“La hija de Robert Poste”, de Stella Gibbons

cover Me decidí a leer este libro porque en la contraportada decían que está considerada la novela cómica más perfecta de la literatura inglesa del siglo XX. Y sí que es cómica, aunque no de reírse a carcajadas, sino más bien irónica y satírica y todas esas cosas tan sutiles que hacen tan bien los ingleses.

La novela se publicó en 1933, pero está ambientada unos 20 años en el futuro, por lo que hace referencia a personas y hechos inexistentes. Por ejemplo, da la impresión de que se han popularizado los viajes en avión, pero no son vuelos comerciales como los que conocemos hoy en día, sino que se viaja en aeroplanos de dos plazas, una para el piloto y otra para el pasajero. Y los teléfonos también transmiten imágenes, como una videoconferencia. ¿Había televisión en 1933, aunque sólo fuera como idea? Estoy casi segura de que no.

Flora Poste acaba de quedarse huérfana y sin recursos, así que decide pedir a todos sus parientes que la acojan, para luego decidir con cuáles quedarse. Todos contestan que estarían encantados de que se fuera a vivir con ellos (esta no es una Fanny Price, está claro), y Flora elige a los Starkadder, literalmente los Malas Víboras, de Cold Confort Farm.

Todos los habitantes de la granja y sus alrededores parecen personajes sacados de Cumbres Borrascosas con un toque de D.H. Lawrence, llenos de violentas pasiones, de arrebatos y largas rencillas entre ellos, mientras que Flora se comporta como una Emma que va a civilizarlos y a resolver todos sus problemas sin apenas esfuerzo. La mejor, la tía Ada Doom, que sin salir apenas de su habitación maneja con mano de hierro a toda la familia, a los que no permite ni siquiera alejarse un poco de la granja. Su método de control es muy simple: en cuanto alguien le lleva  la contraria se pone a gritar que cuando era pequeña vio algo sucio en la leñera. Un pequeño ejemplo:

—Vi algo sucio en la leñera.

Flora se volvió hacia Judith levantando las cejas con un gesto inquisitivo. Se elevó un murmullo entre los asistentes, que estaban observándolo todo con mucha atención.

—Va a ser que ésta es una de sus noches malas… —dijo Judith, cuya mirada empezó a vagar lastimosamente por la cocina en busca de Seth (que estaba engullendo un filete en una esquina)—. Madre —dijo, en un tono un poco más elevado—, ¿no me conoces? Soy Judith. Te he traído a Flora Poste para que la veas… Es la hija de Robert Poste.

—¡No, no…! Yo vi algo sucio en la leñera —exclamó la tía Ada Doom, moviendo frenéticamente la cabeza de un lado a otro—. Era un caluroso mediodía… de hace sesenta y nueve años. Y yo no era más grande que un pajarillo. Y vi una cosa muy su…

—Bueno, a lo mejor es que es así cómo le apetece saludarme —dijo Flora en un tono perfectamente calmado. Había estado observando la firme mandíbula de la tía Ada, y sus ojos limpios, su pequeña boca apretada, y aquellas férreas zarpas que tenía clavadas en el Boletín Semanal de Productores de Leche y Guía de Ganaderos de Vacuno, y llegó a la conclusión de que si la tía Ada estaba loca, entonces ella, Flora, era uno de los hermanos Marx.

He buscado por ahí, y hay una adaptación al cine bastante reciente, a ver si la veo y luego la comento.

“La casa de los espíritus”, de Isabel Allende

coverIria y yo hemos formado nuestro propio y exclusivo club de lectura, y tras un intento fallido con Orgullo y Prejuicio y zombis, que era evidente que estaba condenado al fracaso, hemos empezado por esta novela del género del realismo mágico.

Las cuatro generaciones de mujeres de esta novela son las que llevan el peso de la historia. Todas ellas con nombres relacionados con el blanco, parecen personificar la pureza frente a los personajes masculinos, los violadores, los torturadores, los tiranos. la mayoría miembros de su propia familia.

Dicen que esta novela es una mala copia de Cien años de soledad, lo cual es un poco injusto, ya que a ver quien es capaz de superar o incluso igualar a García Márquez. Pero sí que hay similitudes. Para empezar tenemos a Rosa la Bella, donde en Cien años… teníamos a Remedios la Bella. Se trata también de una saga familiar, a lo largo de varias generaciones. Pero mientras en la novela de García Marquez la historia se centraba en la familia, en ésta se interesa más por los acontecimientos que los rodean y en la evolución política del país. También se da la repetición en los nombres, aunque sin llegar a los niveles de confusión de los Buendía. Otro recurso que recuerda a Cien años de soledad es el describir a un nuevo personaje con lo que hará en el futuro, mezclándolo así con el pasado y haciendo que todo parezca ya predestinado.

En ningún momento en La casa de los espíritus se menciona Chile. Hay un Candidato, que luego llega a ser Presidente, pero no se menciona a Salvador Allende, hay también un Poeta, aunque no se llega a nombrar a Neruda. Y el que no aparece ni de refilón es Pinochet. Me pregunto por qué. Todo el mundo sabe que Isabel Allende es sobrina de Salvador Allende, así que la cosa es bastante evidente… ¿Por qué no decirlo abiertamente? ¿Por qué no decir que Pinochet dio un golpe de estado y asesinó al presidente elegido legalmente? Es una historia muy dura, pero lo es más porque es cierta, porque todas esas cosas atroces ocurrieron de verdad.

Aunque no está a la altura de la obra de García Márquez, me ha gustado mucho. Tengo que admitir nunca me ha caído bien la autora, no por nada que haya hecho ella, sino por manías mías, y sólo por las pocas veces que la he visto en entrevistas. Por eso no había leído aún este libro, aunque ahora me alegro de haberlo hecho.

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