Lecturas de la infancia: A través del desierto y de la selva

desierto1No puedo entender que este libro no sea más conocido. Tendría que tener la misma fama que La isla del tesoro, o que los libros de Verne o de Jack London o de los Cinco. Tendría que haber varias películas (al menos una de ellas de Disney), y no sólo las dos versiones polacas que existen, de las cuales he visto una y pienso comprar la otra. ¿Dónde se ha visto, a parte de con Kipling, un premio Nobel de literatura escribiendo una novela de aventuras para niños? Algo tan extraordinario debería llamar la atención de la gente, digo yo. Pues no. No conozco a nadie más que haya leído este libro, y me parece una pena.

A través del desierto y de la selva es una novela de Henryk Sienkiewicz, escritor polaco autor de Quo Vadis. Los protagonistas son dos niños, Stas Tarkowski y Nel Rawlison, de 14 y 8 años respectivamente. Los dos son grandes amigos y tienen mucho en común: ambos son hijos de ingenieros que trabajan en la construcción del canal de Suez, ambos son huérfanos de madre, y los dos llevan una vida muy cómoda en Port-Said.

Los dos juntos son secuestrados por seguidores del Mahdi durante la rebelión de Sudán, para utilizarlos como rehenes políticos. Sus secuestradores los llevan a través del desierto hasta Khartum, y de ahí pretenden llevarlos a Fashoda, pero los niños consiguen escapar. Los dos solos deben atravesar la selva para intentar llegar a Mombasa y así poder volver con sus padres. Los niños pasan grandes peligros y privaciones, y se ven sometidos a terribles sufrimientos, tanto físicos como psicológicos.

Este es un pasaje que me impresionó especialmente la primera vez que lo leí, siendo una cría. Tiene lugar justo después de que Stas haya matado a sus captores para poder huir, cuando se da cuenta de que Nel le tiene miedo:

Y al pensarlo, una gran amargura se apoderó de él, porque se daba cuenta de que, si no fuera por Nel, hacía mucho que habría huido o habría muerto. Sólo por ella había sufrido todas aquellas penalidades, y ¿cuál fue el resultado? Que, después de padecer todos aquellos tormentos y el hambre, se presentara ante él con miedo y vacilante, como si fuera otra y no su pequeña hermanita, la que levantara hacia él los ojos, pero con sorpresa y temor en vez de confiadamente. Stas se sintió de repente muy desgraciado. Por primera vez en su vida había comprendido lo que significaba sentir verdadera pena. Los ojos se le llenaron de lágrimas involuntariamente y, de no ser porque no estaba bien que “un valiente guerrero” se echara a llorar, tal vez lo hubiera hecho.

Nunca antes había leído sobre un héroe que se arrepienta de sus acciones, o que al menos lamente no haber tenido otra opción.

Lecturas de la infancia: “Capitanes intrépidos”, de Rudyard Kipling

Capitanes intrépidos

Capitanes intrépidos

Me parece que fue el primer libro serio que leí, es decir, sin dibujos. Había una docena de ilustraciones a lo largo del libro, 2 ó 3 juntas cada vez, referentes a cosas que ya habían quedado atrás, pero no era el típico cuento. Y no tengo en cuenta una tontería titulada algo así como “Toni y su cometa” que me dieron en el cole cuando llegué diciendo que mi madre me había enseñado a leer la tarde anterior. Cuando lo acabé, y en el colegio no me dieron nada más, mis padres se hicieron cargo.

En mi casa siempre se consideró que era una pérdida de tiempo leer chorradas tipo Barco de vapor, habiendo libros infantiles escritos por premios Nobel de Literatura. Tampoco estaban permitidas las versiones adaptadas (¿adaptadas según el criterio de quién?). La norma era, si no eres capaz de leerlo, déjalo por ahora y ya lo retomarás más adelante, pero no pierdas el tiempo con la versión para tontos. Es lo que tiene crecer en una familia de libreros, somos un poco talibanes en el tema de los libros.

Así que, cuando pedí en casa algo para leer, mi madre me dio Capitanes intrépidos para que probara. Y me encantó, hasta el punto de que , tras muchas relecturas, sigue siendo uno de mis libros favoritos..

La historia trata de un chico de unos 15 años, hijo de un multimillonario y muy malcriado, que se cae por la borda del transatlántico en el que viajaba y es recogido por un pesquero, un barco de vela cuyo capitán se niega a llevarlo a tierra de inmediato. El capitán no se cree ni por un momento que el chico sea rico, pero es que además le da igual. Allí hay ocho hombres ganándose el pan, y no van a dejarlo todo por un muchacho impertinente.

Acogen al chaval como a uno más, le enseñan el oficio y lo ponen a trabajar, algo que nunca había hecho en su vida. Y resulta que le gusta.

El chico vuelve a casa 4 meses más tarde, totalmente cambiado, para delicia de sus padres.

Lo que más me gustó fue cómo describía la vida de los pescadores, su trabajo, sus costumbres, hasta sus manías y supersticiones. Me gusta que me cuenten cosas sobre las que no sé nada en absoluto. Y desde entonces siempre me han encantado los libros sobre barcos, como demuestran los 20 libros de Master & Commander que llenan una de mis estanterías.

También me volví una fanática de Kipling, sobre todo de Kim, que es tan exótico y lleno de aventuras, y uno de los pocos libros sobre espionaje que me gustan.

Hay una adaptación al cine estupenda, con Spencer Tracy en el papel de Manuel, el pescador que “pesca” a Harvey cuando éste cae del barco, aunque claro, no es tan buena como el libro.

“The Forsyte Saga”, de John Galsworthy

¡Por fin! Mil quinientas páginas con las vicisitudes y desavenencias de una familia de nuevos ricos de la Inglaterra de finales del XIX y principios del XX. Bodas, adulterios, divorcios, dos guerras con sus muertos… el final de la era Victoriana y el principio de la moderna, con el choque que tuvo que suponer entonces.
El personaje principal, Soames Forsyte, es a la vez el villano y una figura trágica, digna de lástima. No puede comprender que el que él sienta amor por una persona, no obliga a esa persona a corresponderle, y dado que identifica el amor con la posesión del objeto de su afecto, no puede sino acabar solo y abandonado.
Me ha gustado mucho la descripción de las costumbres de la época, los hombres con sus clubes londinenses, el vestirse para la cena, los sombreros de copa y los guantes de piel de cabritillo… en ese sentido recuerda un poquito a Edith Wharton, pero sin el final trágico imposible de evitar.

“De ratones y hombres”, de John Steinbeck

Esta novela está estructurada en tres actos de tres capítulos cada uno, de forma que se pudiera tomar como una novela o como una obra de teatro. Al parecer, el título hace referencia a un poema de Robert Burns, que dice algo así como que los mejores planes de ratones y hombres a menudo salen mal.

En este caso, salen fatal. Los protagonistas son dos amigos: uno de ellos es un hombre normal, y el otro es un gigantón con la inteligencia de un niño, y sin conciencia de su propia fuerza, lo que lo lleva al desastre. Es una historia sobre la amistad y la lealtad, llevada hasta las últimas consecuencias.