fmccourtEsta mañana me he levantado con la noticia de que ha muerto Frank McCourt, a los 78 años.

Mi madre me regaló Las cenizas de Ángela cuando ganó el Pulitzer, hace ya años. Me lo leí de un tirón, y cuando llegué a la última página le di la vuelta y volví a empezar, de lo muchísimo que me había gustado. Me parecía increíble que alguien pudiera contar una historia tan dura con tantísimo sentido del humor.

Todavía no me explico cómo era capaz de hacer reír, con aquella miseria, aquel frío y hambre. Porque te reías, incluso con el ataud de aquel bebé encima de la mesa te reías, aunque no quisieras hacerlo.

Otra cosa que tenían sus libros es que sonaban a verdad, porque contaba cosas en las que él mismo quedaba fatal. Por eso me creo todo lo que escribió, y por eso me da tanta pena que ya no vaya a escribir nada más.

Creo que es la primera vez que le dan el Pulitzer de novela a un dominicano. Desde luego, se lo merece, porque es un libro estupendo y muy divertido a ratos. Ya en la primera página, aunque parezca imposible, relaciona el mal de ojo dominicano con la maldición de los Kennedy.

Está lleno de notas del autor sobre la historia de la República Dominicana y sus costumbres, sobre el degenerado de Trujillo y sus secuaces, además de miles de referencias a libros de ciencia-ficción y fantasía. El autor es un friki de nivel dos, y dado que yo he pillado todas las alusiones a Tolkien y a Salusa Secundus, ya sé dónde me coloca eso. En fin, uno debe abrazar a su friki interior.

Una versión moderna de “El rey Lear”, en el que un granjero autoritario y despótico decide regalar sus tierras a sus hijas, para que las cultiven sus maridos, claro (al viejo jamás se le ocurrió que sus hijas pudieran ser otra cosa en la vida que esposas de granjeros).
Sus yernos, claro, por fin pueden empezar a llevar los asuntos de la granja como les da la gana, cosa que a su suegro no le gusta nada, y empiezan los conflictos.
Pero en esta versión, a diferencia de la de Shakespeare, el viejo puñetero es odioso, y se merece todo lo que se le caiga encima.
Por supuesto, también hay un bufón, encarnado en el vecino y amigo de siempre del anciano, pero no dice la verdad, sino la versión distorsionada y retorcida del viejo, adaptada también a sus propias circunstancias para manipular las cosas a su favor.
Muy interesante, y además bien escrito.

Al igual que en “Las vírgenes suicidas”, el autor nos cuenta toda la enjundia del libro en la primera página: el protagonista es hermafrodita, debido a un gen recesivo que se manifiesta porque sus abuelos eran hermanos (!!!!), y no se lo descubren hasta la adolescencia, por lo que se cría como si fuera una niña.

En realidad es una información necesaria para que el golpe que supone el descubrimiento sea realmente efectivo. Uno se pasa más de 500 páginas en vilo, esperando a que la pobre Callie se de cuenta de que tiene pajarito.

También esta novela está relatada en primera persona, pero esta vez la narradora es la propia Calliope. Sin embargo, tiene las capacidades de un narrador omnipresente: conoce los pensamientos de todos los personajes, y recuerda no sólo el momento de su propio nacimiento, sino también acontecimientos anteriores. No muy verosímil, pero interesante.

Me ha gustado mucho, aunque la primera parte, cuando cuenta la historia de sus abuelos, se me hizo un poco larga y pesada.