“Jonathan Strange and Mr. Norrell”, de Susanna Clarke

coverHace un año empecé este libro pero no llegué muy lejos antes de cansarme. No es que no me estuviera gustando, supongo que simplemente no era el libro adecuado para aquel momento. Pero ahora he vuelto a darle otra oportunidad y esta vez sí que lo he terminado, sus 1000 páginas enteritas.

Resulta muy curioso ver combinados en este libro por una parte un retrato fiel de la Inglaterra de principios del siglo XIX, con la aparición de personajes tan conocidos como Lord Wellington, el rey loco Jorge III o Lord Byron, y por otra la magia como elemento si no cotidiano, al menos no desconocido.

Porque Jonathan Strange y Mr. Norrell son los dos primeros magos en Inglaterra tras varios siglos, desde que el Rey Cuervo desapareció y dejó su reino, el Norte de Inglaterra, en manos del rey del Sur. En poco tiempo desde su desaparición la magia fue disminuyendo hasta dejar de funcionar por completo, y su reaparición es una gran sorpresa.

A pesar de ser una novela tan larga no se me ha hecho nada pesada. Está escrita con un estilo lleno de ironía y con un cierto aire antiguo que hace pensar en las novelas de Jane Austen, aunque el tema no tenga nada que ver. La inclusión de acontecimientos históricos resulta muy divertida, como la intervención de Jonathan Strange en las guerras napoleónicas como ayudante de lord Wellington.

No quiero revelar nada del argumento así que solo voy a añadir que es un libro que merece la pena, lleno de sorpresas y muy bien escrito.

“Criptonomicón”, de Neal Stephenson

Hace poco ha salido una nueva novela de Stephenson titulada Reamde, que la crítica pone por las nubes y que me muero de ganas de leer. Pero como tengo manías rarunas y me gusta leer todo lo que puedo de un escritor en lo más parecido a su orden de publicación en lugar de la última me he leído Criptonomicón.

Aunque es cierto que no ha desbancado a Snow Crash como mi favorita, me ha gustado muchísimo. Se trata de una historia protagonizada por auténticos frikis de las matemáticas y la informática en dos épocas separadas por cincuenta años.

En los años 30 tenemos a Lawrence Pritchard Waterhouse, un joven matemático que cumple todos los tópicos: es extraordinariamente inteligente, despistado y totalmente carente de habilidades sociales. En Princeton conoce a Alan Turing y a su pareja, un joven matemático alemán. Los tres se hacen buenos amigos y trabajan juntos durante una temporada. Pero estalla la Segunda Guerra Mundial, y los tres acaban trabajando para los servicios de inteligencia de sus respectivos países, creando códigos seguros e intentando romper los de sus enemigos.

Por otro lado tenemos a Bobby Saftoe, un marine de los duros asignado a la división que se ocupa de generar desinformación para confundir al enemigo, a su amigo Goto Dengo, soldado japonés y experto en minería, y a Enoch Root, un sacerdote católico de lo más raro.

En los años 90 algunos de los descendientes de estos personajes convergen, buscando el oro que los japoneses escondieron en Filipinas en los últimos días de la guerra, sin saber que sus abuelos ya lo habían intentado 50 años antes.

La mezcla de personajes y acontecimientos reales con otros ficticios resulta curiosa y a ratos hasta muy divertida. Por ejemplo, el tiempo que pasa Lawrecen Pritchard Waterhouse en Qwlghm, una isla inexistente al norte de Inglaterra en la que hablan no uno sino dos idiomas totalmente carentes de vocales.

Además de contar con detalle como fue el desarrollo de la criptografía y la invención de los primeros ordenadores como herramienta necesaria para romper los códigos enemigos, Stephenson se entretiene con largos pasajes que bien podrían utilizarse para un club de la comedia. Aquí va un ejemplo:

Las pepitas de oro de Cap’n Crunch cubren el fondo del cuenco produciendo un sonido similar al de barras de vidrio partiéndose por la mitad. Diminutos fragmentos se escapan de sus esquinas y rebotan por la superficie de porcelana blanca. Comer cereales correctamente es un baile de pequeños compromisos. Un cuenco enorme cargado de cereales empapados cubiertos de leche es la marca de un novato. Idealmente, uno desea que los cereales completamente secos y la leche criogénica entren en la boca con el mínimo contacto y que la reacción entre ellos tenga lugar en la boca. Randy ha creado un conjunto de planos mentales para la cuchara perfecta para comer cereales que tendría un pequeño tubo corriendo por el medio y una pequeña bomba para la leche, de forma que puedas tomar cereales secos del cuenco, apretar un botón con el pulgar y lanzar leche sobre la cuchara mientras la introduces en la boca. A falta de esa cuchara, lo mejor es actuar con pequeños incrementos, poniendo sólo una pequeña cantidad de Cap’n Crunch en el cuenco y comérselo todo antes de que se convierta en un pozo de asqueroso cieno, lo que, en el caso de Cap’n Crunch, lleva unos treinta segundos.

Esto es solo una pequeña parte, la preparación e ingestión correcta de estos cereales se prolonga varias páginas más.

El devorador de cereales es Randy Waterhouse, nieto del matemático que protagoniza la otra línea temporal de la historia, quien no tiene ni idea de lo que había hecho su abuelo en la guerra. Y su parte de la historia es también lo que se suele llamar un viaje iniciático. Normalmente esa clase de historias las protagoniza un niño o un adolescente, mientras que Randy parece un adulto: está en la treintena, lleva barba, tiene un trabajo y una novia desde 10 años. Pero todo eso son apariencias, en cuanto surge la oportunidad se larga con sus amigos hackers a jugar con sus juguetes de alta tecnología. Y es durante este viaje que Randy madura, se vuelve responsable y hasta se afeita, descubriendo debajo de la barba una cara de adulto.

No sé si todo el mundo encontrará tan divertida e interesante como yo una novela de casi mil páginas plagada de fórmulas matemáticas sobre la generación de números pseudoaleatorios y las claves basadas en números primos, pero desde luego yo la he disfrutado de principio a fin. Estoy deseando empezar con el Ciclo Barroco.

Por cierto, he leído por ahí que los pequeños errores tipográficos o gramaticales que hay en la edición original encierran una clave. Si alguien la ha descifrado me encantaría saberlo.

“El cartero”, de David Brin

Al leer esta novela no he querido dejarme influir por la espantosa película protagonizada por Kevin Costner que se basó en ella. Después de todo, los otros libros de David Brin que he leído me han gustado, algunos, como Gentes de Barro, incluso me han encantado. Además, con ésta ganó el premio Locus y estuvo nominado para el Hugo y el Nebula, así que, en principio, la cosa pintaba bien.

El protagonista vive en un futuro post-apocalíptico fruto de una guerra en la que hubo de todo: ataques informáticos desde satélites, guerra bacteriológica y una pizca de guerra nuclear para terminar de darle salero al asunto. Pero la sociedad civilizada –o al menos los habitantes de los EEUU, porque del resto del planeta no se sabe nada– habría sobrevivido, de no ser por los seguidores de una especie de Hitler/libertario/miembro de la ANR que promulga le ley del más fuerte. El frágil gobierno de emergencia se ve impotente para defender a los ciudadanos normales y acaba por desaparecer, y llega la anarquía.

La picaresca es imprescindible para los que están solos y por eso Gordon Krantz, con un viejo uniforme de cartero, lleva vagos mensajes de esperanza y de una nación que empieza a recuperarse a los pequeños grupos con los que se encuentra, a cambio de provisiones y un lugar donde dormir. Pero poco a poco va creyéndose su papel, cuando ve que la gente está deseando encontrar alguien a quien seguir para volver a una vida civilizada.

La novela está lo bastante bien como para haberme tenido entretenida en un viaje en tren de más de 7 horas, aunque ha ratos me ha parecido demasiado patriotero, venga a largar sobre recuperar el pasado de su gran nación, como si hubieran llegado a ese desastre por arte de magia y no por una guerra en la que su país había participado activamente. Por lo demás está bien, aunque hay una especie de sorpresa final un poco desconcertante. Y hay un tema que ya he encontrado otras veces en Brin, y es la superioridad de las mujeres para formar una sociedad civilizada. Que yo soy tan feminista como la que más, pero en este caso está llevado a unos extremos un poco radicales, con las mujeres como jueces de qué hombres son dignos y cuáles merecen morir.

La pega que le pongo es que, puesto que no es una historia tan cruda y falta de esperanza como por ejemplo The Road, le falta el sentido del humor que hay en otras novelas de Brin.

“La Era del Diamante – Manual ilustrado para jovencitas”, de Neal Stephenson

Hace unos meses leí la primera novela que publicó Neal Stephenson, Snow Crash, que me pareció extraordinaria. Este año el autor ha publicado una nueva novela que ha tenido muy buenas críticas, pero en lugar de leerla mi trastorno obsesivo-compulsivo ha tomado el mando y me he ido directa a buscar su segunda novela. Hay cosas contra las que no se puede luchar.

La historia se desarrolla en un siglo XXI altamente tecnológico en el que ya no hay países sino tribus o phyles, a las que uno se afilia (si la dejan) y de las que recibe protección. Los que no pertenecen a ninguna tribu viven de las migajas de las sociedades más poderosas, y de los alimentos gratuitos que la nanotecnología permite fabricar.

En Shangai un miembro de la nobleza neovictoriana no está conforme con la educación de las clases acomodadas, así que encarga a un ingeniero que diseñe para su nieta un dispositivo, un libro interactivo diseñado para crear un vínculo con su propietaria y ayudarla a desarrollarse. Al ingeniero le parece una idea genial y diseña el Manual ilustrado para jovencitas, fabrica un ejemplar para su rico empleador y contrata a un hacker chino, el Doctor X, para hacer otra copia para su propia hija. Pero de vuelta a su casa atravesando los Territorios Cedidos es atacado por un grupo de muchachos sin tribu, que le roban el Manual.

Así es como el libro acaba en manos de Nell, una niña cuya educación, en el caso improbable de que hubiera podido recibirla, desde luego no se iba a ver perjudicada por ninguna situación privilegiada. El Manual le enseña a leer, a defenderse y a enfrentarse a cualquier situación.

Pero la cosa no queda ahí: el Doctor X consigue hacerse con una copia del diseño, y lo emplea para fabricar manuales para sus propios fines. Pronto se complicarán las cosas para Nell cuando comienzan las luchas entre las tribus que defienden la nanotecnología y los Puños de la Recta Armonía, que pretenden su destrucción total. Todo muy complicado y con un ritmo trepidante.

La novela pertenece al género del ciberpunk más puro, y sin embargo está llena de referencias a Dickens, desde los títulos de los capítulos, largos, descriptivos y con ese uso del punto y coma tan típico de la novela victoriana, hasta el nombre de la protagonista, Nell, que desde el principio me hizo temer por su destino. Además la tribu dominante en esta sociedad tan inmersa en la tecnología es una que ha elegido como modelo ético la victoriana. Por supuesto, como me encanta Dickens para mí todo esto no hace sino añadir virtudes a la novela, que ya las tiene de por sí en cantidad.

Me ha gustado mucho y la he leído muy rápido, a pesar de su complejidad. Un buen escritor de ciencia-ficción no se para a explicar todas las peculiaridades del futuro que ha inventado, sino que deja que el lector las vaya deduciendo a partir de sus referencias, y Stephenson es claramente uno de los buenos. No me va a quedar más remedio que buscar cual es su tercera novela.

“Pórtico”, de Frederik Pohl

Tengo una opinión ambigua respecto a este libro. Es bueno, no voy a negarlo, y la idea es muy original: en un futuro de superpoblación y miseria en el que no parece haber ningún tipo de protección social, los humanos descubren la tecnología de los Heechees, desaparecidos hace siglos, que no comprenden pero que utilizan. El descubrimiento más importante es Pórtico, una especie de estación espacial llena de naves Heechees pre-programadas. El protagonista es uno de los prospectores que se embarcan en esas naves para descubrir si hay algo aprovechable en esos destinos. Muchos no regresan nunca, y otros lo hacen muertos, pero para los pocos supervivientes, la recompensa puede ser como ganar la lotería.

La narración se desarrolla en dos líneas temporales, alternando un capítulo para cada una. En el presente, Rob asiste a sesiones de terapia con un ordenador-psicólogo, un holograma al que le cuenta sus sueños y que intenta hacerle enfrentarse a sus neurosis. Entre sesión y sesión, el mismo Rob cuenta su llegada a Portico, su terror a embarcarse, sus viajes y finalmente el descubrimiento que le da su fortuna. Todo muchísimo más interesante que el rollo freudiano de la terapia, que la verdad es que resulta un poco lento.

Ya digo que la novela es buena, pero todo el rato he tenido la sensación de que estaba esperando un gran acontecimiento que nunca llega. El viaje de descubrimiento que le da a Rob su fortuna resulta anticlimático por su poca importancia. Y tal vez sea idea mía, pero los personajes femeninos, por algún motivo, tal vez por la facilidad con la que caen en la cama del protagonista, me hacen pensar en Heinlein, un escritor que odio a muerte.

Total, que es un libro que empieza con mucha fuerza y que plantea ideas originales e interesantes, pero que en mi opinión se queda a medias.

“Cetaganda”, de Lois McMaster Bujold

cetagandacover1Ésta es la novena novela de la serie de los Vorkosigan, creo, y una de mis favoritas. Es cierto que no aparecen los mercenarios Dendarii, lo cual es una pena, pero la complejidad de la sociedad cetagandana compensa esa falta con creces. Los haut por un lado, los ghem por otro, y las muheres haut manejando los hilos de todo…

Miles y su primo Ivan acuden a Cetaganda en misión diplomática para asistir a los funerales de la emperatriz de Cetaganda. Nada más llegar son atacados por un sirviente imperial, que más tarde aparece muerto. Miles debe averiguar lo que ha pasado para evitar que estalle un conflicto entre los dos imperios. Mientras Iván se pasea con las ghemladies con aire entre despistado y aterrorizado y suplica que dejen el caso en manos de sus superiores, Miles da rienda suelta a su hiperactividad y paranoia, y parece tener dos lemas: hazlo tú mismo y ni un paso atrás; su confianza en sí mismo no tiene límites.

Parece que últimamente Bujold está en plan gandul, tiene sin terminar la serie de Chalion, y se suponía que iba a publicar otro libro de los Vorkosigan a finales de 2008, pero nada de nada. Debe de estar viendo fútbol americano y zampando hamburguesas con George R. R. Martin.