Después del tormentón del fin de semana pasado hemos tenido unos días muy buenos, sin lluvia y con mucho calor. La clase de clima que a mí me gusta, vamos. La cosa duró justo hasta el sábado por la tarde, que ya empezó a llover otra vez, pero por la mañana hizo un día estupendo y pudimos ir a dar un paseo al mercado de Kimirongo.
Me encantan los mercados de sitios exóticos, siempre hay un montón de frutas extrañas, e incluso los productos que conocemos se venden de otra manera. Por ejemplo, aquí la harina la tienen en grandes montañas perfectamente cónicas, y en un momentito hacen un paquetito con la cantidad que uno quiera.
El de Kimirongo es un mercado muy grande en el que hay absolutamente de todo. Nada más entrar hay unos puestos de carnicería, con baldosas blancas y todo, aunque me temo que la refrigeración brilla por su ausencia. Luego están los puestos de telas y a continuación un montón de mujeres con sus máquinas de coser, la mayoría Singer de pedales que deben de tener más años que la tos. Si no pesaran tanto me llevaría una.
Todos los puestos están apiñados unos contra otros, con pasillos estrechos por los que pasar, y agrupados más o menos por el tipo de mercancías, aunque se pasa casi sin transición del textil a la ferretería y de ahí a la fruta.
Siendo sábado por la mañana, estaba abarrotado de señoras haciendo sus compras con sus bebés atados a la espalda y de vendedoras con sus productos en equilibrio sobre la cabeza, y el olor era tan espeso que casi era tangible.
Y al final del mercado están los puestos de pescado seco, y allí sí que el olor ya se hace visible. Menos mal que no tenían pescado fresco. Justo en esa zona vimos a una madre con un bebé de lo más extrovertido, se iba con el primero que se le acercase. Incluidos nosotros, claro.
Por la tarde ya se puso a llover y se acabaron los paseos, pero fue una mañana muy agradable e hicimos un millón de fotos. Subiré unas cuantas más a mi cuenta en flickr.
















