“Breathing Lessons”, de Anne Tayler

coverYa de vuelta de África, con todas las compras de Navidad hechas y por fin de vacaciones, por fin tengo un poco de tiempo para dedicarle a la lectura, y sobre todo al blog.

Hace ya unos días que terminé este libro, pero hasta ahora no había tenido tiempo de escribir nada, en realidad ni siquiera de pensar un minuto en lo que había leído. Lo elegí un poco al azar, sin saber nada sobre la novela ni la autora. Lo único que sabía es que había ganado el premio Pulitzer hace unos años, lo que suele ser una garantía de calidad.

Toda la historia tiene lugar a lo largo de un día, en el que un matrimonio asiste al funeral del marido de una vieja amiga. Maggie y Ira llevan casi treinta años casados, se conocen a la perfección con todas sus cualidades y defectos y a estas alturas de la vida se sienten perfectamente cómodos en su matrimonio, incluso cuando se sacan de quicio el uno al otro.

Durante ese día ambos van recordando sus vidas, los sueños a los que renunciaron y los fracasos que han tenido que asumir. Se aproxima una etapa de cambios, puesto que al día siguiente su hija menor se irá a la universidad y se quedarán solos por primera vez en muchos años. Ambos se sienten defraudados sobre todo por su hijo mayor, Jesse, que parece uno de esos eternos adolescentes incapaces de madurar, a pesar de tener una hija. Pero mientras que Ira está resignado, Maggie continua intentando arreglar las cosas entre su hijo y su ex-nuera. Supongo que va con el cargo de madre, seguir cuidando de sus hijos aunque sean adultos que deberían cuidar de sí mismos.

Es una descripción perfecta de la vida cotidiana en la que cualquiera puede verse reflejado. Desde luego yo me veo perfectamente capaz de exasperar a un hombre hasta ese punto en el que quiere sacarte del coche de un empujón, a ser posible en marcha. Pero a pesar de todas las decepciones y disgustos Maggie y Ira encuentran consuelo en su mutua compañía, así que tal vez sea posible reprimir ese impulso.

“Empire Falls”, de Richard Russo

Hace años vi una película protagonizada por Paul Newman titulada Ni un pelo de tonto que me encantó, y al ver que se basaba en una novela la compré para leerla. La novela resultó ser aún mejor que la película, así que quise encontrar más obras del autor, Richard Russo. Descubrí que era un escritor reconocido que había ganado el Premio Pulitzer en 2002 con su novela Empire Falls, que llevo buscando desde entonces y que por fin conseguí hace unos días.

La espera ha merecido la pena, porque la novela es extraordinaria. El título hace referencia al nombre de una pequeña ciudad del estado de Maine, en su día bastante próspero con los negocios de la principal familia del lugar, pero ya completamente en decadencia. Los Whiting, o más bien la anciana señora Whiting, han cerrado la fábrica de camisas, la fábrica textil y la de papel pero siguen siendo los propietarios de gran parte del pueblo, y de casi todos los negocios que aún quedan abiertos.

El prólogo empieza contando la historia de los Whiting, los hombres de tres generaciones y la construcción de su imperio que culmina cuando C.B. Whiting renuncia a vivir en Méjico dedicado a la poesía para hacerse cargo de los negocios de la familia y casarse con una mujer que lo haga infeliz, como su padre y su abuelo antes que él. Pero el protagonista de la historia no es ningún miembro de esta familia, sino Miles Roby.

Hijo de un inútil y de una empleada de la fábrica de camisas que después se convirtió en el ama de llaves de los Whiting, Miles estaba destinado a ir a la Universidad y a marcharse del pueblo, pero las cosas no le salieron bien: la enfermedad de su madre lo hizo abandonar sus estudios y acabó haciéndose cargo del Empire Grill, un restaurante también propiedad de la familia Whiting. Para entonces C.B. ya se había suicidado, y su única hija, nacida el mismo día que Miles, había sufrido un terrible accidente que la había dejado incapacitada, así que es a la señora Whiting a la que Miles debe rendir cuentas todos los años.

La historia está llena de giros inesperados y de personajes extraordinarios, todos relacionados con Miles de un modo u otro. Su padre, un viejo odioso y egoísta que no hace más que darles sablazos a sus hijos; su ex-mujer, que lo engañó y lo dejó por un hombre que sigue yendo todos los días a su restaurante, como si fuera él quien hubiera perdonado a Miles una traición; el policía que fue su vecino en la infancia y que sigue sin comprender por qué nunca fueron amigos; y sobre todo la señora Whiting, siempre urdiendo complicadas trampas para atrapar a Miles, y que me recuerda a la señora Havisham de Grandes Esperanzas con sus planes de venganza. Todos los personajes están llenos de vida y, sobre todo, de rarezas.

Miles es en el fondo una buena persona, tranquilo hasta casi la pasividad, hasta el día que abre los ojos y se da cuenta de la maldad que lo ha estado rodeando. Incluso entonces su reacción es, aunque explosiva, poca cosa. Lo único que mueve a Miles a la acción e incluso a la violencia es una amenaza hacia su hija Tic, una adolescente en la que ha puesto todo su cariño y sus esperanzas. Y aún así Miles sigue siendo un tipo amable al que la mayoría de la gente aprecia.

Ha sido una lectura absorbente, un libro entretenido, irónico, a ratos divertido y a ratos descorazonador, con una prosa ágil que te hace avanzar sin apenas darte cuenta. Cualquier otro libro que pueda leer de este autor será una buena idea.

“The Amazing Adventures of Kavalier and Clay”, de Michael Chabon

Hacía tiempo que quería leer algo de este escritor, en cuya novela Wonder Boys se basa la película Jóvenes prodigiosos, que me había gustado mucho cuando la ví. Pero como no he conseguido encontrar Wonder Boys en formato digital, me decidí a leer esta otra.

Con ésta, su tercera novela, Michael Chabon ganó el Premio Pulitzer de ficción en 2001. El título, muy apropiado, parece el de un cómic, y es que los dos primos protagonistas, Joseph Kavalier, refugiado judío checo, y Sammy Klayman, de Brooklin, se dedican a crear cómics en los años 30, su época de mayor espledor.

La historia empieza con la huida de Joe de Praga, ya ocupada por los nazis, con la ayuda de su profesor de magia y escapismo, escondido en el mismo ataud en el que pretenden sacar del país un golem del siglo XVI que los nazis están buscando para llevárselo a un museo de Berlín.

Este es el primer acto de escapismo de Joe, que consigue llegar a Nueva York, vía Japón, nada menos, al apartamento de Brooklin de su tía. Allí “despierta” a su hombre de barro, su primo Sammy, un muchacho con las piernas debilitadas por la polio y que se siente encerrado por la falta de oportunidades, además de por su homosexualidad, en una época en la que solo se podía llevar en la clandestinidad. Viendo que Joe es un buen dibujante, Sammy lo convence para que se dediquen a los cómics, y convence también a su jefe, propietario de una empresa de artículos de broma, para que edite sus propios cómics en lugar de anunciar sus productos en los de otros.

Así nace El Escapista, un superhéroe enmascarado que lucha, de forma verdaderamente sangrienta y mucho antes de que lo hicieran los propios estadounidenses, contra los nazis. Y nace también la amistad entre Sammy y Joe.

Los años pasan, y Joe no piensa en nada más que en rescatar a su familia de Praga: sus padres, su hermano pequeño y su abuelo. Ahorra todo lo que puede y sigue luchando contra el nazismo con fiereza en sus viñetas. La sensación, según van pasando las páginas, es de que va a ocurrir algo terrible a alguno de los dos protagonistas. Cuando finalmente ocurre, no puede ser en otro momento más que en la noche del 6 de diciembre de 1941, al mismo tiempo que el bombardeo de Pearl Harbor.

Las aventuras —más bien desventuras— de Kavalier y Clay continúan durante la guerra, y después, en los años 50, cuando la edad de oro del cómic llega a su fin.

Me ha gustado muchísimo este libro, sobre todo lo bien documentado que está. La descripción del Nueva York de la época, los cómics que se mencionan, todos reales, y sus autores, algunos aún conocidos hoy en día, como Stan Lee. Los protagonistas se codean con toda esta gente y con los artistas e intelectuales de la época, tan bien incorporados en la trama que hacen pensar que se trata de una crónica en lugar de una pura invención.

Y me han gustado mucho los dos protagonistas, Joe Kavalier con la carga de su tragedia familiar, que lo obsesiona hasta convertirse en otra jaula de la que debe escapar, y Sammy Clay, con la cabeza llena de historias y de héroes en leotardos, leal como los compañeros de esos superhéroes. Me gustan porque son buenas personas, y siguen siéndolo a pesar de la adversidad.

The Road

Supongo que la mayoría de los espectadores de The Road no habrán leído la novela de Cormac McCarthy en la que se basa, a pesar de que ganó el Pulitzer hace un par de años. Pero McCarthy no es Dan Brown (afortunadamente), y no llega a tanta gente.

En cualquier caso, aquellos que sí la hayan leído no se sentirán decepcionados por la película, muy fiel a la novela, salvo en un par de detalles no demasiado importantes.

Ya sé que cuando uno hace una crítica de una película basada en un libro, debería dejar de lado el grado de fidelidad de la primera respecto al segundo, y juzgarla sólo por sus propios méritos, como obra completa en sí misma. Pero yo no puedo evitarlo. Por mucho que me guste el cine, que me gusta, me gusta más leer, y soy del tipo de persona que cuando sabe que se va a adaptar una novela intenta leerla antes de ver la película, por la sencilla razón de que prefiero saber el final de una peli al de un libro.

Un padre y su hijo viajan siguiendo la carretera por un paisaje desolado que jamás mejora, arrastrando un carrito con sus exiguas pertenencias. No sabemos qué ha causado esa devastación, ni siquiera sabemos sus nombres. Sólo sabemos que el padre vive únicamente para mantener a salvo a su hijo. Tampoco parece que el chaval tenga un enorme deseo de vivir, en medio de la oscuridad, el frío y el hambre perpetuos, más bien sigue adelante por la inercia del movimiento de su padre.

El resto de supervivientes que quedan en el mundo son o bien igual que ellos, y se limitan a intentar llegar al día siguiente, o bien grupos de caníbales que cazan incautos. El padre no hace diferencias: huye de todos por igual, por temor a que hagan daño al chico.

De vez en cuando tenemos un flashback a los días anteriores al desastre o cataclismo o guerra o lo que fuera que pasara, a la madre del chico y a los primeros tiempos de la devastación. En eso se aleja un poco de la novela, que explica muy escuetamente lo que le ha pasado a la madre y que apenas menciona la vida antes de esa devastación, parece más bien vivir siempre en el presente, al igual que los personajes.

Otro pequeño cambio frente a la novela es que se han eliminado algunas de las escenas de canibalismo, que si en el libro ya resultaban espeluznantes, en imagen habrían sido sencillamente insoportables.

Viggo Mortensen está verdaderamente bien, mostrando la desesperación de ese padre incapaz de rendirse incluso cuando no hay nada que ganar, pero que es incapaz de ver muerto a su hijo. Hay una escena en la que el chico le reprocha que no haya ayudado a un hombre con el que se encuentran, y que estaba asustado, y el padre le responde: “¡Yo también estoy asustado!”

El chico, interpretado por Kodi Smit-McPhee, también está estupendo, sin pasarse de niño-monísimo-hollywoodiense. Todo lo mira con pavor, y llora con una desesperación que resulta conmovedora.

No entiendo por qué la han dejado de lado en las nominaciones a los Oscar, porque es una película que merece la pena ver, aunque al salir uno tenga que irse directo a casa a poner Disney Channel para recuperarse. No es que tenga nada en contra de Avatar, ni mucho menos (ni siquiera por haber provocado el retraso en el estreno de Alicia), pero creo que ésta película debería haber sido nominada aunque sólo fuera por su fotografía, que crea a la vez una sensación de soledad y de emboscada inminente muy inquietante.

[Publicado primero en La Lintera Mágica]

McCourt

fmccourtEsta mañana me he levantado con la noticia de que ha muerto Frank McCourt, a los 78 años.

Mi madre me regaló Las cenizas de Ángela cuando ganó el Pulitzer, hace ya años. Me lo leí de un tirón, y cuando llegué a la última página le di la vuelta y volví a empezar, de lo muchísimo que me había gustado. Me parecía increíble que alguien pudiera contar una historia tan dura con tantísimo sentido del humor.

Todavía no me explico cómo era capaz de hacer reír, con aquella miseria, aquel frío y hambre. Porque te reías, incluso con el ataud de aquel bebé encima de la mesa te reías, aunque no quisieras hacerlo.

Otra cosa que tenían sus libros es que sonaban a verdad, porque contaba cosas en las que él mismo quedaba fatal. Por eso me creo todo lo que escribió, y por eso me da tanta pena que ya no vaya a escribir nada más.

“La maravillosa vida breve de Óscar Wao”, de Junot Díaz

Creo que es la primera vez que le dan el Pulitzer de novela a un dominicano. Desde luego, se lo merece, porque es un libro estupendo y muy divertido a ratos. Ya en la primera página, aunque parezca imposible, relaciona el mal de ojo dominicano con la maldición de los Kennedy.

Está lleno de notas del autor sobre la historia de la República Dominicana y sus costumbres, sobre el degenerado de Trujillo y sus secuaces, además de miles de referencias a libros de ciencia-ficción y fantasía. El autor es un friki de nivel dos, y dado que yo he pillado todas las alusiones a Tolkien y a Salusa Secundus, ya sé dónde me coloca eso. En fin, uno debe abrazar a su friki interior.

"A Thousand Acres", de Jane Smiley

Una versión moderna de “El rey Lear”, en el que un granjero autoritario y despótico decide regalar sus tierras a sus hijas, para que las cultiven sus maridos, claro (al viejo jamás se le ocurrió que sus hijas pudieran ser otra cosa en la vida que esposas de granjeros).
Sus yernos, claro, por fin pueden empezar a llevar los asuntos de la granja como les da la gana, cosa que a su suegro no le gusta nada, y empiezan los conflictos.
Pero en esta versión, a diferencia de la de Shakespeare, el viejo puñetero es odioso, y se merece todo lo que se le caiga encima.
Por supuesto, también hay un bufón, encarnado en el vecino y amigo de siempre del anciano, pero no dice la verdad, sino la versión distorsionada y retorcida del viejo, adaptada también a sus propias circunstancias para manipular las cosas a su favor.
Muy interesante, y además bien escrito.

“Middlesex”, de Jeffrey Eugenides

Al igual que en “Las vírgenes suicidas”, el autor nos cuenta toda la enjundia del libro en la primera página: el protagonista es hermafrodita, debido a un gen recesivo que se manifiesta porque sus abuelos eran hermanos (!!!!), y no se lo descubren hasta la adolescencia, por lo que se cría como si fuera una niña.

En realidad es una información necesaria para que el golpe que supone el descubrimiento sea realmente efectivo. Uno se pasa más de 500 páginas en vilo, esperando a que la pobre Callie se de cuenta de que tiene pajarito.

También esta novela está relatada en primera persona, pero esta vez la narradora es la propia Calliope. Sin embargo, tiene las capacidades de un narrador omnipresente: conoce los pensamientos de todos los personajes, y recuerda no sólo el momento de su propio nacimiento, sino también acontecimientos anteriores. No muy verosímil, pero interesante.

Me ha gustado mucho, aunque la primera parte, cuando cuenta la historia de sus abuelos, se me hizo un poco larga y pesada.