“The Magicians of Caprona”, de Diana Wynne Jones

coverEl segundo libro de la serie de Chrestomanci es tan entretenido como el primero. Los protagonistas vuelven a ser dos niños, aunque esta vez en lugar de ser hermanos son miembros de dos familias rivales de la ciudad-estado de Caprona: los Montana y los Petrocchi. Pero ahí se acaba el parecido con Romeo y Julieta, Tonino Montana y Angelica Petrocchi tienen unos seis años y ni se ven hasta bien pasada la mitad del libro.

Para los Montana y los Petrocchi la magia es algo normal, por algo son los mejores creadores de hechizos de Caprona, pero algo está estropeando su magia, y la enemistad entre ambas familias les impide colaborar para descubrir la causa.

Como en todo buen libro para niños, a los protagonistas de esta historia les ocurren cosas espantosas que jamás se verían en una película de Disney moderna. Y como debe ser, todo se resuelve sin la ayuda de los adultos, demasiado ocupados con cosas importantes para ver lo que está pasando realmente.

La novela es totalmente independiente de la primera, tan solo transcurre en el mismo universo; el único personaje común a ambas es el Chrestomanci, pero tiene un papel secundario y no requiere haber leído Charmed Life para poder seguir la trama. A menos que se tengan mis manías sobre el estricto orden de lectura de series y sagas, claro está, aunque creo que hay medicación para eso… En cualquier caso, por separado o juntos, son unos libros encantadores que le gustarían a cualquier niño.

“Number the Stars”, de Lois Lowry

En el Año Nuevo hebreo de 1943, los judíos de Dinamarca fueron advertidos en sus sinagogas de que los alemanes que ocubapan el país los iban a detener y deportar probablemente esa misma noche. Familias enteras huyeron ese mismo día, ayudados y escondidos por sus amigos y vecinos, y a lo largo de las siguientes semanas la resistencia danesa los fue cruzando hasta Suecia para ponerlos a salvo. Más de 7.000 judíos consiguieron escapar así de los campos de concentración nazis.

La historia está contada desde el punto de vista de Annemarie, una niña danesa de 10 años. Tras tres años de ocupación, ella y su amiga y vecina Ellen ya están acostumbradas a ver a los soldados nazis, aunque procuran evitarlos y los tratan con mucha cautela. Sobre todo Ellen, que es judía.

Cuando llega la noticia de la inminente “reubicación” de los judíos, los padres de Annemarie no dudan en acoger a Ellen en su casa y hacerla pasar por su propia hija, y continúan ayudando a ésta y otras familias judías, aun poniendo sus vidas en peligro.

La novela es positiva y tiene un final feliz, a pesar de lo lúgubre del tema. Annemarie aprende que en la vida se puede obrar bien u obrar mal, y que muchas veces hace falta valor para obrar bien. Pero la alternativa es algo demasiado horrible para considerarla siquiera.

No sé mucho sobre Dinamarca, a pesar de que una vez estuve de vacaciones, visitando a una amiga que estaba en Aalborg con una beca Erasmus. Pasamos mucho frío, visitamos un poco el país, algún museo que otro y poco más. Los daneses en general eran amables, civilizados hasta el aburrimiento, pero no tuve mucho contacto con ellos. Para mí los nórdicos eran un grupo homogéneo, no sabía ver diferencias entre un danés y un sueco, hasta hace poco no tenía ni idea de que ellos consideran que los fineses no son escandinavos.

Pero a veces un libro puede cambiar tu percepción de las cosas. Me pasó con Los hombres que no amaban a las mujeres y los suecos, que yo pensaba que eran el paradigma del estado del bienestar y el respeto a las minorías y me encontré con que están plagaditos de neonazis. Con este libro ha sido todo lo contrario: no tenía una opinión formada del pueblo danés, pero ahora me caen fenomenal. Durante dos años los daneses limpiaron las casas y regaron las plantas de sus vecinos judíos exiliados, hasta que pudieron volver a casa.

“Charmed Life”, de Diana Wynne Jones

Hace unos años El castillo ambulante, la peli de Hayao Miyazaki, me llevó a leer Howl’s Moving Castle, la novela infantil en la que se basa, y hace poco volví a acordarme de esta escritora al leer una reseña que recomendaba la serie de Chrestomanci, de la que Charmed Life es el primer volumen.

En los buenos libros infantiles a los niños les pasan cosas terribles, sufren, caen en manos de malvados parientes o de magos con siniestros fines. Nunca he entendido esas versiones ñoñas en las que Caperucita se sienta a tomar el té con el lobo y la abuelita, mientras esperan a que el leñador les traiga unas pastas. Son aburridas, sosas, les falta ese punto de inquietud, incluso de miedo, que hacen que una aventura sea interesante. Si todo va bien y todos son felices, ¿dónde está esa preocupación que te empuja a seguir leyendo? A fuerza de tomar a los niños por tontos, se están volviendo así.

Por suerte los libros de Diana Wynne Jones caen dentro de la primera categoría. Los hermanos Gwendoline y Eric Chant pierden a sus padres en un naufragio en la primera página del libro, y a partir de ahí las cosas van de mal en peor. Para Gwendoline todo parece ir sobre ruedas ya que es una bruja poderosa, pero parece que Eric no tiene ni gota de magia y no es más que un peón en los planes de su hermana para dominar el mundo. Pero es cuando Chrestomanci se hace cargo de los niños y se los lleva a su castillo cuando las cosas se ponen interesantes.

Normalmente la primera novela de una serie es la que sirve para presentar a los personajes, sin desarrollarlos demasiado, pero en este caso no es así, e incluso la pequeña aventura que sirve para aclarar en qué bando está cada uno está bastante bien desarrollada. La reseña que la recomendaba decía que éste no se considera el mejor de la serie, sino el tercero, por lo que pienso continuar leyendo las desventuras de los hermanos Chant.

Por cierto, a pesar de ser un libro muy inglés (el té es el remedio contra cualquier mal) y que trata sobre niños magos, no tiene nada que ver con Harry Potter, es muy anterior y no una mala copia moderna.

Y por favor, Miyazaki-san, ya sé que está muy mayor y todo eso, pero haga más películas. ¡Son necesarias!

“La invención de Hugo Cabret”, de Brian Selznick

Siempre que puedo prefiero leer el libro antes de ver la película, simplemente porque, aunque detesto que me cuenten una peli, aún odio más que me cuenten un libro. Me refiero, claro, al caso en que la película se basa en el libro, no al contrario. Esos libros que sacan a veces basados en una peli de éxito suelen ser atroces y no merecen el esfuerzo.

En este caso, empecé el libro el viernes, justo antes de ver la película, y no me quedó más remedio que leerlo en papel. Me ha sido imposible encontrar una versión digital, y al final una amiga bibliotecaria me lo sacó de su biblioteca para que pudiera leerlo (gracias Carmen!).

En primer lugar me sorprendió lo gordísimo que es, unas 500 páginas, aunque en realidad aproximadamente la mitad son ilustraciones y en las páginas en las que hay texto muchas veces son sólo unas líneas. Porque las ilustraciones no acompañan al texto, sino que muchas veces lo sustituyen por completo. Es casi como ver una película con una voz en off explicando algunas cosas.

La trama es la que ha seguido fielmente la película: Hugo Cabret se queda huérfano y se va a vivir con su tío a una estación de tren, donde éste es el relojero. Pero su tío es un borracho que desaparece por largas temporadas, así que es Hugo quien hace todo el trabajo. Además quiere terminar a toda costa el último proyecto de su padre, la reparación de un autómata que encontró en el desván de un museo, con la esperanza de que alivie su soledad.

En la estación Hugo conoce a un juguetero y a su ahijada, que están misteriosamente relacionados con su autómata, y es a partir de ahí que se desarrolla toda la aventura.

Es una historia bonita, un poco triste y oscura, como deben ser todos los buenos cuentos para niños. Las ilustraciones son muy expresivas, aunque para mi gusto demasiado oscuras y de trazo muy grueso. Cuando se trata de ilustraciones a lápiz, me quedo con el estilo de Alan Lee o del ilustrador de El último dragón, que son una auténtica preciosidad. Las de este libro, que creo que son del propio autor, cumplen su función, puesto que cuentan la historia, pero no son el tipo de ilustraciones con las que una se queda embobada intentando absorber todos los detalles.

Creo que es un libro recomendable para niños, aunque se asusten al ver el volumen es de lo más satisfactorio ver lo rápido que se avanza en la lectura, y la verdad es que es un cuento muy bonito.

“Las crónicas de Spiderwick”, de Holly Black y Toni DiTerlizzi

Entre ayer por la tarde y esta mañana me he tragado los cinco libros de Las cronicas de Spiderwick. Tampoco es que la cosa tenga mucho mérito, que son muy cortitos y fáciles de leer, de lo más entretenidos.

Había visto la película hace un par de años y recuerdo que me gustó más de lo que esperaba. Tenía ese punto siniestro de los cuentos infantiles de antes, que ha desaparecido en las películas Disney de los últimos años. Hoy parece inconcebible que se pueda morir la madre de Bambi, todo son historias ñoñas y cursis sin ese puntito de miedo tan emocionante.

Los tres hermanos Grace, Mallory, Simon y Jared, se mudan con su madre recién divorciada a la vieja mansión de su tía abuela Lucinda, y nada más llegar se meten en problemas con las criaturas fantásticas que viven en la zona y hasta en la propia casa.

La historia está contada desde el punto de vista de Jared, que es el que tiene la fama de hijo problemático y el que se lleva las culpas de todos los desastres producidos por duendes, trasgos, ogros y demás. Pero con la ayuda de sus hermanos consigue descubrir los planes del ogro malvado y no solo desbaratarlos, sino demostrar a su madre que no era él el que ocasionaba tantos problemas.

Me gustan mucho los títulos de los capítulos, me recuerdan a Robinson Crusoe. Un ejemplo, el capítulo seis del primer libro, Donde aparecen cosas inesperadas en el congelador. La versión que he leído yo además tiene unas ilustraciones muy bonitas, por lo que me parece el libro ideal para leerle en voz alta a un niño, si tuviera hijos no lo dudaría. Estoy segura de que a cualquier crío le encantaría, por muy reticente a la lectura que sea, sobre todo si le ha gustado la película.

“Artemis Fowl”, de Eoin Colfer

Si esta misma tarde tuviera que comprarle un libro a un niño de 10 años, sin lugar a dudas sería éste. Y solo un niño especialmente zoquete no se engancharía a la historia de inmediato ni pediría el segundo libro nada más terminar el primero.

Los Fowl siempre se han dedicado al crimen, pero últimamente las cosas les van de capa caída. Su último negocio (más bien estafa) salió mal por la intervención de la mafia rusa, Artemis Fowl padre ha desaparecido, y su mujer ha perdido la razón. Sólo queda Artemis Fowl II, que a sus 12 años es un genio criminal. Como fuerza bruta cuenta con la ayuda de Mayordomo, cuya familia, a su vez, ha estado siempre al servicio de los Fowl, como sirvientes y guardaespaldas.

El plan consiste en reunir los fondos necesarios para poder buscar a su padre y así recuperar también a su madre, y para ello nada mejor que robarles oro a los duendes. Después de todo, los Fowl son irlandeses, y como tales saben con certeza que al final de cada arcoiris hay una olla llena de oro.

Por supuesto, los duendes, hadas, goblins y demás criaturas mágicas no solo existen, sino que llevan siglos vigilando y evitando a los humanos, así que encontrarse con un humano que no sólo conoce su existencia sino que pretende robarles, es toda una sorpresa, y nada agradable.

La aventura es bastante sencilla, pero sirve para presentar a los personajes, tanto humanos como mágicos. Por un lado tenemos a Artemis y su madre, acompañados por Mayordomo y su hermana pequeña, y por el otro a la capitana Holly Canija y a su jefe Remo, además de varios secundarios que prometen mucho para las siguientes entregas de la serie. Mantillo Mandíbulas, el enano cleptómano que abre túneles devorando —y excretando— tierra a su paso, es mi favorito por el momento.

Me ha divertido mucho, y resulta una novedad muy favorable encontrar una historia para niños sin cursilerías. Aparte de alguna mención contra la contaminación y la explotación de los recursos naturales, tampoco hay ningún mensaje evidente ni da la impresión de que estén intentando convencer a los lectores de nada. Y el héroe es un ladrón que se enorgullece de ello.

“Missing sisters”, de Gregory Maguire

Los otros libros de Gregory Maguire que había leído hasta ahora y, hasta donde yo sé, la mayoría de los que ha publicado, son versiones diferentes de cuentos clásicos, como Mirror Mirror, o Lost. Normalmente son versiones en las que cambia el punto de vista y villano de la historia pasa a ser el protagonista. En Mirror Mirror es la madrastra de Blancanieves la que cuenta la historia, y en su novela más famosa, Wicked, la heroína es la Malvada Bruja del Oeste, espléndida en todo su verdor.

Esta historia es diferente, aunque conserva algo de ese aire de cuento para niños.

Alice tiene 12 años, está medio sorda y tiene dificultades para hablar. Además es huérfana y vive en un orfanato regentado por monjas, en los años 60. Las cosas no le van muy bien en la vida, y encima la monja con la que mejor se lleva resulta herida en un incendio. Cuando Alice descubre por casualidad que puede tener una hermana gemela, adoptada por una familia que la quiere y la trata bien, se desespera, porque parece que toda la suerte se la ha llevado su otra mitad.

La novela es cortita y fácil de leer, y tiene sus puntos de humor, sobre todo por parte de las monjas, que se toman las extravagancias de Alice con cierta ironía. Y la reacción de Miami, la gemela de Alice, al encontrarse a alguien con su cara en la puerta de su casa resulta de lo más divertida.

He leído que el autor pasó parte de su infancia en un orfanato católico. Si este libro es una muestra de sus recuerdos de aquello, resulta tranquilizador. Es un alivio encontrar una historia sobre huérfanos en la que no les dan palizas ni los matan de hambre ni hay pederastas acechando en cada esquina, y aunque la forma en que retrata a los católicos es un pelín almibarada tampoco es excesivamente cursi.

Estoy en modo de lectura ligera, antes de pasar a algo con más enjundia. Tengo unos 150 archivos en mi e-book, y no tengo ni idea de qué leer ahora, así que acepto sugerencias…

“La señora Frisby y las ratas de Nihm”, de Robert O’Brian

Hablando con un amigo de las películas de nuestra infancia, de las cuales tenemos en común un número asombroso, los dos nos descubrimos fans incondicionales de NIHM, el mundo secreto de la señora Brisby, una peli de animación de 1982 requetemonísima, pero a la vez con un punto siniestro y de miedo poco común en las películas infantiles, o al menos diferente de lo que nos tenía acostumbrados la Disney. Desde luego, el gato Dragón es mil veces más siniestro que el Lucifer de La Cenicienta.

Descubrimos también que yo no había leído el libro en el que se basa la peli, así que mi amigo rebuscó en su biblioteca y me lo trajo. Un espíritu afín.

Al leer el libro se ve que la película es muy fiel a la historia. La señora Frisby es una viuda con cuatro hijos y un gran problema: el pequeño está enfermo, y no estará recuperado cuando llegue el día de la mudanza. Y si no abandonan su casa de invierno para trasladarse a la de verano, el arado la destrozará. Porque la señora Frisby es una ratona de campo, y su casa está en el huerto.

Dragón vs. Lucifer

 

La señora Frisby acude a las ratas para pedir ayuda, y así descubre que su difunto marido había llegado allí con ellas, procedentes de un laboratorio donde los habían vuelto inteligentes mediante un experimento.

El libro me ha recordado un poco a La colina de Watership, aunque quizás sea más infantil. Pero es realmente lindo, tanto como la película. Quizás la peli sea un poco más oscura, y añade un elemento de magia que no está en la historia original, pero ambos merecen la pena, tenga uno la edad que tenga.

“Anne of Avonlea”, de Lucy Maud Montgomery

Anne Shirley vuelve a Avonlea tras un año estudiando para obtener el título de maestra. En la primera novela de la serie, Anne posponía sus planes de ir a la universidad debido a la muerte de Matthew, y se disponía a empezar a trabajar en la escuela de Avonlea. Y así comienza esta nueva historia.

Las aventuras y desventuras de Anne como maestra tienen su gracia. Debe de ser terrible encontrarse a cargo de una clase con solo 16 años y alumnos prácticamente de su misma edad, pero aún así sale adelante. Y en casa tiene un nuevo reto, ya que Marilla decide acoger a Davy y Dora, unos gemelos hijos de un primo suyo que se quedan huérfanos. Davy es un trasto de cuidado, así que las tiene siempre ocupadas.

Como en el libro anterior, no hay verdaderos sobresaltos en la historia, y el colmo del disgusto es que se equivoquen en el color de la pintura de un granero. Anne es un poco más madura, aunque sigue teniendo sus traspiés, como cuando vende por error la vaca de su vecino (uno de los episodios más graciosos de la serie).

La novela termina con Anne entrando en la edad adulta y a punto de irse a la universidad, con Gilbert Blythe pisándole los talones. Por dios, con lo monísimo que era en la serie, ¡cómo podía tratarlo tan mal! Lo que sufrí yo por ese pobre chico…

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“Anne of Green Gables”, de Lucy Maud Montgomery

Me convertí en una fan de esta escritora gracias a la serie canadiense que emitió TVE hace un montón de años. Yo estaba en 2º de BUP, tenía 15 años, y grababa todos los episodios porque sólo podía ver la primera mitad, a la hora de comer, antes de volver al Instituto. Excepto el día que emitieron el último episodio, que me quedé a verlo y llegué tarde, junto con la mitad de mi clase (la mitad femenina), que habían hecho exactamente lo mismo que yo. Volví a ver aquellas cintas montones de veces, y no digamos ya la escena final, dándole a fast-rewind una y otra vez, como una tonta. Mi hermana y yo nos sabemos los diálogos de memoria, y los usamos con frecuendia: “es un espíritu afín”, “¿podrías llamarme Cordelia?” o “¡estoy hundida en la desesperación!” tienen cabida en cualquier conversación entre nosotras.

Anne de Green Gables sólo cubre los primeros años de la vida de Anne, a partir de su llegada a Green Gables, el hogar de los hermanos Cuthbert, y hasta el fin de sus estudios en el Queen’s College y de su larga enemistad con Gilbert Blight. Después hay como 7 libros más, hasta llegar a una Anne adulta y con sus propios hijos.

En realidad es una historia muy ingenua, en la que nadie es malvado o mezquino, y como mucho puede haber algún personaje que no es simpático. Pero al mismo tiempo deja entrever situacines terribles, como el pasado de Anne, pasando de una casa donde la maltrataban y la mataban a trabajar a otra peor. ¿Cómo debían de ser de horribles, para que el orfanato le pareciera peor? Y luego está el que una familia puediera elegir un niño huérfano para llevárselo y tratarlo como a un esclavo, si les apetecía…

Pero Anne ha dejado esa vida atrás, es una niña alegre a pesar de la dureza de su infancia, los hermanos Cuthbert la tratan como a una hija y la vida en Green Gables es como un cuento en el que las mayores desdichas las ocasiona un ingrediente incorrecto en un pastel.

Toda la serie de libros de Anne Shirley es una preciosidad. Una historia encantadora y a ratos verdaderamente divertida.

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