Esta mañana me he levantado con la noticia de que ha muerto Frank McCourt, a los 78 años.
Mi madre me regaló Las cenizas de Ángela cuando ganó el Pulitzer, hace ya años. Me lo leí de un tirón, y cuando llegué a la última página le di la vuelta y volví a empezar, de lo muchísimo que me había gustado. Me parecía increíble que alguien pudiera contar una historia tan dura con tantísimo sentido del humor.
Todavía no me explico cómo era capaz de hacer reír, con aquella miseria, aquel frío y hambre. Porque te reías, incluso con el ataud de aquel bebé encima de la mesa te reías, aunque no quisieras hacerlo.
Otra cosa que tenían sus libros es que sonaban a verdad, porque contaba cosas en las que él mismo quedaba fatal. Por eso me creo todo lo que escribió, y por eso me da tanta pena que ya no vaya a escribir nada más.
