trueconfessionsofTengo que reconocer que no había ni oído hablar de este autor (¿qué clase de nombre es Avi, por cierto?), y resulta que ha publicado más de 70 libros, en su mayoría dedicados a un público juvenil. En éste, la protagonista, Charlotte Doyle, de 13 años, cuenta su travesía a través del Atlántico sin su familia en 1832, en un barco al borde del motín, con un capitán que casi podría llamarse Garfio, cómo se enfrentó a él  y acabó siendo parte de la tripulación, y cómo fue juzgada, declarada culpable y condenada a la horca por asesinar a un hombre.

Siempre me han gustado los libros de barcos, desde que leí Capitanes Intrépidos cuando tenía 6 años, aunque soy incapaz de distinguir el palo mayor del timón. Supongo que el confinamiento en un espacio tan reducido y lo impredecible de un elemento tan poderoso como el mar dan lugar a situaciones extremas y, por tanto, interesantes.

Desde luego es así en este caso. La protagonista sale de una vida de privilegios, totalmente protegida, en la que uno pertenece y debe fidelidad a la clase social en la que ha nacido. Cualquier desviación se considera una traición, aunque esté justificada. Charlotte comete esa traición al alinearse con la tripulación del barco en lugar de con su capitán, y por ello debe ser castigada.

He estado investigando, y parece que Danny DeVito está dirigiendo la adaptación al cine, con la niña de Expiación como protagonista. No me la pienso perder.

storyEstá claro que si los únicos libros de Lucy Maud Montgomery que son conocidos son los de Anne Shirley es por algo.

Esta es una novelita mona, para niños (más bien niñas), pero a la que le falta el sentido del humor y la chispa de los de Green Gables. ¡Y hay que ver cuánto rezan! Todos los días, un montón de veces. Son de una inocencia que es un poquito difícil de creer en niños de más de 7 años, la verdad, edad que superan todos los primos King, algunos con creces. Pero bueno, es agradable de leer, si no se le pide más.

Ahora estoy pensando en leer algo de Thomas Pynchon, aunque creo que hay que armarse de valor…

0025_StalkyCo_DCreo que no soy la única lectora que siente fascinación por los colegios privados ingleses (que, curiosamente, en inglés se llaman public schools). De hecho, estoy segura de que a esa fascinación se debe parte del éxito de la saga de Harry Potter.

El libro consta de varias historias independientes, en las que el hilo conductor son tres chicos adolescentes: Stalky, M’Turk y Beetle, basado en el propio Kipling. Stalky es una especie de cruce entre Indiana Jones y Lawrence de Arabia, ingenioso, brillante y lleno de recursos, un cazador al acecho, como indica su nombre. Cuando alguien se la juega, ya sea otro estudiante o uno de los profesores, la venganza no tarda en llegar, siempre de una forma indirecta e inesperada, y la mayoría de las veces el destinatario no sabe a quien debe agradecérsela.

Las costumbres del colegio son descritas con total crudeza. Parece haber dos tipos de castigos: o bien copiar páginas y páginas de algo, o directamente ser azotado. El uso de la vara por parte de los profesores se toma como algo totalmente normal, e incluso se critica la técnica de cada uno. Pero aún peor es la crueldad entre los propios alumnos.

Cuando se publicó el libro, recibió muchas críticas por su dureza. La respuesta de Kipling fue que todos aquellos críticos debían tener muy mala memoria.

vientoLas aventuras de Topo, Rata, Sapo y Tejón, animales personalizados que llevan batínes de seda, hacen limpiezas de primavera, pasean en bote y hasta roban coches, me parecieron absolutamente encantadoras. Todas tienen lugar en una Inglaterra pastoralizada, en la que el té se sirve siempre con sandwiches y cakes deliciosos y donde los únicos conflictos surgen por falta de modales.

Topo y Rata son dos buenos amigos a los que les gusta salir a pasear en bote o tomarse un buen te, entretenimientos tranquilos y sencillos. Pero Sapo es harina de otro costal: le gustan las emociones fuertes, y cuando descubre los automóviles ya no descansa hasta hacerse con uno. A partir de ahí todo son desastres, se suceden los accidentes, y Sapo llega a obsesionarse hasta el punto de robar un coche para poder seguir conduciendo. Ni siquiera la intervención del sensato Tejón sirve de nada, y Sapo acaba en la cárcel. Consigue escapar a base de engaños, y continúa con su loca carrera. Pero las cosas van de mal en peor para el pobre Sapo: su mansión ha sido ocupada por las malvadas Comadrejas. Sólo con la ayuda desinteresada de sus amigos logra reconquistar su casa, y por fin se da cuenta de lo erróneo de su conducta. Sapo pide perdón, y todos viven felices.

Me recuerda un poco a Tolkien (o más bien Tolkien a esto), por lo de la idealización de la vida en el campo, y la exaltación de la sensillez y la tradición frente al progreso.

llamadaSe considera que éste es un libro para niños porque el protagonista es un perro, pero a mí no me lo parece. Es un libro sin apenas diálogos (no es un perro Disney, y por lo tanto no habla), muy oscuro, con pasajes de gran violencia y crueldad, y muy introspectivo.

Buck, el protagonista, es un perro grande y peludo que ha llevado una vida cómoda como mascota en una gran casa. Pero la fiebre del oro en Alaska hace que haya una gran demanda de perros de su tipo para tirar de los trineos, por lo que lo roban y lo envían a la región del Yukon. Allí, para poder sobrevivir, sus instintos salvajes se van despertando y se va endureciendo. Hasta el punto de que sólo la devoción que siente por su amo impide que se una a los lobos salvajes.

Cuando su amo es asesinado Buck cae sobre los responsables como una fiera salvaje, pero ya no hay nada que lo retenga y se une a los lobos, quedando como una leyenda entre los nativos.

Leí este libro un montón de veces cuando era pequeña: me fascinaba. El lugar, tan exótico y frío, la gente con su obsesión por el oro, capaces de cometer las mayores bajezas; y el perro, ajeno a todo excepto a su lucha por la supervivencia.

Éste es otro de esos libros que creo que si no lees cuando eres un crío, después ya no lo leerás nunca, y es una pena.

desierto1No puedo entender que este libro no sea más conocido. Tendría que tener la misma fama que La isla del tesoro, o que los libros de Verne o de Jack London o de los Cinco. Tendría que haber varias películas (al menos una de ellas de Disney), y no sólo las dos versiones polacas que existen, de las cuales he visto una y pienso comprar la otra. ¿Dónde se ha visto, a parte de con Kipling, un premio Nobel de literatura escribiendo una novela de aventuras para niños? Algo tan extraordinario debería llamar la atención de la gente, digo yo. Pues no. No conozco a nadie más que haya leído este libro, y me parece una pena.

A través del desierto y de la selva es una novela de Henryk Sienkiewicz, escritor polaco autor de Quo Vadis. Los protagonistas son dos niños, Stas Tarkowski y Nel Rawlison, de 14 y 8 años respectivamente. Los dos son grandes amigos y tienen mucho en común: ambos son hijos de ingenieros que trabajan en la construcción del canal de Suez, ambos son huérfanos de madre, y los dos llevan una vida muy cómoda en Port-Said.

Los dos juntos son secuestrados por seguidores del Mahdi durante la rebelión de Sudán, para utilizarlos como rehenes políticos. Sus secuestradores los llevan a través del desierto hasta Khartum, y de ahí pretenden llevarlos a Fashoda, pero los niños consiguen escapar. Los dos solos deben atravesar la selva para intentar llegar a Mombasa y así poder volver con sus padres. Los niños pasan grandes peligros y privaciones, y se ven sometidos a terribles sufrimientos, tanto físicos como psicológicos.

Este es un pasaje que me impresionó especialmente la primera vez que lo leí, siendo una cría. Tiene lugar justo después de que Stas haya matado a sus captores para poder huir, cuando se da cuenta de que Nel le tiene miedo:

Y al pensarlo, una gran amargura se apoderó de él, porque se daba cuenta de que, si no fuera por Nel, hacía mucho que habría huido o habría muerto. Sólo por ella había sufrido todas aquellas penalidades, y ¿cuál fue el resultado? Que, después de padecer todos aquellos tormentos y el hambre, se presentara ante él con miedo y vacilante, como si fuera otra y no su pequeña hermanita, la que levantara hacia él los ojos, pero con sorpresa y temor en vez de confiadamente. Stas se sintió de repente muy desgraciado. Por primera vez en su vida había comprendido lo que significaba sentir verdadera pena. Los ojos se le llenaron de lágrimas involuntariamente y, de no ser porque no estaba bien que “un valiente guerrero” se echara a llorar, tal vez lo hubiera hecho.

Nunca antes había leído sobre un héroe que se arrepienta de sus acciones, o que al menos lamente no haber tenido otra opción.

Capitanes intrépidos

Capitanes intrépidos

Me parece que fue el primer libro serio que leí, es decir, sin dibujos. Había una docena de ilustraciones a lo largo del libro, 2 ó 3 juntas cada vez, referentes a cosas que ya habían quedado atrás, pero no era el típico cuento. Y no tengo en cuenta una tontería titulada algo así como “Toni y su cometa” que me dieron en el cole cuando llegué diciendo que mi madre me había enseñado a leer la tarde anterior. Cuando lo acabé, y en el colegio no me dieron nada más, mis padres se hicieron cargo.

En mi casa siempre se consideró que era una pérdida de tiempo leer chorradas tipo Barco de vapor, habiendo libros infantiles escritos por premios Nobel de Literatura. Tampoco estaban permitidas las versiones adaptadas (¿adaptadas según el criterio de quién?). La norma era, si no eres capaz de leerlo, déjalo por ahora y ya lo retomarás más adelante, pero no pierdas el tiempo con la versión para tontos. Es lo que tiene crecer en una familia de libreros, somos un poco talibanes en el tema de los libros.

Así que, cuando pedí en casa algo para leer, mi madre me dio Capitanes intrépidos para que probara. Y me encantó, hasta el punto de que , tras muchas relecturas, sigue siendo uno de mis libros favoritos..

La historia trata de un chico de unos 15 años, hijo de un multimillonario y muy malcriado, que se cae por la borda del transatlántico en el que viajaba y es recogido por un pesquero, un barco de vela cuyo capitán se niega a llevarlo a tierra de inmediato. El capitán no se cree ni por un momento que el chico sea rico, pero es que además le da igual. Allí hay ocho hombres ganándose el pan, y no van a dejarlo todo por un muchacho impertinente.

Acogen al chaval como a uno más, le enseñan el oficio y lo ponen a trabajar, algo que nunca había hecho en su vida. Y resulta que le gusta.

El chico vuelve a casa 4 meses más tarde, totalmente cambiado, para delicia de sus padres.

Lo que más me gustó fue cómo describía la vida de los pescadores, su trabajo, sus costumbres, hasta sus manías y supersticiones. Me gusta que me cuenten cosas sobre las que no sé nada en absoluto. Y desde entonces siempre me han encantado los libros sobre barcos, como demuestran los 20 libros de Master & Commander que llenan una de mis estanterías.

También me volví una fanática de Kipling, sobre todo de Kim, que es tan exótico y lleno de aventuras, y uno de los pocos libros sobre espionaje que me gustan.

Hay una adaptación al cine estupenda, con Spencer Tracy en el papel de Manuel, el pescador que “pesca” a Harvey cuando éste cae del barco, aunque claro, no es tan buena como el libro.

Un comentario de Bean sobre Alicia en el País de las Maravillas me ha hecho pensar en los libros que leí cuando era pequeña. Y es que yo creo que hay libros que, si no se leen durante la infancia, te los pierdes ya para siempre, lo que es una pena.

Por eso he decidido recordar aquí mis lecturas de aquella época. Libros infantiles o no, pero que leí siendo una cría (y muchos releí luego) y que sigo recordando. Empezando, cómo no, con Alicia (va por ti, Julian!).

Creo que tenía 6 ó 7 años cuando lo leí por primera vez, y me encantó desde el principio. Seguramente no entendí la mayor parte de los juegos de palabras (mucho tiempo después lo leí en inglés, y me quedé abrumada por la densidad de rimas, juegos de palabras y metáforas varias que tiene), pero aún así me pareció que tenía algo especial. Puede que sea el componente de lo absurdo, que hacía la trama totalmente impredecible: podía ocurrir lo más insperado, y a menudo así era.

También los personajes eran fascinantes: la Oruga, el Sombrerero Loco y, claro está, el Gato de Cheshire, entraban y salían de la historia en cualquier momento, y hacían y decían las cosas más insólitas. Creo que con Alicia empezó mi afición por la fantasía y la ciencia-ficción. Lo coticiano, en comparación, es aburrido.

La única pega que le pongo es ese tonito que tiene a veces de adulto-contando-un-cuento-a-un-niño, que siempre me molesta, pero tampoco es algo demasiado marcado.

Por cierto, estoy deseando ver qué hace Tim Burton con su adaptación al cine. De momento no estoy mada contenta con el casting: ¿una actriz de 18 años para interpretar a Alicia? ¡Se supone que el personaje tiene unos 6 años! Qué va a ser esto, ¿El Mago de Oz?