“The Help”, de Kathryn Stockett

En los años 60 en Jackson, Mississippi, estaba prohibido el matrimonio entre personas de distinta raza. También estaba prohibido que los niños negros fueran a colegios de blancos, y la idea de que un blanco tuviese trato con los negros desde una posición que no fuera la de superioridad resultaba inconcebible.

Es en este ambiente en el que Skeeter, una chica de buena familia recién salida de la universidad, decide escribir un libro con los testimonios de las sirvientas, sobre su vida diaria y sobre cómo las tratan sus empleadoras. Lo que la decide a emprender esta tarea es la súbita y nunca explicada ausencia en su casa de Constantine, la mujer negra que la crió desde que nació.

En principio las sirvientas son reacias. Todas están de acuerdo en una cosa: si haces enfadar a los hombres blancos vendrán a tu casa a lincharte o matarte, pero si haces enfadar a sus mujeres, será mucho peor. Pero poco a poco se van animando a contar sus historias, algunas de malos tratos y humillaciones, otras (menos) de auténtica amistad y amabilidad.

Los personajes de las mujeres negras son los más interesantes, sobre todo las dos principales, Aibeleen y Minny, que son las que animan a las demás. Pero las mujeres blancas son casi caricaturas. La mala malísima es tan bruja que sólo le falta una verruga en la nariz. No dudo de que hubiera gente así, o incluso que la haya hoy en día, pero creo que serían un poquito más sutiles y no tan obvios como lo es esta chica con sus pérfidas maquinaciones…

Siempre encuentro interesantes los libros sobre el sur de los EEUU, supongo que porque el conflicto racial da para contar muchas historias. Incluso los ambientados en la actualidad, como los de Pat Conroy, siguen teniendo algo especial. Este no es de lo mejor que he leído, pero está bastante bien.

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“South of Broad”, de Pat Conroy

Hacía 14 años que Pat Conroy no publicaba una novela, así que me he lanzado sobre South of Broad en cuanto he podido echarle el guante.

Siempre me han gustado los escritores sureños. Me refiero, claro está, al Sur de los EEUU, y al Sur confederado, no al de la costa Oeste. Sus historias están llenas de alcohólicos, violaciones, incestos, conflictos raciales y de clase, homosexuales encantadores y bellezas sureñas. Y los hombres siempre sujetan las puertas para que pasen las mujeres.

Tras su largo silencio, Conroy vuelve con sus temas habituales. Un narrador, muy parecido a Tom Wingo, cuenta lo sucedido a raíz de el reencuentro con sus viejos amigos del instituto.

El protagonista, Leo King, parece que por fin, a punto de cumplir 18 años, empieza a superar el suicidio de su hermano ocurrido 8 años antes, tras pasar todo ese tiempo entrando y saliendo de hospitales psiquiátricos.

Empieza rememorando el día en que los conoció a todos, el16 de junio de 1969, el Bloomsday (las referencias a Joyce son continuas a lo largo de la novela). Los hermanos Niles y Starla, huérfanos, maltratados por el sistema, que a él lo ha convertido en una roca y a ella la ha desquiciado; los histriónicos gemelos Trevor y Sheba Poe, sus nuevos vecinos, él abiertamente homosexual incluso en aquel profundo sur, ella una belleza destinada al estrellato; Ike, el chico negro en el primer año de integración del colegio, y por último los hermanos Rutherford, Chad y Fraser, y la novia de Chad, Molly, los tres de la alta sociedad de Charleston, que jamás soñarían con mezclarse con negros, huérfanos y, en general, la chusma de la ciudad. Todos ellos se convierten en grandes amigos, y se reunen 20 años más tarde para buscar a Trevor, enfermo de SIDA y desaparecido desde hace meses.

Conroy vuelve a sus temas de siempre: los abusos a niños, la belleza de su Carolina del Sur, el fútbol americano como integrador racial y la cocina. Cuando leo sus libros siempre me da la impresión de que Pat Conroy debe de ser un cocinero magnífico.

La novela está intercalada de historias preciosas, como la del matrimonio de los padres del protagonista (una madre que es más bien un adversario, y uno formidable), y terribles como la de los gemelos Poe. Me ha tenido absorta todas y cada una de sus 500 páginas. Espero que Conroy no tarde otros 14 años en escribir la próxima.