que el té se sirve siempre con sandwiches y cakes deliciosos y donde los únicos conflictos surgen por falta de modales.

Topo y Rata son dos buenos amigos a los que les gusta salir a pasear en bote o tomarse un buen te, entretenimientos tranquilos y sencillos. Pero Sapo es harina de otro costal: le gustan las emociones fuertes, y cuando descubre los automóviles ya no descansa hasta hacerse con uno. A partir de ahí todo son desastres, se suceden los accidentes, y Sapo llega a obsesionarse hasta el punto de robar un coche para poder seguir conduciendo. Ni siquiera la intervención del sensato Tejón sirve de nada, y Sapo acaba en la cárcel. Consigue escapar a base de engaños, y continúa con su loca carrera. Pero las cosas van de mal en peor para el pobre Sapo: su mansión ha sido ocupada por las malvadas Comadrejas. Sólo con la ayuda desinteresada de sus amigos logra reconquistar su casa, y por fin se da cuenta de lo erróneo de su conducta. Sapo pide perdón, y todos viven felices.

Me recuerda un poco a Tolkien (o más bien Tolkien a esto), por lo de la idealización de la vida en el campo, y la exaltación de la sensillez y la tradición frente al progreso.

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6 pensamientos en “Lecturas de la infancia: “El viento en los sauces”, de Kenneth Grahame

  1. No se si te pasara a ti lo mismo, pero los cuentos, los buenos cuentos, me hacen disfrutar mas ahora que cuando era niña. Releer historias como ésta, me hacen añorar una niñez como me hubiera gustado tener. Creo que fui muy poco niña…
    Pero en general, los cuentos, por ejemplo, de oscar wilde (me gusta muchisimo todo lo que escribe, teatro, novela y cuentos), los hermanos grimm, andersen… creo que en realidad no son para niños, todos son tristes, todos te dan como un pellizco en el corazón. Incluso los que no deberían trasmitir melancolía ni tristeza.
    Este que comentas en particular, es de los pocos que creo que son deliciosamente infantiles, y la edición que tuve en mis manos ¡tenia unos dibujos tan bonitos…! pena de precio….
    Espero que sigas comentando y recordando joyitas de papel, que nos hagan desempolvar un poco la memoria…

    • A mí los cuentos de Oscar Wilde me parecen especialmente tristes, como aquel de la golondrina y la estatua (El príncipe Feliz?). En cambio los más tradicionales, los de Andersen o los hermanos Grimm, me parecen de lo más crueles. Hay unos padres terribles, egoistas y malvados, y ya si te toca una madrastra despídete.

      No te preocupes, seguiré recordando los libros de mi niñez. Tengo para rato 🙂

        • Sí, claro que lo voy a leer, en cuando me lo pueda bajar. Los otros dos me gustaron, no te creas, me parecieron entretenidísimos, con una trama absorbente. Pero eso no quita que, desde un punto de vista literario, en mi opinión dejan mucho que desear.

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