“La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, de Stieg Larsson


chicaLa trama de este libro es absorbente. Una lee y lee y sigue leyendo para averiguar cual será el siguiente giro en la historia, y deseando llegar al desenlace. Los protagonistas son los mismos de Los hombres que no amaban a las mujeres, Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist, aunque esta vez la trama se centra más en la chica, y por fin se desvela su tortuoso pasado, en un embrollo de asesinatos, trata de blancas, y hasta espías rusos. Es entretenidísimo, y casi me he tragado las 800 páginas de un tirón.

Pero está mal escrito. Muy, muy mal escrito. Para empezar, la historia tarda unas 200 páginas en arrancar, que hasta estuve tentada de abandonar, y me leí otra cosa en medio. Y es espantosamente repetitivo. Al principio nos aclaran que Mikael Blomkvist le está muy agradecido a Lisbeth Salander, ya que ella no sólo lo ayudó a reflotar su carrera periodística, sino que le salvó la vida, lo cual está muy bien, para poner en antecedentes a quienes no hayan leído la otra novela. ¡Pero luego esto mismo se repite unas 20 veces a lo largo de la historia! Por cierto, siempre se refieren a todo el mundo con su nombre completo, como si hubiera un montón de Lisbeths que pudiéramos confundir unas con otras. García Márquez se las apañó estupendamente con 17 Aurelianos en una sola generación, y a Larsson le cuesta manejar a una única Lisbeth.

Este tipo de repeticiones aparecen con otras cosas. Por ejemplo, MB le escribe un mensaje a LS, que se nos da a conocer en ese momento. Y se vuelve a repetir enterito cuando ella lo lee. Es como esas películas que meten flashbacks de algo que ya se ha mostrado 45 minutos antes, por si acaso se dirigen a una audiencia de pingüinos mentalmente defectuosos que no son capaces de seguir la trama sin la ayuda de carteles luminosos que pongan: OJO! PISTA!

Si se eliminaran todas esas repeticiones, el libro se quedaría en unas 400 páginas, más que suficiente para desarrollar la trama. A mí me gustan los libros gordos, cuanto más, mejor, pero que sean largos porque el autor tenga algo que contar, no porque tenga diarrea verbal.

Últimamente, los best-sellers que leo son de muy mala calidad. Stephen King nunca escribió así de mal, a pesar de dirigirse al gran público. Qué demonios, prefiero a Harry Potter, está mucho mejor escrito.

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2 pensamientos en ““La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, de Stieg Larsson

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